El espejo que huye - Giovanni Papini

Espacio destinado al debate y análisis de la presente lectura.

El espejo que huye - Giovanni Papini

Notapor Lucas » Sab Oct 10, 2009 11:49 am

Cuento corto.
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Re: El espejo que huye - Giovanni Papini

Notapor marcia » Sab Oct 10, 2009 11:27 pm

Voy a empezar para romper el hielo.
El cuento de Papini tiene un tinte de tristeza, uno lee y la primera cosa que se nos cruza por la cabeza es descubrir que la humanidad está yendo hacia... la nada.
Lamentablemente es así, el presente no tiene otra finalidad u otra razón de ser que ser el camino hacia el futuro.
Un camino tantas veces tortuoso, triste, penoso de recorrer.
Pero que lo hacemos tratando de animarnos con la recompensa que hay en su final: el futuro. Y en él, la felicidad, en él, el momento de disfrutar del placer merecido y tan bien ganado.
Y... cuando llega el futuro?
Cuando sabemos o nos damos cuenta de que ese momento por fin llegó y al fin podemos detenernos en la marcha para sentar y gozar de él?
Creo que en nuestra sociedad y en la época en que vivimos, ese día nunca llega, porque en realidad, siempre vamos por más, siempre el hoy es en función del mañana.
Hasta que llega nuestro día final y no tenemos la oportunidad de hacer el balance o de parar y mirar para tras. Ni que decir de disfrutar del resultado de tanta lucha...
Para mi, la imagen del cuento en que el tiempo se detiene, cuando se paraliza todo y el personaje se pregunta: sos feliz en lo que estás haciendo ahora? es un llamado y me dice: hay tiempo para todo y hay que disfrutar de cada momento y acción que realizamos.
El futuro... es hoy.
Dean, muy buen cuento.
Ya conocía a Papini, y me sigue gustando.
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Re: El espejo que huye - Giovanni Papini

Notapor dean » Dom Oct 11, 2009 3:30 pm

Me refugio en las palabras de Marcia, encuentro que está muy bien lo que dice.

hay tiempo para todo y hay que disfrutar de cada momento y acción que realizamos.
El futuro... es hoy.


El señor Hombre dice que:

Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en el porvenir; no prevén ni proveen.

Me da la impresión que el narrador, reivindicando a esos salvajes, trata de aleccionarnos sobre la trampa del progreso. Sobre el peligro de perseguir un mañana que nunca llega. Como una zanahoria que nos pusieran frente a los ojos. Siempre en movimiento. Pero es un engaño, porque el mañana siempre huye hacia delante.

Sin embargo no puedo evitar pensar en el pasado, que dejamos ardiendo atrás. Un refugio al que escapar en caso de que todo se detenga o de que el muro sea demasiado alto. El hoy está hecho de ayeres. Y pienso en esos actos destinados a hacernos perdurar en el tiempo, a sobrevivir, a formar parte de ese futuro inalcanzable.

Saludos.
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Estéis preparados

Notapor pablom » Dom Oct 11, 2009 9:59 pm

La primera impresión es amarga. Uno se queda detenido precisamente en la parte del cuento en que todo queda detenido (figura tremendamente fuerte). Y es muy difícil no desesperarse y angustiarse ante semejante situación.

Lo que viene después, como siempre, son las conexiones con otros textos. Una casi inevitable es:

Heidegger y su “existir es ser para la muerte”, que en términos del filósofo argentino Vicente Fatone sería:

“La muerte es el "gran" posible, gracias al cual se dan los otros posibles, los pequeños, los de cada instante. Somos "para" la muerte; y por eso po¬demos ser "para" esto, "para" aquello. Nos proyectamos hacia la muerte, somos esa proyección hacia la muerte, y por eso podemos proyectarnos hacia tal o cual cosa. Cada uno de los "mañanas" a que nos proyectamos son como ejemplos menudos de ese "mañana" único al que nos proyectamos; mañana único que no podrá ser nunca "hoy". La muerte es la posibilidad imposible, porque, a diferencia de los otros posibles, que puedo realizar, ése es el que no realizaré; jamás podré decir "Me he muerto". La muerte es la posibilidad de que todo me sea im¬posible; y como soy para la muerte, como he de morirme y nadie puede reemplazarme en esa muerte, la muerte, que puede sorprenderme ahora mismo, es la posibilidad de que todo lo que me es posible me sea imposible.”

Ahora bien, para “compensar” tengo algo de Sábato:

“¿Qué nos lleva a luchar, a escribir, a pintar, a discutir a los que no creemos en Dios, si es que, en efecto hay que elegir entre Dios y la nada, entre el sentido de nuestras vidas y el absurdo? … Creo que el enigma empieza a ser menos enigmático si inver¬timos la cuestión: no preguntar cómo es posible que se luche cuan¬do el mundo parece no tener sentido y cuando la muerte parece ser el fin total de la vida; sino, al revés, sospechar que el mundo debe de tener un sentido, puesto que luchamos, puesto que a pesar de toda la sinrazón seguimos actuando y viviendo, construyendo puentes y obras de arte, organizando tareas para muchas generaciones posterio¬res a nuestra muerte, meramente viviendo. Pues, ¿no será acaso que nuestro instinto es más penetrante que nuestra razón, esa razón que nos descorazona constantemente y que tiende a volvernos escépticos? Los escépticos no luchan y en rigor deberían matarse o dejarse morir en medio de una absoluta indiferencia. Y sin embargo la enor¬me mayoría de los seres humanos no se dejan morir ni se matan y si¬guen trabajando enérgicamente como hormigas que por delante tu¬vieran la eternidad.
Eso sí que es grande. ¿Qué valor tendría que trabajásemos y viviéramos entusiasmados si supiéramos que nos espera la eternidad?”


Otra referencia inevitable es la bíblica "vendrá como ladrón en la noche".

Algo importantísimo de este cuento: literatura que invita a la reflexión; pero también a la acción.
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El tiempo no debe detenerse

Notapor Señora Fernández » Dom Oct 11, 2009 10:43 pm

Hola amigos! ´
(Un hola especial a Márcia, qué alegría encontrarte, no nos habíamos saludado).
Esta vez sólo entro para decir que acabo de leer el cuento, ¡qué jugoso! Merece más de una lectura. Mañana releo y comento. Y buscaré alguna información sobre este señor Papini que todos parecen conocer menos yo. Ahora me interesa mucho, qué bueno esto de descubrir nuevos autores por ustedes.
Nos vemos...
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Comentario de Descalza

Notapor dean » Mié Oct 14, 2009 5:36 pm

Hace tiempo que vengo preguntándome el “para qué” de la carrera de cada día. Al leer este cuento encuentro una profunda identificación con su sentido profundo, al punto de querer robarme frases para poder explicarle al mundo que me rodea por qué mi constante pregunta me lleva necesariamente al vacío.
Será porque al igual que este hombre leo el lenguaje de los trenes detenidos y siempre he querido detener mi tren y ver si valía la pena el recorrido. Tal vez sea también porque alguna vez el tren de mi vida presente, basada en imaginaciones futuras se detuvo sin que nada pudiera hacer y todo aquello que quedó inmovilizado me recordó la inutilidad de las prisas, de las conjeturas, de los quebraderos de cabeza. El tren detenido no deja lugar a dudas: toda la vida pasada y aquella que tal vez nunca llegue pasan como en una película frente a nuestros ojos y nos muestran lo estúpidamente ignorantes que solemos ser.
Pablo hace mención a interesantísimos párrafos de algunos autores y menciona la Biblia. Hay una frase bíblica que dice: “El mañana traerá sus propios quebraderos de cabeza” como una invitación a vivir ese hoy que menciona Marcia. Esta frase podría bien haber sido base para otras tal como una que se me viene a la cabeza:” cruzaré ese puente cuando llegue al río”.
Si observamos a la sociedad actual, este cuento adquiere una significación especial. ¿Qué hacemos todos en un mundo en que las máquinas están concebidas para agilizarnos la vida y liberarnos de ciertas tareas pesadas? Lo que hacemos es llenar esos tiempos con trabajo, porque el progreso es producción incesante y si no producimos no progresamos. De hecho la era industrial sacó a las mujeres de su casa y fue concibiendo lavadoras de plato, lavadoras de ropa, etc…no para que las féminas disfrutáramos de algunas horas más de juegos con nuestros hijos, sino para que pudiéramos alejarnos el mayor tiempo posible de ellos sin dejar acumuladas pilas de ropa sucia o platos pegoteados.
El mundo moderno experimenta un vacío que creó la gran mentira del progreso. Y fíjense ustedes que la misma palabra es nada más que un eufemismo. Progresar es evolucionar, ir para adelante, avanzar, accionar…y el hombre ha involucionado, ha caído en la detención que trae aparejado el estrés, la depresión, o esa constante angustia por no hallar el sentido de la vida.
Si este cuento no fuera verdad y me refiero a la reflexión del hombre sonriente y no al de la tonta flor en el ojal, no habrían ni tantos libros de autoayuda, ni tantos seminarios intentado decirnos que la vida es eso que pasa mientras intentamos resolver miles de cuestiones, ni habría tanto ser solitario y descomprometido, ni habrían tantos “llame ya” prometiéndonos la felicidad instantánea.
Sin embargo, ¿cómo se vive sin metas? Y la meta es algo que se encuentra en un futuro cercano o lejano, pero imaginario al fin, que nos moviliza a avanzar “hacia…” Tal vez la clave sea ir andando sin perder cuenta del recorrido.
Ya saben que no soy sintética, perdón lo largo del comentario.
Quiero agradecer especialmente a mi amigo Dean, por hacer de intermediario para que pueda postear y leerlos, hasta que cuente con internet en casa.
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Re: El espejo que huye - Giovanni Papini

Notapor Lucas » Sab Oct 17, 2009 1:46 am

¡Hola a todos!
Al igual que algunos de ustedes tenía algunas referencias sobre este autor, pero es la primera vez que lo leo. Al parecer no es un autor muy difundido, a tal punto de que al menos por estos lares, cuesta bastante conseguir algún ejemplar en papel de sus escritos.
El cuento me pareció excelente, tanto como la forma de exponer las ideas de Papini. Claro y directo, sin demasiadas vueltas.
En más de una oportunidad se me ha cruzado por la cabeza el tema al que hace referencia el cuento. Trataré en lo posible de enfocar el tema sin desviarme demasiado, porque sin dudas da para mucho.
No se puede negar que lo que Papini nos quiere decir es muy cierto. Como dice Marcia, vivimos en una carrera alocada que no lleva a ningún lado, o al menos por el momento es algo que no sabemos. En incontables oportunidades me ha surgido preguntarme el “para qué” que menciona Descalza, cosa que nunca logré responder. Quizás sea algo más fácil el “por qué”. Tratando de buscarle una explicación a esto se me ocurren dos teorías que están bastante relacionadas con las citas de Pablo más arriba.
Haciendo referencia al cuento:

“Todo hombre no vive más que por lo que espera. Toda su vida está hecha de manera que, en cada instante, tiene valor en cuanto sabe que este instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendrá, cada día un día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de esperas; todo su presente está hecho de pensamientos en torno al futuro. Todo aquello que es, que es en el presente, le parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nos consolamos únicamente pensando que todo este presente no es más que un prefacio, un largo y enojoso prefacio de la bella novela del porvenir.

La primera quizás sea la disconformidad infinita que padece el ser humano. Parece ser que tenemos una habilidad especial para ver siempre la mitad del vaso vacío y continuamente vamos en busca de completarla, sacrificando disfrutar de lo que ya conseguimos. Esto va de la mano quizás del peor defecto del ser humano, la ambición. Pero estoy seguro que Pablo profundizará mejor que yo sobre este tema.
La segunda y creo yo la más importante es el hecho de que mantenernos en esa carrera evita que tengamos tiempo de pensar. Según dicen (aunque es bastante dudoso), el ser humano es un ser racional, pero es innegable que la gran mayoría de las personas hacen lo imposible por evitar los momentos de quietud que puedan llevarlos a la reflexión. Esto, sumado a la proyección constante de la vida en un futuro, quizás nos lleve al engaño de espantar los fantasmas de la última parada, la angustia que nos provoca la muerte. O como diría un cantante argentino, evitar la “rutina insoportable de pensar el final”.

Un gusto estar nuevamente desvariando con ustedes. :lol:
Saludos cordiales...
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Re: El espejo que huye - Giovanni Papini

Notapor marcia » Sab Oct 17, 2009 10:36 pm

Hola gente!!!
Sra F, hace mucho que no nos vemos, no? Espero que esté bien.
Descalza, si lo tuyo es no ser sintética, y lo hacés muy bien...
Me gustó el comentario de cada uno de ustedes, y creanme, pese a que suelo jugar diciendo que tengo mi vida programada hasta los 80 años (lo que no deja de tener su fondo de verdad), me hago la misma pregunta una y otra vez. Para qué?
A veces me dan ganas de bajar el ritmo, lo intento pero en seguida vuelvo a la correría, tratando de garantizar el futuro (como si fuera posible).
Pero hay algo que no estamos llevando en consideración: y es que vivimos en un mundo en del que el futuro, aún siendo incierto, algo podemos predecir: que, lamentablemente, no será del todo placentero.
Es decir, estaremos viejos, en algún momento dependeremos de alguien, pero lo que de sí no podremos depender es del sistema.
Que cada día excluye a nuestros ancianos, dejandolos a un lado, sin un sistema de salud que los cuide, con una jubilación que no alcanza para los medicamentos, a merced de una sociedad a que no les tiene respeto.

Creo que lo que buscamos en el final del túnel, es encender esa luz para cuando lleguemos a él.

No quiero ser pesimista, por lo contrario. Pero como dice Descalza, eso es el resultado del progreso, si es positivo o negativo, ya lo vemos, pero eso sí, estamos metidos en él, debemos seguir. Pero nada nos prohíbe de disfrutar del camino, hacer pausas, sentarse en el césped y admirar un naranjo en flor. (Ya que estamos con el tango...)
Lo siento, no pude parar.
Mejor me voy a dormir...
Hasta luego.
Márcia
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Re: El espejo que huye - Giovanni Papini

Notapor dean » Dom Oct 18, 2009 8:02 am

Como un perro me ladro a mí mismo
y escarbo en los restos de mi alma
igual a alguien que quiso ser
y se convirtió
en vapor de sí mismo, en seda
rasgada por los lebreles del tiempo


Leopoldo María Panero Blanc, de “Agujero llamado Nevermore”


Dice descalza:

El mundo moderno experimenta un vacío que creó la gran mentira del progreso. Y fíjense ustedes que la misma palabra es nada más que un eufemismo. Progresar es evolucionar, ir para adelante, avanzar, accionar…y el hombre ha involucionado, ha caído en la detención que trae aparejado el estrés, la depresión, o esa constante angustia por no hallar el sentido de la vida.


Me mueve mucho su comentario. Si comparo nuestro vacilante caminar, con la vida de algunos “salvajes”, resulta que con una mayor esperanza de vida, hemos adquirido otro montón de cosas que al parecer van con el paquete: ambición, avaricia, envidia… y una enorme insatisfacción. Vamos hacia adelante sin encontrar el reposo soñado, persiguiendo metas que nunca terminan de alcanzarse. Suspirando porque la esperanza no resulte ser una nuez hueca.

Lo que tiene la detención es que invita a reflexionar y como dice Lucas hay miedo a esa quietud. Ahí, me parece que halla el hombre moderno su particular tormento. Carece de anclajes que le permitan sentirse satisfecho. La disconformidad infinita, a la que también hace mención Lucas. Y lo peor, según el cuento, es ser consciente de que no se puede continuar, que hasta ahí se ha llegado, que no hay tiempo para más experimentos. Y a eso se suma el sufrimiento de recordar lo ridículo de nuestro paso por el mundo.

Y es que durante la mayor parte del tiempo somos piezas del engranaje, apenas números de una lista. Luego, durante unas horas, el hombre moderno se convierte en individuo solitario y eso resulta tan insoportable que pronto ansia volver a ser esclavo de la maquina. Una maquina que a falta de otros valores llene nuestro espacio.

Como creo que insinúa Descalza, con el lavaplatos va incluida la dosis de vacío existencial. Mis felicitaciones para el hombre que hace su camino al andar. Pero contemplar a alguien moviéndose por inercia, es algo que siempre me produce escalofríos.

Qué es la habitación, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación.


Leopoldo María Panero Blanc, de “Agujero llamado Nevermore”

Saludos
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Insatisfacción

Notapor pablom » Dom Oct 18, 2009 9:28 pm

He leído vuestros comentarios y si bien se me ocurren varias cosas quiero hacer centro en un tema:
El de la insatisfacción constante (es que si no fuera por ella no nos preocuparía tanto esa detención del tiempo que menciona el cuento).
La insatisfacción, decía, y su relación con otros dos temas:
a) la alienación en el trabajo y
b) el deseo de consumir más y más

Acerca de cuánto “ayuda” el trabajo (tal como se lo concibe en la actualidad) a nuestro malestar deseo citar algo de Erich Fromm:
(Refiriéndose al artesano medieval) “Trabajaba con interés, con cuidado, y no se aburría. La mesa que hacía era hija de sus esfuerzos, de su experiencia, de su capacidad y de su gusto: era un acto creativo ... Intervenía en muchas actividades comunes, como en coros, danzas y oficios religiosos ... Ni el artesano ni el campesino vivían de ver a otros afanarse, disfrutar o padecer. Lo que llenaba sus vidas era consecuencia, en gran parte, de sus actos y experiencia. Y ni siquiera el artesano, muy superior económica y socialmente al campesino, tenía mucho, aparte de su casa y de sus herramientas ... No quería tener ni consumir más, porque el fin de su vida no era adquirir riquezas, sino emplear productivamente sus facultades y disfrutar el ser."
(Y eso que no había leído a Aristóteles; ver La Política, por Lucas).
Fromm continúa diciendo:
"El hombre contemporáneo de la sociedad cibernética está rodeado de tantas cosas como estrellas hay en el cielo. Desde luego la mayoría de ellas las ha producido él. ¿Las ha producido él? Lo que produce el obrero de una fábrica gigantesca es ... ninguna cosa, nada.”
Y luego explica de qué manera el ingeniero, el director, etc. tampoco pueden considerarse productores de la cosa. Y para completarla, la cosa, a nadie interesa por su valor real de uso, sino por el valor ficticio de uso, creado por mi amada publicidad. Pero todo esto último ya es historia bien conocida ¿no?.

Y siguiendo de alguna manera con el tema del consumo, que no aplica aquí solamente al consumo de cosas materiales sino también al de “nuevas sensaciones” (que van desde andar en bicicleta sin manos hasta acostarse con un marciano), me gusta pensar en Kierkegaard y en su obra “La pureza de corazón es querer una sola cosa.”
En palabras de Barylko, “Lo común ... es querer muchas cosas, estar desperdigado entre miles de amores, afanes, adhesiones, quereres, devociones, anhelos y, en fin, ese mar de objetos y sueños que nos va tironeando del alma en distintas direcciones. Lo normal es la fragmentación, producida por la pluralidad de quereres. Tanto querer, consecuentemente, acarrea una minimización del ser. Más cosas queremos, menos somos. La multiplicidad de amores o adhesiones lleva implícita la fragmentación del ser y su empobrecimiento como unidad.”

Por lo demás, me ha gustado mucho la parte en que Lucas relaciona el cuento con la circunstancia de que “la gran mayoría de las personas hacen lo imposible por evitar los momentos de quietud que puedan llevarlos a la reflexión.”

P/D: Sra. F: Gracias por tener presente a Huxley.
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