Y yo era tan inocente que pensaba que esos autores eran exóticos y venían de lejos como sus personajes. Resulta que la tenia aquí al lado y eran tan españoles como yo. Era gente culta, ingenieros, arquitectos, abogados. Muchos de ellos represaliados por ser republicanos. Silver Kane inicio una brillante carrera como novelista truncada por la censura franquista, que le tildó de rojo y pornógrafo. Clark Carrados era, sin embargo, franquista y funcionario de prisiones, y ayudaba a sus compañeros las numerosas veces que estos pasaban por la cárcel. Es algo que no deja de admirarme y que he visto en más ocasiones. Las ideas separan en bandos a los hombres y les enfrentan. Curiosamente en algunos casos, la camaradería y la humanidad consiguen superar esas estúpidas barreras.
Corín Tellado López
Marcial La Fuente Estefanía
José Mallorquí
Clark Carrados era Luis García Lecha
Curtis Garland era Juan Gallardo Muñoz
Lou Carrigan era Antonio Vera Ramírez
Keith Luger era Miguel Oliveros Tova
Silver kane era Francisco González Ledesma
Estos autores han vendido incontables novelas. Un número extraordinario. Corín Tellado, creo que esta en el Guinness. Escribían y publicaban una novela por semana. Ahora sumemos a la lista de ventas todo lo que se cambiaba, lo que pasaba de mano en mano sin ser comprado y los números ascenderán hasta la estratosfera.
Yo primero fui de comics, tebeos llamados en España, ya que uno de los más populares llevaba ese nombre T. B. O. Luego, como le comenté a Jenofonte, a través de mis padres llegué a las novelitas. Mi madre leía ávidamente a Corín Tellado, y mi padre especialmente a Marcial La Fuente Estefanía, pero este, después de leerle mil novelas, me resultaba muy repetitivo y busqué refugio en otros autores. En la mayoría de los sitios donde yo cambiaba los tebeos y mis padres las novelas, no aceptaban los muy viejos y rotos, eso en teoría, porque yo siempre me los encontraba destrozados. Como mis ganas de leer superaba a la aprensión originada por entregar tebeos en buen estado y recibirlos en las últimas, al final terminaba con ejemplares inservibles. Iba a la Cuesta de Moyano, un lugar idílico y emblemático en Madrid, para los libros, nuevos y usados; una cuesta que sube desde Atocha a El Parque del Retiro, allí me hacía con ejemplares muy baratos, nuevos o casi nuevos, a muy buen precio y volvía a comenzar la rueda de cambios. En muchas ocasiones era obligado repetir, por lo que no me importaba desplazarme con mis tebeos los kilómetros que hiciera falta para tratar de encontrar género nuevo.
Saludos nostálgicos

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