El editor de Cervantes, Francisco Robles, está impactado (e indignado) por el suceso, ya que hace ya mucho tiempo que viene pidiendo a don Miguel que concrete de una vez la prometida Segunda Parte. Sin embargo este desconocido Avellaneda le ha ganado la mano perjudicando notoriamente su negocio.
¿Quién es es Alfonso Fernández de Avellaneda?, Robles quiere saberlo a toda costa y para encontrarlo recurre a Isidoro de Montemayor, de ocupación gacetillero.
"El tal Avellaneda se ha metido en un buen lío. Me han encargado que lo encuentre y me han pagado bien por ello, demasiado bien para buscar a un hombre, si he de ser sincero, pero necesito todo lo que me quieran dar."
Pronto descubre don Isidoro que Avellaneda no es un nombre sino es un seudónimo, y de un buen escritor además, porque digase lo que se diga, nadie puede negar que la insidiosa Segunda Parte está muy bien escrita. Las pistas no son muchas pero comienzan a aparecer los posibles sospechosos. Con algunos no es fácil meterse y don Isidoro no deja de correr algunos riesgos.
La novela es entretenida y muy interesante, ¿como no va a serlo una en que, entre los personajes secundarios se cuentan Lope de Vega, Góngora, Quevedo y Villamediana?
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[/align][align=center]Ladrones de tinta, de Alfonso Mateo-Safasta.[/align]


