Fugaz, yo no estoy muy seguro de que la segunda imagen sea un cuadro, más bien me parece una fotografía, aunque no lo sé, porque tiene varios cuadros de la Gran Vía. La primera imagen es del momento al que yo hacía mención, en la Puerta del Sol. No recuerdo cuanto tiempo pintaba al día, muy poquito, muy poquito y rodeado de admiradores y curiosos, como se puede ver.
Quien no haya visto la peli: “El sol del membrillo” puede, solo puede, que me agradezca la recomendación. Es del director más talentoso y enigmático de nuestras fronteras: Víctor Erice, que con solo dos pelis, dejó un huella imborrable en el cine español: “El espíritu de la colmena” y “El sur”. Dos peliculones, sin más. Tengo más fresca “El Sur”, ahí descubrió a Icíar Bollaín cuando era aún adolescente, y la obsesión por la luz se entiende, es exacta, la suya, la que debe ser, no se puede imaginar otra. La historia parte de un cuento de Adelaida García Morales, esposa de Erice, y la historia no está completa por falta de financiación, tanto preciosismo desbordo las modestas previsiones que se habían hecho. Y como no pudo hacerse entera en una peli, se proyectó una segunda parte que nunca se hizo. “Mardito dinero…” “El sur” es una película incompleta, inacabada y sin embargo magistral. La tercera y última es “El sol del membrillo”, que no tiene argumento ni trama, ni nudo ni desenlace ni na’ de na’. Es solo Antonio López en el proceso de pintar un membrillo, que previamente había cultivado en su jardín.
"Hay una lentísima fuga de la luz que va resbalando por las hojas del membrillero, y al pie del árbol, como un cazador, está Antonio López con un lienzo en el caballete que parece una trampa tendida para atraparla. Esa luz es otro río de Heráclito, en la cual nadie podría bañarse nunca dos veces. Ella fluyendo transforma la sustancia de todos los seres, y el tiempo no es sino la copa de cristal donde la luz se teje y se desteje siempre a sí misma. Intentar captarla en el lienzo es el trabajo imposible de este pintor que en la película convierte su propia impotencia en una obra de arte. Es una tarde de otoño, y los membrillos ya están dorados..." Manuel Vicent, El País, 24 de enero de 1993
Membrillero. 1961. Oleo sobre tabla.

Membrillero. 1992. Oleo sobre lienzo.
