por pablom » Mié Feb 23, 2011 12:21 am
Es realmente magistral la manera en que Hamsun nos muestra en qué consiste el amor. Simplemente una deliciosa e insoportable (a la vez) sucesión de ensoñaciones, indecisiones, especulaciones, temores, etc. etc.
Y en este juego, claro está, entran los dos, cada uno con sus motivos.
Ahora bien, un poco en broma, un poco en serio, la “lógica ilógica femenina” que maneja Victoria con tan sólo diez añitos es admirable, y estoy seguro que eso no se compra en ningún lado…
Y lo que es peor… ¿Cómo no enamorarse de alguien capaz de esas manipulaciones?
Para ser un poco más justo con Victoria (y por extensión, con el género femenino), tengo que aceptar que las veces que Victoria le manifestó a Juan algo concreto o le dio el pie para que él se lo diga, Juan hizo todo lo posible por arruinar la escena.
Los motivos...
Sin duda, ambos son conscientes de que sus diferencias de clase conforman una barrera... ¿pero completamente infranqueable?
Parece que hubiese algo más, o por lo menos que el tema es un poco más complejo...
De parte de Victoria, no descartemos un poco del clásico “gato jugando con un ratón” (ver aquí el excelente ejemplo que nos deja Dean; francamente yo también lo sentí como un dolor propio a ese terrible puñetazo y creo que ese es un mérito extraordinario del autor).
Con respecto a Juan... No logro entenderlo. Por momentos (y gracias al comentario de Dean acerca de su lucidez) parece que sabe que semejante mezcla de clases es imposible por definición y que por lo tanto no tiene sentido pretender que la ilusión deje de ser simplemente eso, una ilusión, para convertirse en una realidad, por cuidadas que sean sus ensoñaciones.
Pero otras veces parece que, dado el “nivel de romanticismo que maneja”, le resultara suficiente con este amor incompleto tan lleno de poesía como falto de determinación...
Otro tema que aparece en este primer par de capítulos es el de la adolescencia y el daño que un desaire o desconsideración por parte de sus pares puede hacer en una de esas cabecitas:
Me refiero a cuando Juan imagina la reivindicación ante los demás niños/jóvenes, después de alguno de esos desplantes de la isla: salva el barco encallado y Victoria acaba por pedirle que la haga su esclava.
Por eso no debería sorprendernos tanto cuando en la TV aparece un chico que acribilla a balazos a sus compañeros de escuela (y no sólo en USA).
Finalmente quiero detenerme en algo muy interesante y que no había reparado en absoluto. Me refiero a la característica de Juan que marca Descalza:
“…se ha adueñado del bosque no por la fuerza sino por el amor que le profesa conociéndolo como a la palma de su mano.”
Luego, releyendo, me encuentro con partes como ésta:
“—¿Cómo se le ha ocurrido ir a buscarla tan lejos? — le preguntaron.
—Conozco el fondo y sabía que hay una corriente.”
(Pensemos que además se privó de cualquier comentario acerca de corrientes traicioneras y otras pavadas de ese tipo, “limitándose” a salvar a la niña y listo).
Y, como buen anarquista de salón que soy, la reflexión final es casi inevitable:
El castellano tampoco lo ha hecho por la fuerza pero sí gracias al concepto de herencia, que es tan sólo una forma indirecta de apropiarse de lo que es de todos.
Saludos, pm.-
Mis lecturas:
- Ninguna... (Sólo aumentando la plusvalía de quién no lo merece)