El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Espacio destinado al debate y análisis de la presente lectura.

El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Notapor Lucas » Sab Ago 14, 2010 12:44 pm

El legado de la pérdida - Kiran Desai

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Capítulos 8-14
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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Notapor dean » Dom Ago 29, 2010 9:07 am

Bueno, en esta parte hay muchos detalles que se me han quedado, empezando por lo que expuso Pablo sobre el juez: que veía humillación hasta en la perra. Ahora parece encontrar explicación. Siguiendo por los demás personajes, se vislumbran algunas de las cosas a erradicar de este mundo.

El juez despierta en una época en la que los andenes estaban divididos para indios y para europeos. Eso en tu propia tierra debe rasgar el alma. Y para el juez todo son traumas. La humillación es carta de presentación en él, pero se me hace comprensible. En el primer mundo las humillaciones provocadas por los padres, también son pan de cada día. Enseguida te dejan mal. El hombre nuevo que se va a comer el mundo es otro ser cuando se enfrenta al exterior. Ha dejado de ser un niño y la protección familiar le molesta. De esa manera la madre del juez le deja en mal lugar y en el juez no hay camino para la comprensión de ese afecto. No puede con él.

Le enfureció que su madre se hubiera planteado la posibilidad de su humillación y de esa manera, pensó, la hubiera precipitado. En su intento de anular una humillación no había conseguido más que sumar otra.


Ya antes, lo del padre le ha afectado demasiado, no hay vuelta atrás, es tremendo lo que piensa y parece que contribuye a formarle.

Jemu vio desaparecer a su padre. No lanzó el coco al agua ni lloró. Nunca más experimentaría amor por otro ser humano que no estuviera adulterado por alguna emoción contradictoria.


Vemos en estas páginas como se convierte en un resentido, en un ser silencioso y asocial. Me encanta como se describe en el libro ese imperceptible paso.

En aquellos tiempos nadie se tomaba muy en serio Fitzwilliam, más centro de tutoría que colegio mayor propiamente dicho, pero se puso a estudiar de inmediato porque era la única aptitud que podía trasladar de un país a otro. Trabajaba doce horas de un tirón, hasta altas horas de la noche, y al retraerse de esa manera, no logró hacer un valiente gesto de apertura en un momento crucial y se encontró con que, en lugar de eso, su pusilanimidad y su aislamiento habían encontrado terreno abonado. Se retiró a una soledad que cobraba mayor peso día a día. La soledad se convirtió en costumbre, la costumbre se convirtió en el hombre, y lo aplastó hasta convertirlo en una sombra.


En una sombra, ¡qué buena definición!

Me llama la atención como le reconcome el oír hablar al cocinero de su pasado, como le afecta volver la vista atrás. Y el respeto que le infunde una mujer con cara de rana, pero reina. Supongo que debe haber una peligrosa mezcla de odio y resentimiento con admiración.

Asistimos a como se forja la determinación de Jemu a través de su padre, un experto en la injusticia. Me parece brillante esa conclusión, de que lo ilógico de las aspiraciones, lo inalcanzable de estas, se convierta de repente en la ruta ideal para alcanzarlas.

Compartió su sueño con Jemubhai. Tan fantásticas eran sus ensoñaciones, que les causaban la misma emoción que un cuento de hadas, y tal vez debido a que ese sueño llegó demasiado alto en el cielo para abordarlo con lógica, cobró forma, empezó a ejercer una presión palpable. Sin ingenuidad, padre e hijo se habrían visto derrotados; si no hubieran sido tan ambiciosos, de acuerdo con la lógica de las probabilidades, habrían fracasado.


Y esa determinación, obcecada, me encanta como está descrita.

Espacio en la cima, espacio en la cima. Desde luego, no había espacio en el fondo.


La eterna injusticia, nunca mejor representada por la justicia oficial, es apabullante. Y la ignorancia un factor clave. Pienso que la falta de trasparencia, conseguida por diversos métodos es clave para nuestro desarrollo. Importantísimo que no entendamos nada. Que nos enfrentemos a la justicia como en una ensoñación de Kafka. Creo que eso, además de en inaccesible, la cubre de un barniz sagrado, en algo aún más respetable.

Asimismo, había otro aspecto más grave de contaminación y corrupción: los juicios se celebraban en hindi, pero las actas las levantaba el notario en urdu y luego el juez las traducía al inglés en un segundo sumario, aunque su dominio del hindi y el urdu no era muy sólido; los testigos que no eran capaces de leer las actas ponían la huella del pulgar debajo de «Leer y ratificar», siguiendo sus instrucciones. Nadie podía saber a ciencia cierta qué parte de la verdad se había perdido entre unos idiomas y otros, entre los idiomas y el analfabetismo; la transparencia que exigía la justicia era inexistente.


La desubicación no acaba con el juez. El cocinero, mucho más limpio y práctico, tampoco está libre de esos oscuros sentimientos. Es la contaminación, que lo abarca todo negativamente. Entrar a trabajar para el juez, que no es un hombre blanco, representa una humillación. Es terrible, me recuerda al racismo entre los propios negros, en uno u otro sentido, según sea la piel más clara u oscura. Está claro que es producto de una dominación, del respeto a una grandeza exterior, de un pesimismo atroz, complejos adquiridos, que pesan como una losa en el ánimo del indio. Pero India además es distinta, ya lo hemos dicho, y me parece que están siempre prestos a la marginación, a una clase de racismos más allá de toda lógica. El tema de las castas que continua imperando en el siglo XXI, es un ejemplo brutal.

Luego tenemos otro gran ejemplo de la barbaridad de nuestro mundo, en el hijo, la gran esperanza india, chocando con la cruel realidad. Se encuentra en el paraíso deseado por tanta gente. El lugar donde los sueños se hacen realidad. El gran teatro de Oklahoma, imaginado por Kafka. Si la india nos parece enorme y diversa, la gran América no lo es menos, es también desmesurada, cosmopolita y también es inaccesible, siendo al mismo tiempo mundos completamente diferentes, como reversos de una moneda. Paradójico.

El parecido entre la actitud del cocinero y Biju, por una parte, y el juez y su padre por otra, es grande, y al mismo tiempo, como ocurre entre la comparación entre América e India opuesta. Los dos padres aspiran lo más grande para sus hijos, la determinación de los hijos es también importante, pero los medios son diferentes. Jemu se transforma casi desde el principio, aprovechando todas sus posibilidades, y no le importa morir por dentro para alcanzar sus fines. Parte de un racismo anquilosado, consciente de una inferioridad atávica y apalancándose en ella se lanza hacia la meta. Biju se da bruces con el Gran Teatro de Oklahoma. Con el racismo ya desaparecido de su tierra, de pronto comprende que es diferente, que es menos que cero y asiste atónito a la bajada física a los infiernos de su propia persona.

El tema de la emigración, de la que creo conocer un poco, naturalmente desde el lado agradable del muro, da en la llaga. Los emigrantes se convierten en explotadores según alcanzan preeminencia en la sociedad, así tenemos a italianos, un día pobres emigrantes, deseando que llegue la gente desesperada y en gran número para mantener su botín, su particular sueño. Los sueños se apilan unos encima de los otros, alimentándose, vampirizándolos. Uno pisa al otro, le deja sin respiración para que el primero crezca y se desarrolle. Una pirámide casi perfecta.

Emergen otros interesantes personajes: Lola y Noni, que aportan nuevos puntos de vista. Sus ideas clasistas me reafirman en la idea que me he creado sobre esa acusada diferenciación de que es presa el tercer mundo. Creo que se contagia lo malo con mucha facilidad. Me encanta como construyen el límite entre las clases, totalmente racionalizado, para que puedan dormir tranquilas.

[
Noni no creía que fuera información adecuada para que el cocinero la compartiese con ella. Era importante establecer debidamente los límites entre las clases, so riesgo de que acabara siendo muy pernicioso para todo el mundo a ambos lados de la gran línea divisoria. A los criados se les metía en la cabeza toda suerte de ideas, y luego, cuando comprendían que el mundo no iba a ofrecerles a ellos ni a sus hijos lo que ofrecía a otros, se enfadaban y se volvían unos resentidos
.

Y me ha hecho mucha gracia lo generosas que son al permitir que alguien se ponga a su servicio.

Y rompió a llorar. Kesang, con sus extravagantes dientes pardos que despuntaban en todas direcciones y su ropa andrajosa y mugrienta y aquel gracioso moño precariamente encaramado a la coronilla. Kesang, a quien habían acogido sin preparación alguna como un gesto de amabilidad…


Y al mismo tiempo inventan un gran tratado sobre sentimientos, diferentes según procedencia, que hasta posiblemente envidien, porque su vida no deja de ser triste. Por supuesto, las penas con pan son menos. Es increíble cómo podemos ver a veces la felicidad en los rostros de los desfavorecidos, quizá producto de la resignación y de la infalible enseñanza de la cara más recia de la vida, y por el contrario, la amargura en las clases más pudientes, puede que producto de la eterna insatisfacción, de la sensación de tener lo imprescindible cubierto y el olvido en la cuneta de lo esencial. Justicia poética. De todas maneras, creo entrever que consideran su estatus más elevado espiritualmente, no se bajan del burro, los sirvientes son más prácticos, ellas se ven desgastadas por sentimientos sublimes, de los que los animales y los sirvientes carecen.

Lola siempre había creído que los sirvientes no experimentaban el amor de la misma manera que la gente como ellas: «Toda su estructura de relaciones es diferente, es económica, práctica; mucho más sensata, no me cabe duda, si uno es capaz de manejarla por sí mismo.»


Creo que ya es bastante, es mejor que lo deje aquí o me eternizaría. Es que me está gustando mucho esta lectura.

Saludos
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Qué se yo...

Notapor pablom » Dom Ago 29, 2010 4:22 pm

En general voy a insistir con aquello de la riqueza de recursos de la autora y lo placentera que me resulta la lectura del libro.
Pero a su vez tengo la sensación de que se me escapan muchas cuestiones y ello me lleva "necesariamente" al desvarío.
Y la verdad, no puedo dejar de comentar algunas de esas ideas de las cuales no tengo la más mínima certeza.

Advertencia de último momento: Si bien no he podido leer con detenimiento su comentario (ello me llevará otros tantos días) he visto como Dean, al igual que "en los viejos tiempos", me ha "ganado de mano" en varias cuestiones de esas que a uno le gusta destacar, pero principalmente acerca de como la lógica puede arruinar cualquier sueño y en la evocación de Kafka justo cuando se habla de justicia. Aviso solamente para justificar mis repeticiones. :lol:
Igual, no aguanto decir que me parece genial la analogía hallada por Dean en relación con el teatro de Oklahoma, pero ya habrá tiempo para charlas...

Desenmascaramientos

Me parece subyace en casi toda esta parte del libro una especie de desprecio por el indio que siente no solo el resto del mundo sino el el propio indio.

Lo del resto del mundo desde luego que no creo que sea tan así y puede tener que ver con el hecho de que no se los entienda, como ya ha comentado Dean en más de una ocasión. Y es que donde para nosotros los occidentales hay contradicción (por ejemplo entre ciencia y superstición), para ellos hay equilibrio (sin necesidad de que sean concientes de ello en todos los casos).

Y lo del autodesprecio entiendo que tiene que ver con que, después de cierto tiempo transcurrido desde la época de oro del colonialismo británico, el indio, aún el de las castas superiores, y sobretodo el de las castas superiores, ha advertido la manera en que ha sido usado como una herramienta de esa invasión y no mucho más.
Inglaterra se lleva los alumnos aventajados de la India a Cambridge pero los "forma" para que le ayuden en su tarea de "civilizar" ("occidentalizar") a los indios.
Y es de destacar que incluso durante pleno dominio británico, seres como el el joven juez tienen ese mal humor porque a las 20.00 hs. de su día tipo han advertido algo:
"Pero a veces, al comer esa avutarda asada, el juez sospechaba que él también podía estar pagando la broma, y pedía otro ron, echaba un buen trago y seguía comiendo con la misma sensación que si se estuviera devorando a sí mismo, ya que él también formaba parte de la diversión... (¿no?)".
Y por eso al final de su vida solo quiere vivir "para adentro".
Y ante la llegada de Sai no puede evitar cierta añoranza de su pasado pero tampoco advertir (volver a advertir) que todo ha sido una comedia.

Ahora, también es cierto que Jemubhai es buena madera para los propósitos británicos porque ya desde joven relaciona el amor indio con el amor indecoroso, antiestético...
Y además tiene un par de elementos que unidos a la ambición pueden hacer llegar "muy lejos" a cualquiera...
Cierta forma de inconciencia(*1) (que es la que le permite concebir junto con su padre una exitosa carrera en la administración pública) y una ignorancia (¿o una conciencia?, a esto nunca pude diferenciarlo) del absurdo(*2) (que es la que le permite cristalizar aquella visión).

(*1) (El padre) "Compartió su sueño con Jemubhai. Tan fantásticas eran sus ensoñaciones, que les causaban la misma emoción que un cuento de hadas, y tal vez debido a que ese sueño llegó demasiado alto en el cielo para abordarlo con lógica, cobró forma, empezó a ejercer una presión palpable. Sin ingenuidad, padre e hijo se habrían visto derrotados; si no hubieran sido tan ambiciosos, de acuerdo con la lógica de las probabilidades, habrían fracasado".
Exagerando un poco (como siempre), también podríamos decir respecto de este párrafo, que explica bastante bien como funcionan las cosas en este mundo.

(*2) "a pesar de la sombra de las hojas y la confusión idiomática, se labró una reputación temible por su discurso, que daba la impresión de no pertenecer a ninguna lengua en absoluto, y por su rostro como una máscara que transmitía algo situado más allá de la falibilidad humana. El semblante y el porte allí forjados lo llevarían, con el tiempo, hasta el tribunal superior".
Si este párrafo hasta parece escrito por un amigo checo.

Otro desenmascaramiento (al menos por un rato, hasta que busca la manera de esconderlo) es el de Lola, admiradora de lo británico. Me refiero a cuando advierte que Inglaterra le ha dejado como herencia su más preciado valor: la racionalidad y que ello, al intentar aplicarlo a todos los aspectos de la vida, le ha impedido nada menos que amar (ello después de escuchar atentamente la historia de amor de su sirviente Kesang).

Nota: Sobre el final de este grupo de capítulos aparece este texto:
"La costumbre del odio había acompañado siempre a Biju, y cayó en la cuenta de que tenía un temor reverencial a los blancos, que podría decirse que habían hecho mucho daño a la India, y una ausencia de generosidad hacia prácticamente todos los demás, que nunca habían hecho ningún mal a la India."
Texto que serviría para incorporar a Biju al listado de indios que comienzan a darse cuenta de que todavía están demasiado influenciados por lo inglés; que casi cualquier país tiene un fondo de autenticidad que no ha traicionado y que para la India esa indefinición propia de "más o menos inglés" resulta muy nociva.


Geografía y psicología

En un momento Sai se cansa de la montaña y de su "perfecta quietud"; desea el mar, el movimiento del mar ("Al menos las olas nunca están quietas"); la asalta la inquietud; y en eso influye su edad, los libros, el deseo de parecerse a un padre que no ha conocido, pero también cierta conciencia de que este es el momento de moverse o después será demasiado tarde; ya habrá tiempo para volver al Himalaya, como su abuelo.
Porque hasta el Himalaya alguna vez estuvo bajo el mar y su movimiento; porque hasta Jemubhai alguna vez fue joven. Este es el momento de Sai.

Nota: Y Said Said y su energía positiva que todos buscan, es alguien que justamente "se dejaba mecer por las mareas".


Sueltos (al menos por ahora)

Con respecto al fariseísmo que se menciona en el libro cuando se habla de las jóvenes indias viviendo en EEUU... ¿Será realmente hipocresía o simplemente adaptación? Un poco como hacemos todos, con más o menos conciencia de ello, ante el avasallante "EEUU y Cía".

Me encantó la descripción de la tensión entre Sai y Gyan cuando estudiaban juntos muy concentrados pero a la vez intuían que esa concentración era solo una dilación ante lo inevitable: la concreción de su poderosa atracción mutua.


Nos vemos!

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Qué sabe nadie.

Notapor dean » Lun Ago 30, 2010 3:11 pm

Desconozco hasta que punto sabes, pero se te pone mirada de intelectual y después de leerte, aquí ando, con el cerebro como una túrmix, que no se si va o viene. Voy a esperar a que la agitación cese.

Saludos
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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Notapor Descalza » Mar Ago 31, 2010 5:59 pm

Debo decir que esto de llegar última a la cola hace que tenga que decir: estoy de acuerdo, iba a citar casi lo mismo que ustedes citaron, iba a expresar parte de lo que ya expresaron...entonces, el camino para no volverme repetitiva es intentar profundizar sobre situaciones no mencionadas o sobre las reflexiones que ustedes elaboraron.

A mí me está gustando de este libro que rompió con una idea preconcebida que tenía del relato. Pensaba que habría algún personaje (Sai) que sería algo así como el sol y el resto (cocinero, juez, hijo del cocinero) serían satélites rondando alrededor de la historia principal. Acá, en el transcurso de estos capítulos, me encuentro en cambio con que cada personaje va tomando forma propia, inclusive dejando aún un poco en las sombras a Sai, y que además estos personajes son utilizados para dar a conocer otras cuestiones como la diversidad de vivencias de la India, dentro de ella y fuera y la mirada que sobre eso nos comparte la autora. Es decir, no son los personajes, son las concepciones, los sentimientos, la ubicación de los mismos en la historia milenaria de un país, en una casta determinada, con sus ambiciones, sus supersticiones, sus creencias, sus caracteres, forjados en una cultura que nos es de difícil comprensión, los protagonistas. Yo siempre pienso que para entender a un sector cultural hay que inculturarse y aún así nos llevaría años poder captar todos los códigos y matices.

A mí me impactó la vivencia del juez (soy malísima con los nombres) me impactó esto de sentirse tan diferente al resto de la raza humana en Inglaterra, algo así como un paria de una sociedad en la que parecía inconcebible encontrarse con pobres, porque desde la distancia y la admiración uno ve las glorias, las oportunidades, el brillo, pero cuando se acerca también indefectiblemente se encuentra con la miseria. Aquí, en medio de una cultura que no entiende el característico olor que emana de un hindú, producto de su alimentación, él mismo comienza a replantearse su propia validez, sus propias costumbres, su propio ser hasta sentir vergüenza de ser quien es, hasta desdibujarse de tal manera que ni siquiera se atreve a sonreir (qué imagen fuerte no querer reír para no mostrar sus dientes) no se atreve además a mostrar ni un ápice de su piel.
Permítanme contarles algo: en mi ciudad, Mendoza, hay una gran cantidad de población boliviana, aquí prospera mucho el cultivo de ajo y la comunidad boliviana ha sabido esparcir el arte de extraer de la tierra los mejores. Hay escuelas cercanas a mi zona que están conformadas casi en su totalidad por niños de descendencia boliviana o nacidos allá y he escuchado más de una vez a alguna docente hablar con tono despreciativo de estos alumnos: tienen olor a ajo!, comen fideos moño todo el tiempo y ellos no toman "seven up" sino "siete upi". Otra costumbre es hacer alusión a esta raza cuando uno se viste muy desentonado, colorinchado o va desarreglado:"¡parezco un boliviano!". Es decir que allí donde se encuentren dos culturas diferentes que resulten incomprensibles la una para la otra vendrá la xenofobia, el sentimiento de inferioridad o superioridad, la crítica a un color de piel, a una forma de hablar o de vestir, y la explotación, aún de los de la propia raza que ya han ganado cierta posición en tierras extranjeras, etc. etc. Eso mismo sentí que le pasaba al juez y al hijo del cocinero: no sólo son diferentes sino que son de tierras poco respetadas. Me parece que otras razas no sufrirían tanta discriminación y no tendrían que recorrer 22 pensiones hasta encontrar un agujero inmundo donde meterse. Hasta qué punto las diferencias crean barreras que, aquel jefe que intentó ser caritativo hizo huir al muchacho sólo porque le ofrecía jabón, y elementos de limpieza... la caridad de dar lo que uno cree que el otro necesita y no lo que el otro verdaderamente necesita.

¿Qué habrá significado el silbido que emite el hijo del cocinero a las jóvenes hindúes-occidentalizadas? Yo lo interpreté como gesto de ofensa o desprecio, por lo que sale corriendo inmediatamente.

Confieso que me he enamorado un poco del cocinero: es un hombrecito pensante, activo, que se busca los recursos, que brinda su afecto a la solitaria Sai, que se queja todo el tiempo pero hace y hace, que venera a las cobras de su jardín, va a lo de la doctora y no deja de lado sus supersticiones, por las dudas. Es hasta ahora el personaje que más me gusta, como una hormiguita incansable que va y viene, esperanzada, con sus pequeñas posesiones, su dignidad, su pedagogía de la "masa", su habilidad para trasnformar una realidad precaria en grandes historias. ¡Me encanta!

Podría hablar de Loli y Noni, de la incipiente atracción de Sai y el tutor, del cuidador de las hermanas (que por cuestiones ajenas a los tres pasa a ser un probable sospechoso) pero ustedes se han referido a algunos de ellos de manera brillante. Por eso me limito a citarlos:

De Pablo:
"Me parece subyace en casi toda esta parte del libro una especie de desprecio por el indio que siente no solo el resto del mundo sino el el propio indio. "
"Inglaterra se lleva los alumnos aventajados de la India a Cambridge pero los "forma" para que le ayuden en su tarea de "civilizar" ("occidentalizar") a los indios."
"Con respecto al fariseísmo que se menciona en el libro cuando se habla de las jóvenes indias viviendo en EEUU... ¿Será realmente hipocresía o simplemente adaptación? Un poco como hacemos todos, con más o menos conciencia de ello, ante el avasallante "EEUU y Cía"."

De Dean:
"El juez despierta en una época en la que los andenes estaban divididos para indios y para europeos. Eso en tu propia tierra debe rasgar el alma. Y para el juez todo son traumas."
"Me llama la atención como le reconcome el oír hablar al cocinero de su pasado, como le afecta volver la vista atrás. Y el respeto que le infunde una mujer con cara de rana, pero reina. Supongo que debe haber una peligrosa mezcla de odio y resentimiento con admiración."
"Luego tenemos otro gran ejemplo de la barbaridad de nuestro mundo, en el hijo, la gran esperanza india, chocando con la cruel realidad. Se encuentra en el paraíso deseado por tanta gente. El lugar donde los sueños se hacen realidad. El gran teatro de Oklahoma, imaginado por Kafka. Si la india nos parece enorme y diversa, la gran América no lo es menos, es también desmesurada, cosmopolita y también es inaccesible, siendo al mismo tiempo mundos completamente diferentes, como reversos de una moneda. Paradójico."


Son geniales los dos.

Saludos

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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Notapor dean » Mié Sep 01, 2010 1:55 pm

Pablo me había dejado pensativo, aunque ya lo venia estando por mí mismo, y Descalza me ha ayudado a recuperar sosiego. Lo del desprecio y el auto desprecio, y la observación de la táctica inglesa para occidentalizarlos, me dan que pensar, porque yo no había reparado, sobre todo en lo último. Lo del equilibrio entre ciencia y superstición si me dejo cavilando y confuso. Confuso, porque tampoco me había acercado con nitidez a esa reflexión, y porque es como estoy desde el principio con ese mundo. Me inclino por dar vueltas a hechos dispares. Me da por comparar, porque todo ese mundo legendario, los mitos indios, que perduran con tanta vitalidad, me confunden. La confusión viene de pensar que se trata de un lugar antiguo, culto y arraigado a nuestra cultura, si tenemos en cuenta todo lo que han aportado a nuestra civilización. A través de Persia, del Islam, aunque con retardo, nos han legado secuencias esenciales del saber. El ajedrez es una pequeña muestra, la religión y la gran no religión, el budismo, y con ello todo un enorme caudal filosófico, otra; y algo que me alucina: la numeración, el cero, no como algo despreciable, que se sabe que existe pero que se niega su existencia porque no vale nada, sino todo lo contrario, como algo esencial precisamente porque no vale nada; es el vacio, un hueco en la existencia y por eso su valor es tan importante y forma parte del todo. Ellos lo supieron ver, los romanos, gente práctica, ingeniosa y súper civilizada, no, y así andamos, celebrando dos veces el milenio. Se necesita un pensamiento como el suyo para ciertos hallazgos. Pero me pierdo, decía que andaba en comparaciones mitológicas, aprovechando que el señor Lévi-Strauss me recuerda eso, y la mitología india me recordaba otras, que han ido feneciendo aplastadas por el conocimiento; sin embargo allí continúa la suya, tan espléndida. Repito que me confunde, me parece antinatural, que pese a estar en el mundo, en contacto con las otras grandes civilizaciones desde siempre, se resistan. Además contaminados continuamente por ellos mismos, que no han dejado de generar nuevas corrientes de pensamiento y nuevos mitos. Bueno lo del cine, que comentaba en los capítulos anteriores, creo que es una buena muestra. Frente a las voraces fauces de la cultura predominante e incontestable, ellos mantienen su apuesta.

Pero creo que me voy demasiado por las ramas, así que vuelvo ahora a lo que me ha generado el comentario de Descalza. Para empezar lo que considero todo un hallazgo, porque como me pasó con Pablo, no se me había ocurrido.

Yo siempre pienso que para entender a un sector cultural hay que inculturarse y aún así nos llevaría años poder captar todos los códigos y matices.


Lo curioso es que casi siempre hay cosas en común, aunque tengamos que retrotraernos, pienso hablar de la emigración y continuamente estoy recogiendo esa sensación de no ser tan diferente, y al mismo tiempo todo lo contrario. Todas las culturas han tenido sus mitos, sus maneras de buscar explicación a las cosas importantes, y aunque hayan germinado muy lejos unas de otras a veces son muy similares. En ocasiones cambia la historia, pero el objetivo, la causa y el resultado son parecidos. Lo curioso es como dudo ahora de lo que pensaba sobre como el conocimiento había ido diluyendo esos mitos, pues creo que hemos ido poniendo otros (que no identificamos como mitos, por creernos ya en la cúspide de la escalera y por encima de la superstición), el caso es encontrar el significado. No se me había ocurrido pensar en si es necesario inculturizarse para entender al vecino. Tiene su lógica.

Pero Descalza me coloca de nuevo en la ruta de la emigración, sobre la que no paro de cavilar con estos indios.

porque desde la distancia y la admiración uno ve las glorias, las oportunidades, el brillo


Esta brillante frase, tan sencilla, es certera. He tenido y tengo relación continua con los emigrantes que vienen a España. Hay de todo claro, en algunos siempre he pensado que vienen creyendo que el dinero crece en los arboles, espero que nadie se sienta ofendido, pero es lo que he sentido tras el contacto, con algunos negros africanos, llamados eufemísticamente, subsaharianos. Su concepción del trabajo no tiene nada que ver con la europea. Cumplir un horario (el mismo que yo, que cualquiera) y ejercer un trabajo (el mismo que yo, que cualquiera), es como si les matases. Sin embargo siguen viniendo y ahora que no hay trabajo para nadie, siguen viniendo, a buscar su golpe de fortuna o simplemente a ir tirando.

Eso mismo sentí que le pasaba al juez y al hijo del cocinero: no sólo son diferentes sino que son de tierras poco respetadas. Me parece que otras razas no sufrirían tanta discriminación y no tendrían que recorrer 22 pensiones hasta encontrar un agujero inmundo donde meterse. Hasta qué punto las diferencias crean barreras que, aquel jefe que intentó ser caritativo hizo huir al muchacho sólo porque le ofrecía jabón, y elementos de limpieza... la caridad de dar lo que uno cree que el otro necesita y no lo que el otro verdaderamente necesita.


Bueno, si nos atenemos a lo que siempre hemos considerado razas, no estoy tan seguro que a un negro, gitano, procedente de un país musulmán (pobre se entiende, los jeques pueden ir a donde sea con su brillo cegador) no les fueran a tratar igual o aún peor. No hay más que fijarse en los judíos, pueblo totalmente occidentalizado, hasta el punto de ser un pilar esencial de nuestra cultura, y como les han tratado siempre por Europa. Lo de la limpieza y el mal olor es una ofensa tradicional. En España se ha utilizado mucho con respecto a pueblos musulmanes, marroquís sobre todo, nuestros incansables vecinos. Y resulta que cuando aquí los cristianos eran unos guarros (era así su cultura, también debe ser respetada), los árabes ponían fuentes y baños por doquier, con una idea del agua y de la higiene, casi sagrada. No es baladí que antes de sus rezos, y son varios al día si son buenos creyentes, se laven. También he oído decir en alguna ocasión, que los negros huelen mal, hasta puede que ellos piensen lo mismo de nosotros, pero el brillo admirativo al que hacía alusión Descalza, deforma o aclara, según, la mirada. Así que la mirada vine a tener la culpa de todo. (Me quedo más tranquilo).


La explotación, también mencionada por Descalza, entre los emigrantes mismos, da para extenderse otro rato. Y el sentimiento sobre el cipayo, como colaboracionista, al servicio de la civilización agresiva para con su pueblo, me lleva a lo que decís sobre Biju y las indias hambrientas de occidentalización. Lo he podido ver, es algo muy común, sobre todo cuando uno encuentra problemas de integración. No sabe, no puede, no le dejan, y entonces vuelve su cara hacia lo más arraigado de su tradición, se cierra y se convierte en feroz inquisidor de los mestizos culturales, de los que han tenido la debilidad de querer, no estudiar en esta o aquella rama, sino de querer estudiar en pupitres, como los blancos. Yo no tengo claro la postura que es mejor (quizá el mestizaje no sea tan malo, siempre se pierde algo, pero supongo que también se gana algo), solo intento observar y comprender.

Pensaba explayarme con la emigración porque, ya digo, por suerte he tenido desde hace bastantes años, y sigo teniendo, contacto con variados pueblos y culturas. Pero creo que ya habrá tiempo. De momento, pedirnos que entendamos a algunos de estos pueblos y que aceptemos su propuesta es pedir demasiado. Solo mencionar dos ejemplos bastante duros: los gitanos rumanos y búlgaros (de la demócrata Italia expulsaron no hace mucho a miles, de los cuales se supone que muchos habrán caído en España, por si había pocos; de Francia los están expulsando ahora, dándolos 400 euros por persona y mandándolos a su tierra, pero seguro que se darán unas vacaciones con esos euros y volverán a las andadas, porque les ha dado por no querer trabajar para comer, ole por ellos), y los musulmanes. Estos últimos presentan todo un reto para el hombre blanco, no solo no son asimilables ni moldeables (ni siquiera las generaciones que ya han nacido y se han educado en Europa) sino que exigen que su postura sea la valida y predominante, y en la medida que puedan conseguirlo, lo llevaran a cabo, que nadie tenga duda, a no ser que a alguien se le ocurra alguna genial idea, pero yo no lo veo.

Lo dejo también, porque como me enrolle no paro. No sin antes, declarar mi adhesión a Descalza en su enamoramiento del personaje del cocinero y por las mismas causas.

Confieso que me he enamorado un poco del cocinero: es un hombrecito pensante, activo, que se busca los recursos, que brinda su afecto a la solitaria Sai, que se queja todo el tiempo pero hace y hace, que venera a las cobras de su jardín, va a lo de la doctora y no deja de lado sus supersticiones, por las dudas. Es hasta ahora el personaje que más me gusta, como una hormiguita incansable que va y viene, esperanzada, con sus pequeñas posesiones, su dignidad, su pedagogía de la "masa", su habilidad para trasnformar una realidad precaria en grandes historias. ¡Me encanta!


A mí también me encanta.

Sobre la relación de Sai con Gyan, espero leer más, pero de primeras me recordó a Abelardo y Eloísa, solo espero que el juez no sea como el tío de Eloísa o que Gyan no sea como Abelardo o que Sai no sea como Eloísa. :)

Saludos
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A veces es más fácil desde la distancia...

Notapor pablom » Jue Sep 02, 2010 1:59 am

Yo advertí que se venían desvaríos e incertezas; en verdad omití decir que más que nada se trataba de forzamientos, y de allí probablemente es que surge la "acusación" de Dean hacia mi persona, nada menos que de "intelectual". :lol:

Es que realmente, hay partes de mi comentario en donde la cosa se pone farragosa, pero ese fue mi mejor acercamiento a lo que quería decir, lo cual desde luego no quiere decir que haya logrado decir lo que quería.
En realidad ni siquiera sabía lo que quería decir.
En dos palabras, me gusta mucho el libro... pero (o mejor dicho, y por lo tanto) "me puede".

Además comparto con Dean esa sensación de confusión y creo que puede venir de la profusión de ideas conexas que surgen del libro, siendo muy difícil hacer centro en algo; bastaría con mencionar el tema del budismo y su origen a dos cuadras de donde sucede buena parte de nuestra historia. Después toda esa cuestión de la discriminación entre pueblos, tan actual y tan cercana. Tantos temas...

Creo que lo mejor sería seguir leyendo.


De todos modos y con respecto a vuestros comentarios quisiera destacar:

Las oportunas alusiones de Dean a dos libros de Kafka.

La observaciones de Descalza acerca de cuáles son los verdaderos personajes y cuál la verdadera caridad.

Lo del cero y su relación con el vacío, conceptos tan relacionados con el budismo y tan poco con nuestros adorados ancestros romanos-europeos-occidentales, de los que hace cinco minutos nos tomábamos para discriminar a los demás latinoamericanos.

Y este párrafo, para mi gusto clave en relación con el libro, aunque no sepa explicar porqué:
"Es la contaminación, que lo abarca todo negativamente ... Está claro que es producto de una dominación, del respeto a una grandeza exterior, de un pesimismo atroz, complejos adquiridos, que pesan como una losa en el ánimo del indio. Pero India además es distinta, ya lo hemos dicho, y me parece que están siempre prestos a la marginación..."


Finalmente quiero decir que a mí me gusta esa Sai entre sombras (la intuyo interesante). Y que estoy agotado.
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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Notapor dean » Jue Sep 02, 2010 3:57 pm

Entonces te dejaremos descansar.

Por poco tiempo.


Saludos
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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 8-14

Notapor Descalza » Jue Sep 02, 2010 9:49 pm

Este es el desaforamiento inicial de siempre...ya nos iremos tranquilizando al punto de dormirnos en los laureles jajaja y qué bueno! porque se disfruta más: yendo despacio se contempla mejor el paisaje.

Pablo, descansá tranquilo.
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