Las ratas - Miguel Delibes

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Las ratas - Miguel Delibes

Notapor dean » Sab Ago 14, 2010 1:44 pm

Esta novela me ha encantado. La acción se desarrolla en un ambiente rural de la España profunda. En las novelas de Delibes suele ser lo que él conoce de primera mano: el agreste norte de Castilla, generalmente pueblos remotos o ciudades pequeñas de provincias. En ese escenario, hubo un tiempo, en que alguna gente vivía en cuevas. Poco a poco y con el esfuerzo de los políticos de turno, esa costumbre fue desapareciendo, siendo los abuelos del Nini de los últimos en abandonar las cuevas, pero en esta ocasión por fuerza mayor.

El Nini, un niño, es el protagonista absoluto de la novela. Él y su padre: el tío Ratero, junto a la perra ratera Fa, son los únicos en toda la zona que se mantienen en sus trece de vivir en una cueva, cueva que hasta han acondicionado con una chimenea. Otra peculiaridad importante es que viven de las ratas de agua, las consumen y venden, es su único medio de vida. Parece mentira, pero al leer el libro, pronto deja de extrañar que la gente coma ratas, es más son consideradas entre los lugareños, todo un manjar. El gobernador y por extensión el alcalde, ponen todo su empeño en que no haya nadie viviendo en cuevas, para eso el alcalde realiza tentadoras ofertas e incluso amenazas al tío Ratero. El tío Ratero, que apenas es capaz de esbozar dos frases seguidas, que cuando le hablan se rasca el cogote pensando en que quieren decir, solo tiene una frase: la cueva es mía. En alguna ocasión utiliza otra, cuando uno de los personajes antipáticos del pueblo, El Undécimo Mandamiento, la clásica mujer mandona y metomentodo, le intenta convencer para que le Nini vaya a la escuela y abandone la vida salvaje, sobre todo dadas las posibilidades de que hace gala el Nini, entonces el tío Ratero dice: el Nini es mío. El Nini pone de nombre a su fiel perra, Fa, aunque a él le gustaba otro nombre más rimbombante, para que el tío Ratero no tenga que hacer mucho esfuerzo para llamarla. El Nini, aún siendo un niño, tiene la cabeza mucho mejor amueblada que su padre. Y es que el Nini es muy especial, sabe muchísimo de la naturaleza, de esa ciencia infusa que se desarrolla en el campo. Lo aprende todo sobre eso, escuchando a los que tienen experiencia y observando: costumbres de los animales, caprichos de la meteorología. Es como un oráculo para la gente del pueblo, que respeta mucho sus conocimientos. Su palabra, acerca del tiempo o de los animales, es tratada como palabra de Dios. Hay un personaje en el pueblo, El centenario, un anciano con muchos conocimientos sobre las cosas del campo. Tiene la cara medio comida y se la tapa con un trapo negro. Los niños del pueblo solo se acercan a él para levantarle el trapo y salir corriendo riéndose. Su hija quien le atiende, le trata mal. Con el Nini, sin embargo, tiene un lazo especial, el Nini acude a él para resolver dudas, sobre las nubes, el sol, los pájaros…

Se le acusa en algún momento de que no se divierta como los demás niños, que no ría. Pero en soledad el Nini sí sabe reír. En una ocasión, la mujer del alcalde le propina una injusta bofetada. El Nini no rechista, espera a la noche, roba gasolina en la finca del rico del pueblo y la vierte en el pozo del alcalde. Este al probar el agua al día siguiente se convence de que hay petróleo en el subsuelo. Va a la ciudad se lo comunica al gobernador y este manda inspectores. El pueblo entero se entera de la noticia y se arma la fiesta soñando que son ricos. El Nini se parte de risa en su cueva. A solas.

"En la cocina los invitados hablaban y reían sin fundamento, excepto el tío Ratero que miraba estúpidamente, sin comprenderlos. Las narices y las orejas eran de un rojo bermellón, pero ello no impedía que los hombres se pasaran la bota y la bandeja sin descanso. De súbito, el Pruden, sin venir a qué, o tal vez porque por San Dámaso había llovido y ahora lucía el sol, soltó una risotada y después se dirigió a el Nini en un empeño obstinado por comunicarle su euforia:
--¿Es que no sabes reír, Nini? –dijo.
--Sí sé.
--Entonces, ¿por qué no te ríes? Échate una carcajada, leche.
El niño le miraba fija, serenamente:
--¿A santo de qué? –dijo.
El Pruden tornó a reír, está vez forzadamente. Luego miró a uno y otro, como esperando apoyo, mas como todos rehuyeran su mirada, bajó los ojos y añadió oscuramente:
--¡Qué sé yo a santo de qué! Nadie necesita un motivo para reír, creo yo."


El final tiene un componente trágico que no voy a contar. Me ha impactado la sabiduría de un niño, sus sencillas reflexiones, sus conocimientos tan reales, tan sólidos, tan maduros, sobre la humanidad, sobre la tierra que pisamos, sobre la inescrutable naturaleza al fin y al cabo.

"El tío Ratero no pretendía exterminar a las ratas. En ocasiones, si la perra hacia una muestra y él observaba a la entrada de la hura cuatro yerbajos resecos, la disuadía:
--Está anidando, vamos.
La perra se retiraba sin oponer resistencia. Entre ella, el Nini y el tío Ratero existía una tácita comprensión. Los tres sabían que destruyendo las camadas no conseguirían otra cosa que quedarse sin pan. Las ratas se reproducían cada seis semanas y de cada parto echaban cinco o seis crías. En definitiva, una camada suponía, por lo bajo, cuarenta reales que no eran cosa de desdeñar. Análoga actitud pasiva adoptaba la Fa si la cueva se abría bajo el nivel del agua, a sabiendas de que su participación era inútil. En esos casos, el tío Ratero había de valerse por sí mismo. Colocaba la mano derecha en el cieno del fondo adaptando la concavidad de la palma a las dimensiones de la hura; luego pinchaba con la izquierda y el brusco chapoteo de la rata al huir le advertía de su presencia. A poco sentía en la piel un cosquilleo viscoso y entonces cerraba de golpe su mano poderosa e izaba triunfante a la superficie la presa asida por el morro. Le bastaba un violento tirón del rabo para quebrarle el espinazo."


Saludos
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Re: Las ratas - Miguel Delibes

Notapor pablom » Lun Ago 16, 2010 5:51 pm

Para mi gusto, una historia muy original...

De entrada, interesante esto de que hubo un tiempo, en que alguna gente vivía en cuevas. Y entiendo que no hace tanto...
Estremecedor lo de toda una economía familiar basada en las ratas de agua.

Los personajes, entre pintorescos y entrañables; y ya desde los nombres; creo que "El Undécimo Mandamiento", si no entendí mal, es el nombre más gracioso. :lol:

El conocimiento de primera mano de la naturaleza por parte del Nini parece contener toda una lección.

El tío ratero es mucho más dueño que muchos grandes propietarios actuales. :angry:

Lo de la risa parece tener un significado que probablemente como no he leído el libro, no alcanzo a entender.

Una vez más, Dean, el mejor vendedor de Delibes. :thumbup:
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