Quién iba a pensarlo es una expresión, como No te puedo creer o No me digas... No significa que en realidad no se crea lo que nos están contando o que no queremos que nos digan las cosas, solo son expresiones. Entonces, el haberla usado no significa que no lea los comentarios de los demás o que leyéndolos no los tome en cuenta, solo fue un decir, nada más...
En lo de Brilling es posible que el autor haya forzado un poco el argumento en bien de su personaje, puesto que si Fandorin estaba metiendo las narices en lo que no debía, lo que hubiera hecho un conspirador con poder, pero razonable, es enviar al impertinente joven, en lugar de Londres, a Tomsk, a que envejeciera tranquilamente vigilando desterrados polìticos. Pero tal vez quería meter en la novela un componente londinense, de largo abolengo en cuanto a investigaciones policiales.
En los detalles, la novela resulta una buena mezcla de Agatha Christie, Ian Fleming, Dostoievski, Dumas y Ellery Queen. Y se nota que Erast Fandorin tiene algo de James Bond, de Sherlock Holmes, de Nick Carter y de D'Artagnan..., por lo menos.



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