No sé como empezar ni como ordenarme, voy a tirar adelante, sabiendo que en el camino me voy a encontrar con el comentario de Pablo. Voy a empezar con está frase, que me lleva a pensamientos y debates conmigo mismo.
«Acabo de encontrar trabajo en una panadería y el dueño lo deja todo en nuestras manos...»La frase es perfecta para ilustrar la reacción de muchos emigrantes con su cordón unbilical. La mentira que se convierte en motor de una rueda imparable. Son millones de personas las que viven en terceros mundos y quieren saborear el primero. Muchos quieren cosas esenciales, otros tan solo mejorar, en todos vive el gran sueño, que como una fiebre les invade irremediablemente. Biju es de los que se han dado de bruces con lo peor del mundo exterior. Después de seguir como a una revelación la famosa frase de Expediente X: “La verdad está ahí fuera”, empiezan a pensar, que quizá, “la verdad está lejos de aquí”. De cualquier manera con esa fantasia, ese retorcimiento a la verdad, con el que Biju deleita a su padre, esta quemando las naves a la manera de Hernan Cortés.
Y tomo contacto con el comentario de Pablo.
Lo cierto es que, en USA, "Se vivía intensamente con otros sólo para verlos desaparecer de la noche a la mañana, pues la clase en la sombra estaba condenada al movimiento".
Por eso, en un momento, Biju añora lo suyo:
"Cuando fue a visitar a su padre en Kalimpong, se sentaron a la intemperie por la noche y su padre suspiró: «Qué tranquilo es nuestro pueblo. ¡Y qué rico nuestro roti! ¿Sabes por qué? Porque la atta se muele a mano, no a máquina, y porque se hace en un choola, mejor que cualquier cosa preparada en una cocina de gas o queroseno... Roti tierno, mantequilla fresca, leche aún caliente recién ordeñada de la búfala...»"
Por mucho que añore, el mismo se ha vedado el regreso, no puede volver, no con las manos vacias. Es una locura, yo cuanto más lo pienso más tremendo me parece. Es como un niño que no puede consolarse en el regazo de sus padres despues de haberse golpeado. También me ha impresionado la soledad a la que se obliga Biju, originada por la dolorosa experiencia de ver una y otra vez desaparecer a su compañeros de camino. El resultado es no querer tener más compañeros de fatigas. No más consuelo en otros ojos, en otros gestos. Opta por el desierto total. Veo mal a Biju.
No he entrado en la comparación propuesta por Pablo. Temo disgustaros. Creo que Yanquilandia es la tierra de las oportunidades más que ningún otro lugar del mundo. Donde el Gran Sueño se puede hacer realidad, y claro, también deshincharse de golpe y explotarte en la cara. No creo que sea para todo tipo de personas, es otra especie de teatro mágico. Creo que no es para los que esperan una vida placida, bienestar y un cómodo retiro. No para las personas (según mi punto de vista), que saben y quieren vivir. Pero sí para los que sueñan a lo grande, lo esperan todo y están dispuestos a cambio a entregarlo todo, a trabajar muy duro, Creo que eso allí se recompensa. En otros lugares, me da la impresión, que son otros valores los que te dan el plácet, y no estoy seguro de que es más justo. El problema para mí es que solo se recompnesa el triunfo, para un calamidad como yo, que prefiere vivir a trabajar, no significa la tierra prometida. Es lo que creo en base a la información que tengo, pero muy bien puedo estar equivocado. Otro punto, es que allí existe la mayor concentración de razas, procedencias, credos, pensamientos y colores diferentes. Encuentro Estados Unidos un experimento muy interesante. Ojala saquemos algo en claro de ese experimento. Sobre el Reino Unido, como otros paises del primer mundo, pienso que están especializados en acoger a los procedentes de sus antiguas colonias. Eso es una responsabilidad muy tenida en cuenta provocada por el nexo cultural, el conocimiento que el recien llegado tiene de la lengua, el respeto a la figura simbolica del imperio, y las posibilidades de asimilación que ello conlleva, y por la mala conciencia, de la que el excolono también es consciente y por lo tanto se muestra reivindicativo. Estados Unidos no tiene esa rémora, como todos los paises jovenes que no han intervenido en el reparto del mundo, tantas veces subastado. Espero que no os enfadeis mucho conmigo, suelo ser más intransigente con lo mio, con lo más cercano, en este caso con Europa, y no dejo de tener cierta fascinación por Estados Unidos, que me queda lejos. Me asombra que produzca los más variados horrores y con la misma facilidad lo denuncie. Esto parece pueril, pero creo que no lo es, no pasa en todos lados y me interesa.
Por otra parte el cocinero (sigo, tal y como expresó Descalza, enamorado de su actitud vital), orgulloso de su hijo, llega a unos extremos, que conociendo como conozco la cruel realidad, la parte oscura de la historia, me enternece profundamente.
El cocinero había rezado por Biju y se había acostado con una sensación piadosa tan maravillosa que se sentía limpio a pesar de estar sucio.¿No es fantastico lo que puede hacer un sueño?
Y la esperanza, tan vivida, ese sueño que no parece tal, se convierte al estado solido magicamente en la mente del cocinero.
Biju había escrito. Algún día su hijo lograría todo aquello que no habían conseguido los padres de Sai, todo lo que no había conseguido el juez.Y lo que representa socialmente, la redención para toda una estirpe. De repente el cocinero asciende de casta imaginariamente.
—Mi hijo tiene otro empleo en Estados Unidos.
El hijo de ella también estaba allí. ¡El cocinero tenía eso en común con la doctora! El personaje más distinguido de la ciudad.Y su generosidad, el buen corazón, que le invita a extender su esperanza, su felicidad, a los demas. La solidaridad entre los desfavorecidos siempre me emociona más, porque es más difícil.
—Bhai, dekho, aesa hai... —empezaba a sermonearlos—. Mira, hace falta tener un poco de suerte, es casi imposible conseguir un visado... —Era difícil hasta lo sobrenatural, pero le escribiría a su hijo—. Vamos a ver, vamos a ver, igual tienes suerte...
«Biju beta —escribió—, has tenido la buena fortuna de llegar allí, intenta hacer algo por los demás, por favor...»Son muchas reflexiones las que me proporciona este tema. La intrepida aventura que emprende el emigrante es comparable a las antiguas gestas de exploración y conquista. No solo se trata de su porvenir, se adquiere una responsabilidad con la corona, con la familia y la tierra que ha puesto sus esperanzas en él. Y no puede defraudar, por eso muchos terminan adornando la realidad hasta hacerla irreconocible. Y todo eso, cada vez que lo pienso, y conociendo solo un poquito las afiladas trampas por las que el emigrante tiene que pasar, me proporciona un sabor muy triste.
Otro tema es el juez. No sé si le comprendo, pero estoy aprendiendo a sentir cierta compasión por él. Me ha gustado leer sobre sus recuerdos. Algunos, como cuando iba al váter, son impactantes. O como dando un vistazo a Gyan se reconoce a sí mismo.
Apartó la silla de golpe, se incorporó, dejó caer cuchillo y tenedor a guisa de devastadora sentencia contra sí mismo y abandonó la mesa. Su fuerza, aquel acero mental, se estaba debilitando. Su memoria parecía ponerse en marcha ante el menor estímulo: la incomodidad de Gyan, su recitación de aquel absurdo poema... Pronto todo lo que el juez se había esforzado tanto por separar se ablandaría y lo envolvería en su pesadilla, y al cabo la barrera entre esta vida y la eternidad no sería, sin duda, más que otra construcción fallida.Se encuentra en una etapa dura. Ese momento cuando el volver la vista atrás, decidir entre lo que hiciste mal o entre lo que dejaste de hacer, es doloroso.
Como a Pablo, también a mí me cuesta entenderlo, aunque me huelo que ha sido algo muy comun en esas extrañas relaciones. Me llama mucho la atención la vergüenza que siente sobre su propia genesis y ese empeño en ser aplastado por ella ocultandola bajo una falsa dignidad. Así como la admiración por las plumas britanicas. Sí, me temo que es bastante común y universal. Lo curioso es el final del parrafo. Al final no termina contentando a nadie, peor aún, termina generando desprecio. Pasa a convertirse en algo impuro (me parece), para las dos culturas. Ni una cosa ni otra, “ni chicha ni limoná”. Para su gente supongo que será un cipayo, un descastado, un traidor. Para el imperio nunca dejará de ser un indio, por mucha seda con la que se vista y por mucho que se lave. Peor, un indio que pretende ser como los "blancos", vaya insolencia.
Fue así como el juez, con el tiempo, se vengó de sus confusiones primeras, su vergüenza enguantada en algo llamado «mantener los principios», su acento oculto tras una máscara de silencio. Observó que empezaban a tomarlo por algo que no era: un hombre investido de dignidad. Ese aplomo accidental adquirió más importancia que cualquier otra cosa. Envidiaba a los ingleses. Detestaba a los indios. Se esforzó por ser inglés con la pasión del odio, y por aquello en lo que se convertiría, sería despreciado por todos, tanto ingleses como indios.La parte de las venerables mujeres también me ha gustado. Pablo dice:
Vale decir que después de conocer a la señora Sen, Lola y Noni resultaron dos "progres" en comparación con ella.
Y no estoy seguro, parecen más moderadas, pero la procesión va por dentro. Hay cosas que parecen universales y de las que parece que hay para todos. El odio, o quizás no tanto, pongamos que las sensaciones negativas hacia el otro, se empeñan en fluir en todas direcciones y en ser acaudaladas por todas las manos. A poco que rasques encuentras pensamientos intolerantes, hasta en las más ilustres cabezas.
Lola estaba incómoda y bebía el té demasiado caliente. Tanto quejarse de los índices de natalidad de los musulmanes era vulgar e incorrecto entre la clase que lee a Jane Austen, e intuyó que el discurso de la señora Sen revelaba su propia opinión con respecto a los nepalíes, donde no era tan sencillo recurrir a estereotipos, defender unos prejuicios no muy diferentes.
—Es un asunto muy distinto con los musulmanes —replicó con rigidez—. Ya estaban aquí. Los nepalíes han venido y se han adueñado de todo, y no es una cuestión religiosa.Y bueno, algo hay de esa realidad politica y geografica que despierta mi curiosidad. Que los lepchas, los más antiguos habitantes de la zona, se hayan convertido en minoría y sean los menos tenidos en cuenta, da para pensar. Lo concluyente es que la tierra no pertenece a nadie. Cuando nepalíes, musulmanes, bengalíes o ingleses hayan desaparecido, la tierra perdurará.
Encuentro en Lola y en Noni un clasismo furibundo, digno de los mejores tiempos britanicos. No hay más que observar la razón por la que desprecian a Sen. Aparte de la rivalidad filial, que por supuesto se han inventado ellas mismas. Siempre las castas, reales o metafóricas, más y más barreras inabordables.
Su inferioridad les resultó evidente mucho antes de que su hija se estableciera en un país donde la etiqueta de la mermelada ponía «Smuckers» en vez de «Proveedores oficiales de Su Majestad la Reina», y antes de que consiguiera un empleo en la CNN, pasando a ser rival directa de Pixie en la BBC. Era debido a que la señora Sen pronunciaba «patata» con deje humilde, igual que «tomate», y al rumor de que antaño se ganaba la vida vendiendo a domicilio con una escúter artículos confiscados en la aduana del aeropuerto de Dum Dum, ofreciendo de puerta en puerta la mercancía a madres que acumulaban dotes de artículos del mercado negro para así incrementar las posibilidades de sus hijas.Me dejo cosas, a Sai, por supuesto, la fascinante historia familiar de Gyan y varias reflexiones del comentario de Pablo, pero soy consciente de que me he pasado y va a parecer que pretendo castigaros. Ya habrá ocasión.
Saludos