Lo primero un fuerte saludo a Pablo (me ha puesto muy contento verte por aquí), y disculparme con todos por no haber aparecido desde hace unos días, yo no tengo ninguna excusa válida.
Luego, Descalza, durante la lectura pensaba parecido a ti, que no sería un libro para releer, siempre dije que era para una sentada entretenida, sin embargo al final he cambiado de opinión. He terminado por darle muchas vueltas.
El libro es un tratado sobre la imposibilidad de hacer un tratado sobre el amor, aunque al menos proporciona algunas claves. A mí me ha dado por indagar en experiencias propias y ajenas, incluso en mitos de la historia y el arte. En resumidas cuentas me parece un libro profundamente reflexivo, sobre un tema, que figura entre los más importantes para el ser humano, aunque curiosamente en literatura parece que lo arrinconemos como un tema menor, algo para espíritus irremediablemente lánguidos y románticos. Para nada. El amor ronda nuestras vidas y nuestros pensamientos y los mueve y los guía y los zarandea, aunque solo sea para explicar porqué carecemos de él.
Con respecto a Juan, no voy a contribuir a apalearle, aunque tampoco me atrevo a disentir con Descalza. Es muy posible que le faltara arrojo, sí, y más cosas, pero pienso que uno no es culpable de amar menos que el otro o con distinto tono e intensidad. El amor no es una competición, y convengamos además, que es una magnitud imposible de medir. A nuestro poeta le falto coraje para asaltar las murallas y rendir el castillo (el premio se movía demasiado como para dar en la diana). Su abordaje fue tímido, y como el de tantos y tantos poetas, con una pluma entre los dientes como único arma. A mi modo de ver, Juan intentó racionalizar el amor y fue incapaz de desentrañar el enigma llamado Victoria. Suele pasar.
Una vez herido por el poder abstracto del amor, este poder y la indescifrable actitud de Victoria le confunden hasta el punto de que su lucha se limita a intentar comprender, para eso escribe y fabula, para intentar comprender (a otros les da por morder esquinas), en este punto me siento muy identificado, salvando las distancias, con él. Esa es una reflexión que no soy capaz de resolver. ¿No se puede comprender el amor? ¿Hay que tratarlo solo como una emoción irracional, que llega y se va, como el viento y la lluvia, dejándote helado, empapado o envuelto en sudor? Me he ido hasta Dante y Beatriz, hasta ese poderoso viatico que es el amor, dando y dando vueltas al funcionamiento del extraño motor, que mueve voluntades y montañas, que impregna la naturaleza, la filosofía y la religión, que forma y deforma vidas, que traslada al ser humano hasta el masoquismo o el sadismo más exacerbado, que le empuja hasta la iniquidad o hasta la generosidad más extrema, que le completa o le hace desear la muerte. Y uno quiere saber, al menos, por qué está muriendo, qué mal es ese que te convierte en una rama seca, incapaz de aullar ante los golpes certeros del hacha. Algo de eso, me temo, le ocurre a Juan.
Y si me he dado cuenta de algo, es de mi absoluta ignorancia sobre este tema, de ahí que haya sentido la necesidad de aporrear el teclado para llegar a ningún sitio. A seguir bien chicos. Yo también estoy listo para la próxima parada.
Saludos