por Jenofonte » Mar Abr 20, 2010 8:35 pm
[align=center]Historia de la lectura en Chile[/align]
El poder de la palabra escrita
La palabra escrita, huella fija y duradera, adquiere significado a través de la lectura, práctica inserta en el plano de lo efímero, de la invención y de lo plural, que implica un encuentro entre el mundo del texto y el lector, quien, condicionado por sus variantes sociales, espaciales y temporales, lo recibe y apropia.
A Chile la práctica de la lectura llegó con los españoles. En efecto, el secretario de Pedro de Valdivia, Juan Cárdenas trajo consigo el primer libro que vieron estas tierras: De Regimini Principium de Tomás de Aquino.
Más tarde, entre los siglos XVI y XVIII existió una valoración negativa de la cultura ilustrada, impulsada tanto por la Corona Española como por la Iglesia Católica. Sólo una pequeña minoría, principalmente masculina, sabía leer y, a la luz de las velas, estudiaba textos escolásticos y religiosos en sus bibliotecas privadas.
Ni siquiera la llegada de la Imprenta en 1811 significó grandes cambios en la percepción social de los libros. La censura sobre obras consideradas “inmorales” era una práctica social generalizada y el hábito de la lectura continuó siendo un acto intensivo, privado y silencioso de sólo algunos letrados.
Sin embargo, a partir de la década de 1840 en adelante, un grupo de intelectuales entre los que se destacaban José Victorino Lastarria, Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento, impulsaron la formación de una sociedad lectora.
Una de las formas más extendidas durante este período entre las personas ilustradas fue la lectura en los salones. Los escasos textos que circulaban se leían en voz alta ante un auditorio mixto, práctica que aseguraba el máximo aprovechamiento de los ejemplares y favorecía una apropiación colectiva de sus contenidos.
Mientras se consideraba que los hombres leían obras de estudio y textos clásicos, las miradas de las instituciones católicas y conservadoras estaban puestas en la “perniciosa” tendencia femenina a leer novelas románticas.
Hacia fines del siglo XIX la lectura comenzó a ser percibida como un hábito que permitía el ascenso social. A esto se le sumó la formación de un incipiente circuito de cultura popular y tradición oral vertida a la escritura a través de la Lira Popular. Por otra parte, las editoriales nacionales comenzaron a granjearse éxitos de ventas como Juana Lucero (1902) o Casa Grande (1908), que durante sus tres primeras semanas vendió 60.000 ejemplares.
Con la llegada de la luz eléctrica el panorama para los lectores se hizo cada vez más propicio. El Estado comenzó a promover la lectura y el libro se convirtió en el gran protagonista de las transformaciones sociales que comenzaron a gestarse desde 1920 en adelante. El hábito de la lectura como actividad de esparcimiento se extendió, a lo que se sumó la inmensa diversificación de la oferta del mercado editorial. Los libros se tomaron parques, cafés, playas y campos. Asimismo, se consolidó la lectura nocturna en el dormitorio, único momento de tranquilidad que tenían miles de trabajadores.
Durante la segunda mitad del siglo XX, las protagonistas indiscutidas de la cultura impresa fueron las revistas e historietas. Ellas impulsaron el desarrollo de una lectura más rápida, superficial y fuertemente asociada a las imágenes.
En 1970 el Estado, en un intento de democratizar el acceso a los libros para todos los grupos sociales, fundó la editorial Quimantú. Sin embargo, este impulso no tuvo continuidad en el nuevo proyecto político. Además, la consolidación de una sociedad de masas profundamente influenciada por la industria televisiva, modificó el consumo de libros y los hábitos de lectura, generándose lo que muchos han denominado la "crisis de la lectura".
Con todo, nuevas formas de leer se nos presentan en la alborada del siglo XXI. La irrupción de Internet ha implicado un cambio radical en el consumo cultural y en la recepción de la palabra escrita, abierta a nuevas formas personalizadas y prácticamente infinitas de lectura para el usuario.
De: Memoria chilena - Portal de la cultura de Chile[hr][/hr]
(Los párrafos en negrilla han sido destacados por mi, no lo están en el original)
Leyendo:
The marquis of Carabas - Rafael Sabatini
Sin querer queriendo, Memorias - Roberto Gómez Bolaños