por dean » Lun Dic 26, 2011 2:42 pm
Jenofonte, lo leímos en Bibliotecas Virtuales, creo recordar. Lleva un montón de años teniendo un enorme éxito, por el boca a boca principalmente, y hasta cierto punto es extraño, porque no es un escritor memorable, me parece. Pero el suspense está muy logrado, y el tema que toca es muy sensible. La prueba la tenemos en este hilo y lo que da de sí. Me parece perfecta la definición de Fromm. Con otras palabras lo he leído en mis etnólogos de cabecera. Por ejemplo, en una de esas tribus raras donde se practica la sociedad igualitaria, el que alguien con ansias de poder se levante una mañana queriendo imponerse, no hubiera sido tomado como malicia, ambición ni nada parecido, simplemente hubieran pensado que se había vuelto loco y le hubieran dejado con la palabra en la boca. Y así muchas otras actitudes. Y es que no manejamos los mismos conceptos. Para Occidente los conceptos están claros, nos pertenecen y vamos imponiéndolos paso a paso, o sea que de alguna manera también vamos imponiendo nuestra particular manera de entender la locura. ¿El encerrarse en la habitación con la computadora o la consola durante todo el día, es una forma de locura? Hasta hace bien poco un señor que no pisara la calle y pasará todo su tiempo en su enorme biblioteca, era considerado un viejo loco. Ahora los llaman Hikikomoris. También recuerdo la muy especial mirada que tenia Philip K. Dick al respecto, claro, que teniendo en cuenta que él podía ser considerado loco muy fácilmente y que desde niño estuvo rodeado por esa sombra. Tenía tanta experiencia en ese campo, que conseguía cosas imposibles. Por ejemplo, una de sus esposas, que no podía con él, se rindió, e intentó ingresarle como loco, pero él se conocía tanto el tema… había tratado con tantos psiquiatras… que consiguió, no solo que le declararan completamente cuerdo, sino que convenció a los médicos de que la loca era su mujer, y a ella ingresaron. Moraleja: hay que conocerse los test al dedillo. A la esquizofrenia y el autismo, que aparece, igual que las drogas, a menudo en sus novelas, no los trataba como una enfermedad. Él consideraba que simplemente estábamos en dimensiones distintas, que las palabras y los pensamientos viajaban a velocidades diferentes, de ahí la incomunicación, que al final, la mayoría de las veces, todo parece radicar en eso, en incomunicación y en incomprensión. Más o menos, según él, poniéndonos a todos en platos de DJ y en las revoluciones optimas, el asunto quedaría solucionado. Era un caso este K. Dick, pero a mí siempre me ha hecho tilín.
Yo, pensando en los hombres y mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, que menciona Jenofonte, creo que los renglones torcidos existen, por desgracia. Inadaptación, incomprensión o invención de conceptos, lo que sea, hay mucho dolor repartido ahí. Gracias a esa gente que quiere entenderlo e intenta mitigarlo.
Saludos
"No puedo hacer frente a mis miedos, me da miedo". (Bob Esponja)
Mis lecturas:
Un artista del mundo flotante - Kazuo Ishiguro