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[/align]]Es usual que se comente acerca de cuan buena -o mala- puede ser una película basada en un libro. Aunque en general la tendencia de las opiniones se ha inclinado a considerar que no hay películas que hagan justicia al libro, creo que hay que hacer notar que si un libro es escrito por un escritor, una película se realiza con una participación múltiple. Entre los principales factores se pueden nombrar el director, el guionista y la actuación, factores que no siempre confluyen.
Pero, cuando se juntan un relato de Rudyard Kipling, la dirección de John Huston, un guión de Huston y Hill y actores como Sean Connery y Michael Caine, el resultado tiene que ser bueno.
Por eso es que la película El hombre que sería rey es una obra de arte del cine.
Dos soldados británicos, Danny y Peaches, interpretados por Connery y Caine, deciden dejar el ejército y dirigirse al Kafiriskan, lugar de la tierra que en ese entonces no había visto hombres blancos desde el tiempo de Alejandro Magno, con el propósito de construirse un reino propio.
Aunque tiene escenas de mucho humor, la historia es un drama, pero un bien construído, acerca de cual es el efecto que el poder puede tener sobre un hombre, por muy inocente y honesto que sea antes de tenerlo.
La actuación de Sean Connery y Michael Caine, amigos de siempre, es insuperable, la dirección de Huston, excelente, y la película no ha recibido todo el crédito que se merece.

