[/align]Durante demasiado tiempo todo lo que se sabía de la ciudad de Troya se basaba única y exclusivamente en la obra de Homero, es decir, La ilíada y La Odisea. No fue hasta que el obsesionado Heinrich Schliemann le diera el paso de mítica a histórica, demostrando su existencia física.
La lectura simple de la obra de Homero solo da la idea de una ciudad que, aunque poderosa, no deja entrever su contexto histórico. Sin embargo, Troya era la capital de un imperio comercial y naval que controló preimero y dominó después la ruta comercial entre el Mediterráneo y el mar Negro entre los años 1700 y 1250 a.de C. y cuatrocientos años no es poco.
Esto significa que Troya tuvo una gran importancia en la historia del segundo milenio de la Era Precristiana.
Si bien está claro que los aqueos, que ya habían destruído la floreciente cultura micénica, decidieron extender su dominio al mar Negro, hay un vacío en cuanto a las razones por las que Troya, aunque en decadencia, no pudo defenderse, como potencia naval que era, de la invasión aquea.
Se sabe que en la batalla de Qadesh, año 1274 a. de C., entre los egipcios y los hititas, estos últimos utilizaron mercenarios dárdanos, es decir troyanos, con lo que queda demostrado que Troya contaba con abundantes medios militares. Pero, y he aquí una pregunta clave ¿dónde estaba la flota troyana?. Sabemos que el mundo de ese tiempo estaba convulsionado (¿cuándo no lo ha estado?), mientras la indecisa batalla de Qadesh habia llevado a un Status quo la situación entre egipcios e hititas, Babilonia libraba una lucha de vida o muerte contra sus enemigos Asirios. Los señores de la guerra asirios lograron atacar Anatolia, territorio Hitita, provocando que estos últimos buscaran una salida hacia Chipre. ¿Es ahí entonces donde estaba empeñada la flota troyana?. Esta es una de las hipótesis que plantea Gisbert Haefs en su novela Troya, una desgastadora guerra en dos frentes que finalmente llevó a la destrucción a la mítica ciudad.
En dieciocho capítulos Haefs desarrola la historia desde diversos puntos de vista: Corinnos, un sobreviviente de Troya exiliado ahora en Creta, Ulises en los años de su vejez, Zaqarbal el sidonio, Djoser, mercader egipcio, Tahunza, mercader hitita y Awil-Ninurta, un asirio, son algunos de los personajes que, como piezas de un mosaico, forman en conjunto una imagen de lo que significó la caída de Troya para el mundo de ese entonces, en beneficio de Solón el ateniense, eje central de la novela.
Muchos critican el libro calificándolo de entretenido pero poco profundo, argumentan que no entrega nuevos antecedentes históricos acerca del mundo de entonces, pero yo creo que es solo una novela y como tal debiera tomarse, un poco larga tal vez, pero no aburre y, lo que yo creo es más interesante, es una visión distinta, no es una novela acerca de Troya, la historia se desarrolla más bien alrededor de Troya.
Creo que bien merece una lectura.


