Moby Dick es una obra maestra de la literatura, un verdadero clásico. Ahora, que no a todos les guste es otra cosa. La novela es al mismo tiempo un relato de aventuras, la caza de la ballena, y una alegoría de la vida. La religión, los valores morales, el destino, el hombre frente a la naturaleza, el hombre frente a si mismo, son temas recurrentes en la obra. Puede en algunos momentos ponerse dificultosa de leer, pero hay que tomarla con calma, no es una novela para leer mientras llega el ascensor. Pero está muy abierta a la interpretación y como todo clásico permite nuevos descubrimientos en cada lectura.
Sí, tiene de todo, como dices, Dean, también párrafos llenos de un innegable sentido del humor:
-¡Patrón! -dije-: ¿qué clase de muchacho es éste? ¿Siempre vuelve a tan altas horas? -Ya eran casi las doce.
El patrón volvió a risotear con su mezquina risita, y pareció enormemente divertido por algo que escapaba a mi comprensión.
-No -contestó-, generalmente es pájaro madrugador: se acuesta pronto y se levanta pronto; sí, es un pájaro de los que cogen el gusano. Pero esta noche ha ido a vender, ya ve, y no comprendo qué demonios le hace retrasarse tanto, a no ser, quizá, que no pueda vender su cabeza.
-¿Que no puede vender su cabeza? ¿Qué clase de engaño me cuenta? -Y me entró una furia creciente-. ¿Intenta decirme, patrón, que ese arponero se dedica realmente, esta bendita noche de sábado, o mejor dicho, esta mañana de domingo, a vender su cabeza por la ciudad?
-Eso es, exactamente --dijo el patrón-, y ya le dije que no la podría vender aquí; que hay demasiadas existencias en el mercado. -¿De qué? -grité.
-De cabezas, claro; ¿no hay demasiadas cabezas en este mundo? -Escuche lo que le digo, patrón -dije, con toda calma - : sería mejor que dejase de contarme esos cuentos; no estoy tan verde. -Es posible - y sacó un palo y se puso a afilarlo en mondadientes-, pero me imagino que ese arponero le dejaría negro si lo oyera hablar mal de su cabeza.
-Yo se la romperé -dije, volviendo a encolerizarme ante esa inexplicable cháchara del patrón.
-Ya está rota -dijo.
-Rota -dije yo-; ¿quiere decir que está rota?
-Claro, y ésa es la razón por la que no puede venderla, me parece.Herman Melville, Moby Dick, capítulo III.
Tiene también unas descripciones en las que hasta se puede sentir el aroma:
-Queequeg -dije-, ¿crees que podemos hacer una cena para los dos con una almeja?
Sin embargo, un cálido y sabroso vapor de la cocina vino a desmentir la perspectiva, aparentemente desoladora, que teníamos por delante. Pero cuando llegó la humeante caldereta, el misterio quedó placenteramente explicado. ¡Oh, dulces amigos, prestadme oídos! Estaba hecho de pequeñas almejas jugosas, apenas mayores que avellanas, mezcladas con galleta de barco machacada y cerdo salado cortado en trozos pequeños, todo ello enriquecido con manteca y abundantemente sazonado con pimienta y sal. Aguados nuestros apetitos por el helado viaje, y al ver Queequeg ante él su plato favorito de pescado, y siendo la caldereta notablemente excelente, la despachamos con gran rapidez: entonces, arrellanándome un momento y recordando el anuncio de la señora Hussey sobre almeja y bacalao, decidí probar un pequeño experimento. Me acerqué a la puerta de la cocina y pronuncié la palabra «bacalao» con gran énfasis, volviendo a ocupar mi asiento. En pocos momentos volvió a salir el sabroso vapor, pero con diferente aroma, y oportunamente se puso ante nosotros una hermosa caldereta de bacalao.Herman Melville, Moby Dick, capítulo XV.