Perdonad pero he estado algo malito, sin ganas más que para decir: Hola, ¿qué tal? El 2012 tiene buena pinta porque he comenzado curándome. Le auguro un buen porvenir al muchacho.
Sobre el cuento: resulta desgarrador. ¡Cuánto dice en tan poco! El momento fosforo es de una tensión narrativa extraordinaria. Bueno, todo el relato goza de esa tensión .En lo que no había caído en un primer momento es en lo que menciona Descalza: Fumar o no fumar puede decidir el final de la historia. Eso añade una dosis más de profundidad.
Puedo sentir esa esperanza congelada, eso que detiene el tiempo y lo deja todo en una especie de “standby” donde todo puede pasar y suceder, queremos continuar adelante más no sabemos siquiera si ello será posible, incluso al desearlo se nos para hasta la mente.
Yo subrayé, al igual que Fugaz, lo de la esperanza congelada. Me llamó la atención que Metlaén adoptara de pronto la tranquilidad del desesperado dejando perder los últimos cartuchos, probablemente perdiendo la batalla contra el pesimismo. Y más aún, buscando (o haciendo que buscaba) más fósforos, cuando seguramente conocía de sobra que no había más. Creo que es el primer grito de: “Somos dos”, aún sin pronunciar. Intentar mantener la esperanza congelada. Que siga pasando el tiempo con los dos en plantilla.
“Somos dos”, frase resonante del cuento, que quiere expresar la esperanza de que ambos sigan siendo. La muerte es dejar de ser la substancia que se era y por otro lado es la estampa de la soledad más absoluta para quien queda, porque además queda sin el refuerzo esperanzador del que se marcha dejándolo en la situación desesperante que también lo pone en riesgo. Y ya no hay cigarrillo que fumar.
He divagado un buen rato respecto a la soledad y la muerte, y vuelvo a lo que me descubrió Descalza, y creo que el sobreviviente también muere un poquito. De hecho, claro, sabe que será el siguiente, la hora de su compañero acerca su hora. Mira el reloj: el tiempo pasa y siguen vivos. Lo hacemos todos, todos los días. El tiempo en nuestras manos. Aún queda margen. El reloj: un bonito bastón. Y sin embargo para Boss significa la seguridad de que ha llegado el final.
Hay más, está el tabaco, jaja, pero tiene poca gracia. Yo en situación extrema también pediría un cigarrillo aunque ello significara adelantar la llegada de la parca. Ya no sé los minutos, las horas, los días, seguramente años, que he acortado gracias a esa adicción. Pero la droga proporciona placer. Y por lo visto el placer mata. Lo otro, el sacrificio, también mata, y también constantemente. La diferencia es el tiempo. Uno puede ser infeliz muchas horas o ser feliz solo unos segundos. He ahí el dilema.
Sólo agregaría que “somos dos” es, al menos para mí, parte de un misterio por el cual, sabiendo que lo que nos espera (más tarde o más temprano) es la muerte, en algún modo nos alivia saber que hay alguien más junto a nosotros... O quizás sea que la compañía nos permite acceder a algún otro tipo de “sabiduría”, un poco más irracional pero bastante más alentadora.
No pierdo de vista el sugerente comentario de Pablo. Me regresa de nuevo a mis cavilaciones sobre la compañía, la soledad y me aporta nuevas perspectivas. El último que muera será el que muera solo, verdaderamente solo. Aunque creo que la muerte es la máxima expresión de la soledad. Nadie lo puede hacer por ti, nadie puede acompañarte en ese tránsito personal e intransferible. Pero la agonía… esa tensa espera…
Más. Al menos Boss puede dictar su carta imaginaria a alguien que puede que consiga transmitirla. Metlaén, en el caso de morir solo, no tendría esa oportunidad.
Me sigue diciendo cosas el cuento, tan corto y tan intenso. Como buen ruso el autor acierta en el punto idóneo.
Saludos