El relato cambia y se ilumina constantemente a la vista de vuestros comentarios. El de Descalza me ha iluminado. Y es reconfortante encontrar distintos puntos de vista. Por ejemplo Marcia aboga por la literalidad, que lo convierte en un cuento casi de terror. La verdad es que el mundo del espectáculo está lleno de muestras así. Desde los enanos y las víctimas del síndrome de Ambras, (que el poder gustaba de tener en su entorno) hasta el hombre elefante y la parada de los monstruos de Barnum, (que traspasaron los círculos de poder para llegar al gran público). Cuando se ponen en cuestión los espectáculos de los enanos, que participan en charlotadas por las plazas de toros, de las numerosas ferias de los pueblos de España; estos se rebelan, pues es su medio de vida. Pero para mí Kafka es muy simbólico, y lo bueno que tiene, es que no hay solo un foco de luz sobre su obra. Esta no es nítidamente clara y todos sacamos nuestras conclusiones. Hay, por lo tanto, mucha libertad de acción. Lo importante es que no es para nada insulso. Impacta. Puede incluso, que te identifiques con sus personajes, por muy excéntricos o extraños que puedan parecer. El caso es que no te deja indiferente.
La interpretación de Descalza me ha parecido brillante. Su visión del pan y circo es además muy actual. Ese es otro punto a favor de Kafka. Es intemporal. Borges dejó escrito, que Kafka estaba menos cerca de lo que se llama literatura moderna que del libro de Job (El comentario de Pablo me mantiene más tozudamente sobre la pista). Yo comparto una sensación parecida, sin conocer apenas el libro de Job. Como Job, él aún puede sufrir más. Y no hay explicaciones para el castigo. Es una maldición tan incomprensible como imposible de evitar. (Como la del hombre del subsuelo de Dosto). Todo puede ser producto de un capricho, de una cruel broma de la que es imposible evadirse o quizá sea un plan urdido sabiamente, pero difícil de entender. Job confiaba. El ayunador ante el incomprensible infinito, decide ayunar también hasta el infinito.
De todas maneras y pensando en la pregunta que hace Lucas, pienso que él, al final, no encuentra ningún merito en ser como es. Ha sido incapaz, siguiendo el argumento de Descalza, de ser capaz de comulgar con ruedas de molino, (versión que me encanta y que me hace encontrar un Kafka más luminoso). O simplemente se resigno ante alguna fuerza oculta, superior e incomprensible, y no pudo o no supo cambiarlo. Sin embargo su tarea es titánica y demasiado soberbia. Quizá eso lo comprende al final. Pues en su caso no tenia merito ayunar hasta el extremo. El busco comida que tragar y no encontró. En su humilde mano no era posible hacer más. No podía evitar que le asquease lo que había, pero peco de vanidad y quiso presumir de ello. Por eso pide disculpas. Yo creo que viviendo un sufrimiento tan atroz, cercano al martirio, es fácil sentirse extasiado y reclamar un poco de comprensión, de atención y por qué no de admiración. Querer que ese hecho brille en vez de que te aplaste. Porque alcanzar esos límites de sufrimiento no está a la altura de cualquiera, lo normal, lo lógico es ceder. Permitir que te forjen. Puede ser que Job venciera a Dios por aburrimiento.
Excelente la cita de Milena. Y no sabía eso de que Kafka había decidido salvar a este cuento de las llamas.
Saludos


