por Descalza » Jue Ene 19, 2012 3:46 am
Llego ya para los postres, pero llego.
La verdad es que vuestros comentarios son incomparables:
Me permito citar algunas partes que expresan al dedillo lo que interpreto, por ejemplo esto que decís Pablo: “.- El narrador de la historia (llamémosle el sujeto R*) nos quiere convencer de que el asesinato del jorobado es el resultado de un proceso lógico. Que tanta insolencia, crueldad, absurdo, en manos de este extraño ser no puede terminar de otra forma.”
Por eso la complicidad que trata de establecer con el lector de los sucesos, acerca de lo incomprensible que resulta que la gente se aparte de él, lo encarcele y desprecie por un acto tan “lleno de sentido común” que a la vista está. Sería algo así como decir “Yo hago las cosas bien y miren cómo me pagan” Una lógica bastante ilógica y aquí encuentro, en partes del comentario de Fugaz, las razones de la misma, cuando se refiere al carácter inseguro de este personaje que a simple vista parece de lo más distinguido y normalito, una inseguridad que lo vuelve totalmente paranoico.
Dean dice: “La lectura de la bajeza humana que confiesa hacer el narrador le convierte en visionador de deformidades.” El tema es que nadie parece entender cuán visionario es y según su opinión el mundo está al revés, la sociedad castiga su acto de generosidad, que consiste nada más y nada menos en evitarle la incomodidad de tener que presenciar la deformidad perversa del jorobado que además resulta un ser cruel.
Arlt introduce en este relato algo muy surrealista, la normalidad vista desde la mirada de la anomalía. Normalmente hay ciertos puntos en lo que la mayoría de las personas coincidimos, ya sea porque compartimos rasgos culturales, sociales, religiosos, humanos, ello genera que ante un hecho que rompe con esa normalidad compartida veamos al que irrumpe, como un loco, psicótico, psicópata, raro en el más sutil de los casos. Arlt nos da vuelta la historia y nos incomoda bastante dando el punto de vista del que está en ese extraño lugar casi paranormal y que se asombra de la incapacidad del conjunto de ver lo “lógico” del asunto.
Los periodistas no han entendido, los detractores utilizan su jovialidad para contar los hechos como prueba de su perversión, en vez de notar precisamente ¡su jovialidad!
Absurdo total… A mí no se me vino a la cabeza ni una película, ni un cuento, se me representó la imagen del dentista que mató a su suegra, su mujer y sus hijas porque lo martirizaban psicológicamente según él, llegando a decir ante las cámaras de TV con una “frescura” muy parecida a la jovialidad de R, que el maltrato de su esposa comenzó cuando nació “La chica” (su hija) y ella empezó a desatenderlo porque la niña la reclamaba para que le diere el pecho y esas maldades semejantes. Absurdo! En este caso real y muy triste el hombre se proclama como un sufrido tal cual lo hace R, un sufrido e incomprendido
Noten que durante todo el relato R habla de las desgracias que “le vienen”, de la intimidad a la que “lo atrajeron”, a los sepulcros encalados que “le agriaron” el carácter. Es decir que nada es provocado por él, que todo se resume en una constante injusticia producto de la maldad o la incomprensión de la gente. Él es un sufrido, de naturaleza bondadosa y jovial, víctima de los sucesos, y sus errores son producto de la ingenuidad que ostenta. Su intención es relatarlo todo para deslindar responsabilidades.
La lectura que efectúa de la suegra es una perla. Cómo logra transferirle un carácter maléfico, cómo la describe y cree leer sus artilugios, cómo incluso ante su trato bondadoso, él advierte una estratagema planeada para manipularlo y dejarlo en evidencia. La paranoia es evidente. Y tal efecto tiene la “presión” de la sra. que provoca que oculte su alto complejo de inferioridad, sus incapacidades, haciéndola culpable del nacimiento de un odio visceral que supera al amor y a la pasión que le despertara la joven. La paranoia se debe a su propia incapacidad para llevar adelante ese noviazgo, por lo cual según su estilo, encuentra en la culpabilidad de los ajenos una excusa perfecta para justificarse. Coincide más o menos con lo que vos decís Pablo:
“Finalmente, lo que me gustaría remarcar es que, aparentemente, es esa supuesta capacidad de R. (la de ver lo malo-oculto de los demás) la que lo convierte en un ser despreciable.”
Por lo que cree ver es que necesita huir de la telaraña que él imagina, están tendiendo a su alrededor, ya no sólo la madre sino también la hija. Ya no duda de su amor, está ahora convencido de que ella es cómplice de la esclavitud a la que lo quieren someter.
Queda claro en este párrafo:
“Y mientras la "deliciosa criatura" con la cabeza tiesa junto a mi hombro soñaba con un futuro sonrosado, yo, con los ojos perdidos en la triangular verdura de un ciprés cercano, pensaba con qué hoja cortante desgarrar la tela de la red, cuyas células a medida que crecía se hacían más pequeñas y densas. Sin embargo, no encontraba un filo lo suficientemente agudo para desgarrar definitivamente la malla, hasta que conocí al corcovado.”
La “idea”, no es más que un intento de huída de algo que lo supera desde el principio y el jorobado es la pieza perfecta del tablero. El autor nos vuelve a confundir, al conferirle al jorobado un grado de crueldad (con lo del cerdo) y ese nivel de insolencia irritante, para llevarnos a los lectores, a ponernos por un instante a favor de R. Creo que al final del relato nos hace a sentir ganas de estrangular al jorobado. No es la joroba, como bien dicen, lo que ha justificado el asesinato, sino lo irritante y odioso de su carácter. Si Rigoberto hubiese gozado de cierto grado de normalidad al actuar y al pensar, su asesinato sería una atrocidad de una mente enferma. Pero Arlt, magistralmente, nos coloca ante dos mentes absurdas que nos hacen sentir que la muerte y la cárcel son justas condenas para estos victimarios.
Saludos
Descalza