por dean » Sab Sep 04, 2010 4:43 pm
Muy interesante aportación Lucas. Ni sabía que los kazajos hicieran música. Hombre sí lo imaginaba, pero no había escuchado nada procedente de allí, al menos no lo recuerdo. Reconozco que mi ignorancia solo me hace recordarles por el ciclismo. Y sé, que a pesar de su localización y su historia, están muy occidentalizados. Eso ha contribuido a que me rasque el cogote.
Me interesa mucho este tema, soy un enamorado de las fusiones. Ya he dado muestra de ello en este foro, todo lo que he colgado relacionado con artistas que, o son flamencos o provienen de él: Lebrijano, Camarón, Lole y Manuel, Pitingo... También pienso que es un tema delicado, no pierdo de vista a los puristas. Hoy en día la fusión es el pan de cada día, con mejor o peor fortuna y pienso que aunque lo siga no dejo de tener cierto espíritu crítico. Hay un poco de hipocresía y de oportunismo en todo esto, o eso me parece. Por ejemplo, para mí el flamenco es difícil en dosis masivas, no lo he mamado y mentiría si dijera que lo entiendo, pero José Mercé, en su versión más light, me entra directo y así podría seguir, es como convertir en papilla un determinado plato, para que ciertos paladares, menos exigentes, le den su aprobación. Pero también puede ser la renovación de cánones para alcanzar resultados brillantes y novedosos, más acordes con los gustos de la época generalmente, o simplemente vanguardia premonitoria. Puse algo de Lebrijano, experto en esta cuestión, que ha unido con sabiduría el flamenco con la música magrebí y eso no hay quien lo cuestione, porque está hecho desde el conocimiento, sin ánimo de traicionar nada (lo cierto es que la mezcla del flamenco con música árabe, se me antoja como algo natural). Algunas explicaciones dadas por estos artistas (no Lebrijano, que es un experto conocer del flamenco y a quien no hay cátedra disponible para pedirle explicaciones, pero sí a Mercé) se remiten a decir que abren su música (un eufemismo para justificar que lo descargan de contenido o le aportan otro, según se mire) para que las nuevas generaciones conozcan el género y de ahí se trasladen a las raíces. Vamos, que es como un folleto publicitario (ahora que lo pienso esto es extensible a la música clásica). La realidad es que encuentran un mercado masivo, un caramelo difícil de rechazar. El dinero está muy rico, y la vanidad, el verse reconocido en círculos más extensos, debe ser algo muy apetecible. Así que yo, que soy un fanático de la fusión, no dejo de tener mis reservas, pero, qué se le va a hacer, me encanta la mezcla y que acerquen ciertos conceptos a mi entendimiento. Navego entre dos aguas, una puramente emocional y otra más intelectual. Me parece que se trata de un gran descubrimiento, que aunque parezca novedoso, lleva siglos madurando, la tierra no ha cesado de moverse nunca. Además intuyo que hay todo un mundo ahí, un movimiento espectacular, que no se puede contemplar en su justa medida sin la debida perspectiva. Una regeneración, una inyección de vitalidad para la música tradicional o étnica, principalmente, que se ve cada vez más marginada por el paladar de los nuevos ritmos de moda. O un acercamiento a otras culturas. Y con una mirada más áspera, la conquista de fronteras, de nuevos mercados. En este mundo global, la batalla se libra día a día, lenguas, tradiciones, se debilitan o se fortalecen, mueren o dominan a cada minuto y puede resultar sugestivo el difuminar o transformar el producto para hacerlo accesible a otros pueblos. ¿Puede Kazajistán exportar su música tradicional? Lo muestra Lucas, desde luego que sí. En ocasiones puede ser la única manera de que una determinada manifestación perviva. También puede ser producto de la búsqueda y de la experimentación. El futuro puede ser potente o detestable, depende. La fusión me gusta inmediatamente y al mismo tiempo me asusta la perdida de autenticidad. Por eso, aunque me encante, desconfío.
Saludos
"No puedo hacer frente a mis miedos, me da miedo". (Bob Esponja)
Mis lecturas:
Confesiones de una máscara - Yukio Mishima