Al pensar en películas prohibidas enseguida se me viene a la mente el cine extranjero rodado en tiempos de la dictadura de Franco, con tintes eróticos fundamentalmente. Me resulta inevitable pensar en la famosa escena de la mantequilla, de “El último tango en París”, película mítica, que según se contaba por entonces, llevaba a algunos españoles a viajar a Francia solo para verla. Y es que eran muchos años de castidad y de censura obligadas. Pero hay otras prohibiciones que han pasado sin pena ni gloria y que me parecen más importantes, incluso en el país de la tan aclamada libertad: Francia, se daban casos flagrantes. Este es el caso de “Senderos de gloria”, “Paths of Glory” o “Patrulla infernal” en Latinoamérica. (Sigo sin comprender a los traductores de títulos).
Tuve la suerte de ver esta magnífica película de estreno en España, fue en 1986 (según wikipedia) y la he vuelto a ver ayer. Sigue pareciéndome magistral y no envejece en absoluto, pero he tenido que mirar en internet los datos que no recordaba o no conocia, como el año en que la vi.
Rodada en 1957, está basada en una novela de Humphrey Cobb, basada esta a su vez en hechos reales. Se trata, a mi juicio, de una de las mejores películas de Stanley Kubrick, uno de mis directores favoritos, por lo tanto se convierte al instante en una de mis películas favoritas. Kirk Douglas encarna el papel principal del coronel y destacan también Adolphe Menjou y George Macready, que hacen muy bien de generales malos.
Copio directamente de wikipedia:
Enfrascados en una de sus múltiples tentativas de romper el frente, los mandos franceses lanzan a sus soldados, los poilus, a tomar la llamada Colina del Hormiguero (Cota 110 en la versión doblada al francés). Es un verdadero ataque suicida que está basado en hechos reales: la sangrienta lucha por el fuerte Douamont durante la Batalla de Verdún, un baño de sangre que duró más de nueve meses y costó la vida a más de 300.000 soldados.
Tras las primeras escaramuzas que devienen en una masacre, los soldados se niegan a continuar. Los generales, que observan a salvo desde un castillo con binoculares la batalla, montan en cólera. El general Mireau ordena a sus cañones abrir fuego contra sus propios soldados para obligarles a entrar en combate. Es lo que los militares denominan en su jerga "morir por fuego amigo". Para Mireau, la única prueba de que la misión encomendada era realmente imposible hubiera sido "sus cadáveres en el fondo de las trincheras". Para escarmiento de la tropa, los generales eligen tres soldados para juzgarlos en un consejo de guerra que les condenará a muerte por cobardía.
Nunca como en ese momento se ve la enorme distancia entre los que se jugaban la vida en las trincheras infectadas de ratas y anegadas por el barro, y los que daban las órdenes y estaban muy lejanos del horror de la guerra. El coronel Dax -comandante del Regimiento 701 encargado del asalto-, que vive a mitad de camino entre el horror de las trincheras y el confort del castillo, opta por defender a sus soldados.
Tanto la película como la novela original están parcialmente inspiradas en acontecimientos reales: la ejecución durante la Primera Guerra Mundial, por insubordinación, de cuatro soldados de la Brigada 119 de infantería del Ejército francés. Las ejecuciones fueron declaradas improcedentes, y los soldados rehabilitados en 1934, tras la reclamación de sus familias, dos de las cuales recibieron una indemnización de un franco, mientras que las dos restantes no recibieron reparación alguna. El comandante de la brigada, general Géraud Réveilhac, dio evidentes muestras de desprecio por la vida de sus hombres. En febrero de 1915, después de tres intentos fallidos de tomar una posición enemiga, ordenó a la artillería bombardear las trincheras francesas para obligar a sus tropas a atacar -a lo que el comandante de las baterías se negó sin una orden por escrito-; más tarde, ordenó repetir un ataque aduciendo que ese día no se había alcanzado el porcentaje de bajas considerado como aceptable.
Durante la guerra, el Ejército francés, como los de la mayoría de los beligerantes, llevó efectivamente a cabo fusilamientos por cobardía. Sin embargo, el armazón central de la película es la práctica de ejecutar a soldados seleccionados aleatoriamente, como castigo a las faltas de toda su unidad. Dicha práctica retrotrae a la empleada en las legiones romanas, en las que diezmar consistía en dar muerte a uno de cada diez legionarios como medida disciplinaria. Aunque fue un hecho aislado, también se adoptó en el Ejército francés: la Décima Compañía del Batallón número 8 del Regimiento Mixto de Tiradores Argelinos fue diezmada, el 15 de diciembre de 1914 en Zillebeke (Bélgica), por haber desobedecido la orden de atacar.
Con la ayuda de Jim Thompson, y la colaboración de Calder Willingham, Kubrick acabó en poco tiempo el guión para ver como era rechazado por varias productoras de Hollywood. Fue Kirk Douglas, el que al leerlo decidió poner toda su influencia para que la película fuera hacia adelante. Con su apoyo, la United Artist decidió financiarla con un corto presupuesto. La película se rodó en Alemania, ante las dificultades de ser rodada en Estados Unidos o, por supuesto, en Francia.
El hecho de que mostrara de forma descarnada la sucia realidad de la guerra, en la que a menudo la muerte de seres humanos sirve para satisfacer ambiciones personales y ascensos en la jerarquía de mando, la convirtió en una película extremadamente incómoda.
Estrenada sin problemas en EE.UU., el film empezó a tenerlos cuando fue estrenado en Europa. Su proyección, en 1958, en Bruselas, desencadenó importantes incidentes por las presiones de las autoridades franceses y de las asociaciones de ex combatientes franceses y belgas, que se negaban a aceptar la imagen que se proyectaba del ejército francés. Las presiones del consulado francés consiguieron que se suspendiese la proyección de la película, lo que a su vez encendió las protestas antimilitaristas.
Las presiones oficiosas francesas consiguieron que la United Artists llamara a la suspensión de la proyección para insertar una nota explicativa y el himno de La Marsellesa al inicio del film. Con esta añadidura, la película volvió a proyectarse en Bruselas.
Sin embargo, Suiza prohibió su proyección, y la United Artists simplemente no se atrevió a presentar el film en Francia hasta 1972. Finalmente fue estrenado en el país galo en 1975.
Esta historia de censuras y prohibiciones hizo que, aunque es considerado por la crítica como uno de los mejores films de Kubrick, no recibiera ningún Oscar de la Academia de Hollywood.
En España hubo que esperar hasta 1986 para que se proyectara como una retrospectiva de Kubrick esta película.
Saludos

