Otro punto importante es la capacidad de pensar, de razonar, y es ahí hacia donde la ciencia ficción dirige sus pasos, porque ¿para qué daría argumento, por ejemplo, un robot soldador, cuya única misión es realizar un millón de soldaduras al día?.
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Isaac Asimov dió un paso importante en el mundo de la ciencia ficción cuando racionalizó a los robots. Logró crear un mundo en el que los robots son capaces de pensar, y al pensar, y con eso hacerse semejantes al hombre, necesitó protegerlos de caer en los mismos pecados que sus humanos creadores. Es así como estableció las ahora famosas (en la ciencia ficción) Leyes de la Robótica.
Asimov fue un autor muy prolífico, no solo escribió ciencia ficción, sino también, como apunta Dean, obras de divulgación científica y de historia, las que permiten acercarse a esos temas, para muchos algo áridos, de una manera muy amena.
En cuanto a los robots, tiene algunas novelas muy buenas, como son la serie formada por Cavernas de Acero, El sol desnudo, Los robots del amanecer y Robots e Imperio. También tiene un buen número de cuentos acerca de robots, agrupados en torno a, por ejemplo Yo, robot y El hombre bicentenario (ambas historias llevadas al cine con muy decepcionantes resultados.
Interesante es hacer notar que en determinado momento la ciencia logró fabricar un cerebro artificial y un cuerpo que imita a la perfección la anatomía humana, lo que hace que algunos robots sean indestinguibles de un humano a simple vista. Pero en un mundo que ha logrado superar el racismo entre los humanos, siga persistiendo la aversión hacia lo distinto y los robots sean obligados a agregar una inicial R. (de Robot) a su nombre. Así, uno de los personajes de las novelas de Asimov es R. Daneel Olivaw. Según plantea el autor, la ciencia avanza, pero el hombre permanece.


