El legado de la pérdida - Kiran Desai
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Capítulos 8-14
Un lugar para disfrutar lecturas en compañía.

Le enfureció que su madre se hubiera planteado la posibilidad de su humillación y de esa manera, pensó, la hubiera precipitado. En su intento de anular una humillación no había conseguido más que sumar otra.
Jemu vio desaparecer a su padre. No lanzó el coco al agua ni lloró. Nunca más experimentaría amor por otro ser humano que no estuviera adulterado por alguna emoción contradictoria.
En aquellos tiempos nadie se tomaba muy en serio Fitzwilliam, más centro de tutoría que colegio mayor propiamente dicho, pero se puso a estudiar de inmediato porque era la única aptitud que podía trasladar de un país a otro. Trabajaba doce horas de un tirón, hasta altas horas de la noche, y al retraerse de esa manera, no logró hacer un valiente gesto de apertura en un momento crucial y se encontró con que, en lugar de eso, su pusilanimidad y su aislamiento habían encontrado terreno abonado. Se retiró a una soledad que cobraba mayor peso día a día. La soledad se convirtió en costumbre, la costumbre se convirtió en el hombre, y lo aplastó hasta convertirlo en una sombra.
Compartió su sueño con Jemubhai. Tan fantásticas eran sus ensoñaciones, que les causaban la misma emoción que un cuento de hadas, y tal vez debido a que ese sueño llegó demasiado alto en el cielo para abordarlo con lógica, cobró forma, empezó a ejercer una presión palpable. Sin ingenuidad, padre e hijo se habrían visto derrotados; si no hubieran sido tan ambiciosos, de acuerdo con la lógica de las probabilidades, habrían fracasado.
Espacio en la cima, espacio en la cima. Desde luego, no había espacio en el fondo.
Asimismo, había otro aspecto más grave de contaminación y corrupción: los juicios se celebraban en hindi, pero las actas las levantaba el notario en urdu y luego el juez las traducía al inglés en un segundo sumario, aunque su dominio del hindi y el urdu no era muy sólido; los testigos que no eran capaces de leer las actas ponían la huella del pulgar debajo de «Leer y ratificar», siguiendo sus instrucciones. Nadie podía saber a ciencia cierta qué parte de la verdad se había perdido entre unos idiomas y otros, entre los idiomas y el analfabetismo; la transparencia que exigía la justicia era inexistente.
.Noni no creía que fuera información adecuada para que el cocinero la compartiese con ella. Era importante establecer debidamente los límites entre las clases, so riesgo de que acabara siendo muy pernicioso para todo el mundo a ambos lados de la gran línea divisoria. A los criados se les metía en la cabeza toda suerte de ideas, y luego, cuando comprendían que el mundo no iba a ofrecerles a ellos ni a sus hijos lo que ofrecía a otros, se enfadaban y se volvían unos resentidos
Y rompió a llorar. Kesang, con sus extravagantes dientes pardos que despuntaban en todas direcciones y su ropa andrajosa y mugrienta y aquel gracioso moño precariamente encaramado a la coronilla. Kesang, a quien habían acogido sin preparación alguna como un gesto de amabilidad…
Lola siempre había creído que los sirvientes no experimentaban el amor de la misma manera que la gente como ellas: «Toda su estructura de relaciones es diferente, es económica, práctica; mucho más sensata, no me cabe duda, si uno es capaz de manejarla por sí mismo.»




Yo siempre pienso que para entender a un sector cultural hay que inculturarse y aún así nos llevaría años poder captar todos los códigos y matices.
porque desde la distancia y la admiración uno ve las glorias, las oportunidades, el brillo
Eso mismo sentí que le pasaba al juez y al hijo del cocinero: no sólo son diferentes sino que son de tierras poco respetadas. Me parece que otras razas no sufrirían tanta discriminación y no tendrían que recorrer 22 pensiones hasta encontrar un agujero inmundo donde meterse. Hasta qué punto las diferencias crean barreras que, aquel jefe que intentó ser caritativo hizo huir al muchacho sólo porque le ofrecía jabón, y elementos de limpieza... la caridad de dar lo que uno cree que el otro necesita y no lo que el otro verdaderamente necesita.
Confieso que me he enamorado un poco del cocinero: es un hombrecito pensante, activo, que se busca los recursos, que brinda su afecto a la solitaria Sai, que se queja todo el tiempo pero hace y hace, que venera a las cobras de su jardín, va a lo de la doctora y no deja de lado sus supersticiones, por las dudas. Es hasta ahora el personaje que más me gusta, como una hormiguita incansable que va y viene, esperanzada, con sus pequeñas posesiones, su dignidad, su pedagogía de la "masa", su habilidad para trasnformar una realidad precaria en grandes historias. ¡Me encanta!




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