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Una conversación con Dean me despertó la nostalgia de esos tiempos idos cuando la pobreza no era impedimento para leer. Puede que lo que leíamos no fueran monumentos literarios, pero como dijo Chesterton, nos hacía arder la imaginación. Las novelitas eran cambiadas, leidas y vueltas a cambiar hasta que casi se caian a pedazos. Había categorías, el montón de las nuevas, el de las menos nuevas y el de las que, sin tapas, parchadas y pegadas, su cambio era más barato. Ahora dirían que estaban llenas de microbios, pero eso ¿a quién le importaba?, lo que importaba era leer, que venía a ser casi como respirar. Leíamos al ir al Colegio, en los recreos, antes de comer, después de comer, sanos o enfermos, a la luz del sol o de la luna, o por último, con la amarilla y temblorosa luz de una vela.



La mayoría de la humanidad, con su mayoría de libros vanos y palabras vanas, nunca ha dudado ni dudará que el valor es algo espléndido, la fidelidad digna de alabanza,
las damas en peligro deben ser rescatadas y los enemigos vencidos perdonados.G.K.Chesterton, Una defensa de las novelitas de a penique