Extraordinaria la cita de Sábato. Me parece que en esta novela el hombre queda expuesto a una especie de mutilación psicológica: la incapacidad de entender cierto proceso que la mujer posee. Ese entrar a matar del hombre… Y otra cosa que me impactó cuando lo leí, relacionado con nuestra falta de entendimiento: el que solo te puedes vestir realmente con el cuerpo del violador. Es duro reconocer algo así, la verdad, y es lógico que mi mente se resista a ello protegiéndome con el velo de la confusión.
Lucy no ha dejado de desconcertarme desde el principio. Ha sido todo un enigma para mí. Solo tengo preguntas. ¿Es solo una diferencia generacional la que les impide a David y Lucy ver el conflicto de la misma manera? ¿Ha nacido y crecido ella con el sentimiento de culpa, con el pecado original adquirido? A mí también me indigna lo ocurrido, y la justicia histórica es una excusa perfecta. Creo que el complejo que generan las injusticias históricas es grande y contribuyen a la dificultad de encontrar un status quo idóneo. En algún momento los hechos consumados deberían servir de límite, pero es complicado. Alguien que ha sufrido la injusticia y no hace tabula rasa, está indicando con su comportamiento que la injusticia no fue tal, pues él se expresa más tarde de la misma manera para vengarse. Así la injusticia a olvidar se justifica simplemente volviendo la tortilla. En el hecho injusto en sí no es el malo, pues se vuelve repetir una y otra vez, con diferentes vencedores y vencidos. Como dirían en el Gatopardo, para que todo siga igual. Así que pienso, que de alguna manera Lucy se sacrifica, no sé si movida por el complejo o por el deseo de poner fin a la barbaridad entregándolo todo, hasta lo más preciado, la dignidad.
Por si no se había notado, ella misma deja claro que no se trata de un personaje secundario, que nadie es un personaje secundario. Un ataque al muy común exacerbado egocentrismo. Lo cierto es que para la inmensa mayoría de seres humanos los demás, los otros, son siempre personajes secundarios. Y eso me lleva a la lucha que mantiene David, Byron, el hombre, ansioso de dar rienda a sus deseos, a través de innumerables personajes secundarios.
Después de pensar en todo esto, Lucy me parece más fascinante aún. Una mujer hermética, complicada de sondear según la medida a la que estamos acostumbrados. Que parece extraña a los avatares del mundo, que rechaza las posibilidades que el mundo la ofrece. Es posible que lo que habite en su interior sea una generosidad tan inhabitual que resulta excéntrica.
El retroceso que David intuía al principio resplandece con la vuelta a la tortilla encarnada por Petrus. La tribu por encima de la humanidad. De nuevo el poder y el triunfo de una sangre determinada. Fue premonitorio el señor Lurie.
Y bueno, él está en otra cosa.
Lucy tal vez sea capaz de plegarse ante el temporal. Él no puede, o no puede hacerlo con honor.Esto y lo que Pablo menciona: el honor, la dignidad, es tan abstracto y está tan presente… como una ropa de la que fuera necesario desprenderse… No podrá desprenderse del honor, pero algo ha presentido, algo busca desesperadamente.
Por eso ha de prestar atención a Teresa. Teresa puede ser la última que lo salve. Teresa está más allá del honor. Expone sus pechos al sol; toca el banjo delante de los criados, le importa un comino que se rían de ella. Tiene anhelos de inmortalidad y los canta. No ha de morir.Lo efímero de la existencia y la búsqueda de la inmortalidad en un roce, en una presencia. Citando el comentario de Pablo:
Por otra parte nos revela su esperanza y con ello su conexión con el Arte:
"...que en algún lugar, en medio del fárrago sonoro, brote directa al cielo, como un ave, una sola nota, una nota auténtica de anhelo de inmortalidad."
Ese es el refugio y la tabula rasa de David. Ni siquiera quiere ser buena persona. Perdido entre diferentes moralidades con las que no puede convivir: la del nuevo hombre africano y la moderna imperante, occidental, que no permite que la sangre del caballo viejo contamine el esplendor de la juventud.
Ama a su hija y sin embargo debe renunciar también a ella, como a todo. Me gusta como lo expresa Pablo.
Por lo demás, sólo queda cierta ansiedad para la derrota... Ni siquiera el querible "Trípode" se salvó de sus renunciamientos...
Por cierto, ¿no estaba Byron también algo tullido?
Saludos