por Descalza » Vie Nov 25, 2011 1:33 am
¡Buenas a todos!
La verdad es que la selección de este cuento nos presenta una dificultad. No es para nada fácil interpretarlo. No hay siquiera, que yo sepa al menos, algún análisis del mismo como para ver si uno va bien orientado. Por tanto es un terreno desierto que nos tocará recorrer y lo que propongo es liberarnos y darnos "permiso de hablar" para decir qué nos sugiere este relato aún cuando no tenga nada que ver, quién sabe, con lo que intentó contarnos la autora.
Del vamos lo que puedo afirmar es que el escrito incomoda, transporta a una situación un tanto loca o ilógica. En lo primero que reparé fue en la descripción de las voces y la comparativa con los colores: "Las voces se anunciaban por medio de una maravillosa distribución de colores. No sé si eran eléctricas o simplemente naturales. Antes de que prohibieran las voces, la ciudad quedaba casi a oscuras e inmediatamente reverberaban las luces rojas, verdes, violetas, amarillas, celestes, a rayas o a pintitas que anunciaban el permiso de hablar. Entonces se oía una detonación como de trasatlántico que se hunde y comenzaban a urdir los más desaforados enredos, y empezaban las voces a hablar, algunas intrépidas, otras tímidas, otras sonoras, imperiosas como en un claustro, otras desentonando o casi tristes o apagadas, otras furiosas atrayendo risas o llantos por la precipitación del permiso de hablar, tan esperado"
Se me ocurre pensar que el acto del habla, es más que una emisión de palabras. Hablar en todo el sentido de la expresión es comunicar sentimientos, emociones, pareceres. Las tonalidades con las que se reviste el lenguaje, debido justamente a eso que comunica, hace que algunas voces parezcan intrépidas, porque son expresadas con vehemencia, otras tímidas, porque son "chiquitas casi susurrantes", sonoras, las más osadas, etc. Es como que al caer la noche, cuando uno acalla esa voz que nos inventamos para los demás, y dejamos que fluya la propia, la descarnada, la auténtica, cuando se nos da permiso de hablar, pero de hablar con la profundidad de nuestra voz interior salen "tonalidades" que resuenan como la detonación que describe la autora.
Lo que sigue en el relato me encantó: "No saben los científicos que todos los desastres de este mundo se deben a la locuacidad de la gente. Por algo los animales no hablan. Ningún volcán en erupción es tan fuerte como las voces." ¿No es tan cierto? El hombre construye o destruye con las palabras, incluso se construye a sí mismo o se baja el pulgar. Un filósofo llamado Habermas opina "que no hay mente, ni actividad intelectual sin un lenguaje previo. Si todo ser humano nació en una comunidad lingüística, el lenguaje es, paradójicamente, anterior al hombre, todo el que quiso decir algo ya tuvo que suponerlo. Y agrega: Quien habla pisa una dimensión en la que aparecen claros los conceptos verdad/mentira, justicia e injusticia."
De lo anterior deduzco dos cosas fundamentales para mí: el habla expone en carne viva la racionalidad humana y a través del habla el hombre pasa a otra dimensión que no puede alcanzar cualquier otra creatura. Y esa voz única no es simple sonido al viento, tiene la fuerza de un volcán porque comunica razones y es capaz de contrariar las de los demás, es capaz de producir choques y diferencias, encuentros y consensos, etc. Considerando eso está bueno que de vez en cuando pongan cartel de SILENCIO.
Esto es apenas una introducción. Los dos primeros párrafos ya te hacen pensar como loco.
Saludos
Descalza