por pablom » Dom Oct 18, 2009 9:28 pm
He leído vuestros comentarios y si bien se me ocurren varias cosas quiero hacer centro en un tema:
El de la insatisfacción constante (es que si no fuera por ella no nos preocuparía tanto esa detención del tiempo que menciona el cuento).
La insatisfacción, decía, y su relación con otros dos temas:
a) la alienación en el trabajo y
b) el deseo de consumir más y más
Acerca de cuánto “ayuda” el trabajo (tal como se lo concibe en la actualidad) a nuestro malestar deseo citar algo de Erich Fromm:
(Refiriéndose al artesano medieval) “Trabajaba con interés, con cuidado, y no se aburría. La mesa que hacía era hija de sus esfuerzos, de su experiencia, de su capacidad y de su gusto: era un acto creativo ... Intervenía en muchas actividades comunes, como en coros, danzas y oficios religiosos ... Ni el artesano ni el campesino vivían de ver a otros afanarse, disfrutar o padecer. Lo que llenaba sus vidas era consecuencia, en gran parte, de sus actos y experiencia. Y ni siquiera el artesano, muy superior económica y socialmente al campesino, tenía mucho, aparte de su casa y de sus herramientas ... No quería tener ni consumir más, porque el fin de su vida no era adquirir riquezas, sino emplear productivamente sus facultades y disfrutar el ser."
(Y eso que no había leído a Aristóteles; ver La Política, por Lucas).
Fromm continúa diciendo:
"El hombre contemporáneo de la sociedad cibernética está rodeado de tantas cosas como estrellas hay en el cielo. Desde luego la mayoría de ellas las ha producido él. ¿Las ha producido él? Lo que produce el obrero de una fábrica gigantesca es ... ninguna cosa, nada.”
Y luego explica de qué manera el ingeniero, el director, etc. tampoco pueden considerarse productores de la cosa. Y para completarla, la cosa, a nadie interesa por su valor real de uso, sino por el valor ficticio de uso, creado por mi amada publicidad. Pero todo esto último ya es historia bien conocida ¿no?.
Y siguiendo de alguna manera con el tema del consumo, que no aplica aquí solamente al consumo de cosas materiales sino también al de “nuevas sensaciones” (que van desde andar en bicicleta sin manos hasta acostarse con un marciano), me gusta pensar en Kierkegaard y en su obra “La pureza de corazón es querer una sola cosa.”
En palabras de Barylko, “Lo común ... es querer muchas cosas, estar desperdigado entre miles de amores, afanes, adhesiones, quereres, devociones, anhelos y, en fin, ese mar de objetos y sueños que nos va tironeando del alma en distintas direcciones. Lo normal es la fragmentación, producida por la pluralidad de quereres. Tanto querer, consecuentemente, acarrea una minimización del ser. Más cosas queremos, menos somos. La multiplicidad de amores o adhesiones lleva implícita la fragmentación del ser y su empobrecimiento como unidad.”
Por lo demás, me ha gustado mucho la parte en que Lucas relaciona el cuento con la circunstancia de que “la gran mayoría de las personas hacen lo imposible por evitar los momentos de quietud que puedan llevarlos a la reflexión.”
P/D: Sra. F: Gracias por tener presente a Huxley.
Mis lecturas:
- Ninguna... (Sólo aumentando la plusvalía de quién no lo merece)