He terminado de mala leche. ¿Dónde está la historia que contaban en el cine? Porque sí, ¡yo he visto la película! ¿En qué se parece la peli al libro? En que en los dos productos salen robots.
El libro está muy bien, es interesante y divertido. Son como cuentos que se van sucediendo, unidos por un fino hilo argumental. La robopsicóloga doctora Calvin se jubila, después de pasar toda la vida en el mundo de la robótica, y ante los requerimientos de un periodista cuenta algunas de las historias, la mayoría trascendentales, que han sucedido en ese mundo, desde el advenimiento de los robots, entonces incapaces de hablar, hasta la llegada de las omnipotentes Máquinas, lo más parecido a dioses que ha hecho el hombre. (Que el hombre se atreva a crear a dioses que rijan su destino, siempre por y para el bien del ser humano, aunque sea por casualidad, no está mal como planteamiento). En todo momento las tres leyes de la robótica enunciadas por Asimov están presentes, incluso generando conflictos.
1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes están en oposición con la primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta
protección no esté en conflicto con la primera o segunda Leyes.
Algunas de los problemas se solucionan de una manera muy ingeniosa. Ingenio es mi palabra clave, en este caso. Ingenio hace falta para que el hombre cree esos aparatos, y muy ingeniosas son las cuestiones que propone Asimov, así como los desenlaces. El que las leyes guíen siempre la construcción de los robots, garantiza la supremacía y la seguridad humana, aunque no he dejado de preguntarme, en el caso de que todo esto se hiciera realidad, si algún gilipollas no terminaría metiendo la pata diluyendo las leyes. Algo parecido pasa en el inquietante sexto capítulo: “El robot perdido”, donde el trabajo de los robots junto a los humanos se hace muy difícil debido a la primera ley, así que deciden modificarla y convertirla en:
“Ningún robot debe dañar a un ser humano". Y pasa lo que pasa, por jugar con fuego.
En el que es para mi gusto el más divertido de los relatos, el tercero: “Razón”. En Estación Solar 5, Donovan y Powell se enfrentan a la experimentación con un nuevo modelo de robot, Qt-1, llamado Cutie y dotado de razón. El robot comienza a pensar sobre su existencia. Las respuestas que le dan los humanos no le valen y llega a la conclusión que es imposible que ellos menos capaces y resistentes le hayan creado. Razonando, razonando, descubre que la fuente de energía de la que emana todo es la Estación y por lo tanto ese debe ser el Dios creador. Convence a los demás robots no razonadores, mientras él se convierte en su profeta, confinando prácticamente a los humanos, e impidiéndoles que se acerquen a los mandos de la Estación. En vano Donovan y Powell intentan demostrar a Cutie que los robots son una creación humana.
--No es ésta mi intención. -Donovan saltó hacia delante y agarró el brazo del robot-. Si fueses capaz de leer los libros de la biblioteca, te lo explicarían de modo que no te que daría la menor duda.
--¡Los libros... los he leído!
¡Todos! Son muy ingeniosos.
Powell intervino súbitamente.
--Si los has leído, ¿qué más hay que decir? No puedes negar su
evidencia. ¡No puedes!
--Por favor, Powell -dijo Cutie con la compasión en la voz-, no puedo considerarlos como una fuente válida de información. También ellos fueron creados por el Señor... y lo fueron para ti, no para mí.
--¿Cómo has descubierto esto? -preguntó Powell.
--Porque yo, como ser dotado de razón, soy capaz de deducir la Verdad de las Causas "a priori". Tú, ser inteligente, pero sin razón, necesitas que se te dé una explicación de la existencia, y esto es lo que hizo el Señor. Que te procurase estas visibles ideas de mundos lejanos y pueblos, es, sin duda, excelente. Vuestras mentes son demasiado vulgares para comprender la Verdad absoluta. Sin embargo, puesto que es la voluntad del Señor que deis crédito a vuestros libros, no quiero discutir más con vosotros.
Al marcharse, se volvió y en tono más amable, dijo: --Pero no temáis nada. En el plan de las cosas del Señor hay sitio para todo. Vosotros, los pobres humanos, tenéis vuestro lugar, y, si bien es humilde, seréis recompensados si lo ocupáis dignamente.
Se marchó con el aire de beatitud propio del Profeta del Señor y los dos seres humanos permanecieron solos, evitando mirarse.
Saludos


