En realidad es en el Capìtulo decimocuarto donde el relato da un giro de 180 grados. Quién iba a pensarlo, que el mismísimo jefe de Fandorin estuviese involucrado en el complot. Ahora la acción va en bajada, vertiginosa, el mundo se le da vuelta a Fandorin, aunque hay que notar que como dice su nuevo amigo el conde, es un hombre de una suerte extraordinaria. Porque es una gran suerte que haya salido bien librado de la feroz metida de pata que significó el entregar su arma (¡no confies en nadie, Fandorin!, alguien debiera obligarlo a escribir esa frase del manual del agente secreto unas cien veces).
Luego de salir bien librado y consiguientemente subir rapidamente de categoría, viene el encuentro con la hermosa muchacha, objeto de uno de sus primeros y torpes interrogatorios con que inició su carrera de policía de la secreta. Todo hace ver que si bien solo conocemos los sentimientos de Erast, la muchacha le manifiesta una evidente simpatía, sin contar con que el joven ya no es un oscuro escribiente de la policia, sino un ya destacado agente especial de la Tercera Sección. El favor que ha ganado frente a su general hace presumir que no serían demasiados los obstáculos para acceder a Lizzy.
Finalmente, en el capìtulo 15, de nuevo el ingenuo Fandorin se va a meter al centro de la telaraña tejida por la terrible conspiradora que resultó ser Lady Esther. Todo calza ahora, durante décadas la dulce dama se ha dedicado a fabricar una elite destinada a destacarse por encima de los demás en todos los ámbitos, el polìtico, el científico, el artístico, ¿falta el religioso?. Como dice Fandorin, en principio la tarea es loable, siempre lo ha sido el sacar a los desvalidos de su desmerecida situación, pero lo que es cuestionable es que aplique eso de que el fin justifica los medios y no trepide en eliminar violentamente a las personas cuando es necesario para sus fines, ya sea para obtener fondos o para despejar el camino.
Ya me parecía que era demasiada la generosidad, Time danaos et dona ferentes, temo a los griegos que traen regalos, en el fondo lo que persigue lady Esther es el poder. No es que sea ella la que manda, pero debe sentir un profundo placer al mover las piezas en el tablero del mundo.
Fandorin ha descubierto la trama, como siempre ingenuamente, por supuesto, desafiar a la implacable dama en su propio recinto y sin haber tomado los resguardos necesarios ha sido el último de los errores de principiante en que ha caido nuestro héroe. Solo queda esperar que lo salve uno de esos recursos con que cuenta, obtenidos de la muy completa educación que ha tenido...
Solo me quedan dos capìtulos para terminar la novela, supongo que estarán destinados a atar los últimos cabos y establecer de que manera se termina el ambicioso imperio de lady Esther, aunque es de suponer que muchos de sus seguidores continuarán ejerciendo sus hablidades. Este sería el comienzo de la carrera de Erast Fandorin en la Tercera Sección, en beneficio del Zar y de Rusia...
[align=center]

[/align]