por dean » Jue Ago 26, 2010 3:58 pm
Mis incursiones en la, para mí, impenetrable India, son muy escasas. El primer conocimiento estudiantil de su civilización me causó sorpresa. Luego las referencias sobre su influyente y rica religiosidad, bañada de múltiples formas. Sus epopeyas literarias: el Ramayana y el Mahábharata. Toda esa incomprensible división en castas y el cruel destino de los parias. La carne sagrada intocable a pesar del hambre atroz. Las colosales figuras de Teresa de Calcuta o Vicente Ferrer. Gandhi. La imagen que se me quedo grabada leyendo a Kapuscinski: “Los niños no se abalanzan sobre el arroz, éste es propiedad de la anciana; tienen inculcado algo, algo más fuerte que el hambre.” En fin, todo ese espectáculo al que asistimos alucinados desde el otro lado del cristal. Pero hay otro hecho, más frívolo si se quiere, que en su día me causo conmoción. Hace bastantes años me tragué todo un ciclo de películas hindús, eran distintas a todo lo que conocía, al cine más trepidante yanqui o al lento ritmo del cine de autor. Y lo que más me sorprendió fue saber, que se trataba del mayor productor de películas, muy por encima de Estados Unidos. La respuesta clave, al parecer es, que les encanta su cine, tan diferente, tan original, yo incluso añadiría que ingenuo, (pero eso es producto del recuerdo brumoso que tengo de aquellos días). Cómo es posible que Hollywood no haya conseguido venderles la moto, es un misterio para mí. Mi estupefacción se acentúa con la lectura de este libro, donde advierto cierto complejo de inferioridad con respecto al “blanco”. El trauma que lleva a cuestas el juez, su eterna alerta ante la humillación, el enorme respeto que parece respirar por lo inglés. Si se tratara solo del juez sería un caso aislado, pero parece que la cosa es más preocupante cuando el cocinero siente como una humillación el trabajar para el juez, cuando su padre solo lo había hecho para blancos. Mientras, el hijo está aprendiendo, lejos de sus raíces, la dura lección que significa ser de una casta inferior. Todo se descoloca, la casta superior es sin duda el hombre blanco y esto no se deviene de misteriosas leyendas o singulares epopeyas, sino de la superioridad bruta, de la victoria del lado aparentemente más práctico de la vida o de la filosofía menos profunda. Por eso se me hace difícil conciliar su cinéfila resistencia, su recia impermeabilidad, con esos sentimientos acomplejados, donde lo blanco es bello y lo oscuro hay que frotarlo mucho.
Saludos
"No puedo hacer frente a mis miedos, me da miedo". (Bob Esponja)
Mis lecturas:
Un artista del mundo flotante - Kazuo Ishiguro