El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Espacio destinado al debate y análisis de la presente lectura.

El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor Lucas » Jue Dic 29, 2011 5:57 pm

[font=Century Gothic]El prodigioso miligramo[/font]
Juan José Arreola
Para ti soy un ateo, para dios soy la leal oposición. (Woddy Allen)

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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor Fugaz » Jue Dic 29, 2011 7:47 pm

Una visión de nuestro propio mundo, así lo leo y así lo entiendo, el afán de poder, la avaricia de poseer aquello que puede proporcionarlo, el desear siempre lo ajeno cuando antes de tenerlo lo hemos despreciado precisamente por ello. ¿Y después? Nada, después de todo esto nada, como en la realidad humana, que somos creo que mucho peores que esas hormigas, somos capaces de idear la forma más cruel y despiadada de lograr hacernos con todo aquello que pensamos pueda hacernos más fuertes y más ricos.

Sí, el ansia de poder tan sólo acarrea la auto destrucción, y lo peor de todo es que supuestamente lo consigue incluso entre los que nos denominamos a nosotros mismos....”seres humanos”
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El hombre que confundió a su mujer con un sobrero. Oliver Sacks
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Olfateo un divague...

Notapor pablom » Lun Ene 02, 2012 9:26 pm

Que Descalza se enoje pero se me ocurrió leer el cuento de Dean y no puedo parar de cavilar; si no escribo algo voy a enloquecer... :shocking:
Podría limitarme a decir que el relato pone en duda, denuncia, el carácter arbitrario de cada lógica (y de su opuesta) de una forma magistral...
Pero intentaré algo más.

Fugaz lo relaciona eminentemente con el poder, la avaricia y la destrucción. Y eso está muy bien. Por mi parte me he quedado más intrigado con otra parte:
Lo primero que me llama la atención es que antes de que encontrara el miligramo la hormiga en cuestión ya era “censurada por la sutileza de sus cargas y por sus frecuentes distracciones”.
Quiero decir que en todo caso el miligramo solo viene a coronar algo que es anterior al cuento y en ese caso nos estaría “obligando” a prolongar nuestras sensaciones, interpretaciones o lo que sea hacia atrás (es notable hasta donde resulta sugestivo el cuento...)

Luego, para mi gusto la pregunta sería ¿Qué es lo que se le cuestionaba cuando se la censuraba por tales cosas?
Lo de las frecuentes distracciones parece más fácil de relacionar con algo. Digamos, con cierta despreocupación respecto de lo que la mayoría consideraba IMPORTANTE; uno se distrae solamente de las cosas importantes.
Pero me cuesta mucho encontrar un sentido a este asunto de las cargas sutiles.
Quizás influido por el amigo de un amigo no puedo dejar de pensar en una hormiga repudiada por su falta de compromiso con la mayoría al momento de compartir algún tipo de carga más bien ética o moral, algo que podría ir desde su falta de preocupación por el bienestar de la comunidad hasta su renuncia a compartir una especie de culpa común a la especie...

Y esto sólo del primer párrafo...

Imaginen lo que puedo imaginar del prodigioso miligramo...
Pero por el bien de todos creo que la mejor definición está dentro del propio texto: la analogía con las alas de un pájaro y su peso justo (para volar) me parece exquisita aún cuando no tenga la menor idea de qué es el miligramo.
Y otra vez, en la línea de “La zorra y las uvas”, diré respecto del miligramo que no creo que sea importante revelar su identidad o atribuirle un significado... Pero a decir verdad, pocas veces he estado tan perdido con algo. Quizás con aquellos cuentos de Filifor...

Quiero decir que cuando logro establecer una analogía (con los últimos años de Jesús, con el surgimiento de la Iglesia Romana y su alta carga de idolatría y burocracia, con lo que sea), el párrafo siguiente me sugiere otra cosa, la mayoría de las veces desconectada del camino que había creído encontrar. Lo que se dice, un cuento extraordinario! :clap:

Una vez más, sin saber qué quiere decir, algo que suena a “verdad”:
“Los funcionarios del orden público son las personas menos aptas para resolver cuestiones de prodigios y de miligramos.”

Cerraré diciendo que de cualquier manera el tema del “JUSTO PESO” está siempre presente:
Las hormigas que llevan demás mueren antes; las que no llevan nada (burdas imitadoras de la primera) conducen el hormiguero a la ruina.
Y les dejo a ustedes para que sigan... (Me voy corriendo) :lol:

Saludos, pm.-
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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor dean » Mar Ene 03, 2012 12:17 pm

Muy interesante lo que aportáis. Es verdad que es un cuento muy abierto, quizás intrincado, por sus múltiples interpretaciones posibles, pero a mi entender, precisamente por eso, resulta muy sugerente. Ya sabéis que me cuesta mucho interpretar y que soy un negado para esa labor, pero ya que le propuse yo, estoy obligado a relatar lo que me vino en un primer momento.

Me parece importante lo que dice Pablo, acerca de cómo eran las cosas “antes”. Bueno, y pienso en lo que representa la hormiga, el ideal del trabajo y el sacrificio. Siempre laborando en aras del bien de la comunidad. Hay otros seres tan poco individualistas, pero no menos, no menos que la hormiga. Lo prioritario, lo principal, es más, lo único válido, es el bien de la especie, no existe el concepto egoísmo en una hormiga o en una abeja (creo que las hormigas son abejas que perdieron las alas, o al revés no recuerdo). También pienso, que el ser humano conserva “aún” bastante de eso, aunque cada vez más encerrado en una esquiva capsula de sus genes. También en nosotros anida aún el bien de la especie, pero ya sabemos que no igual. Claro, así a bote pronto, somos bastante más complejos. Pues yo creo que en su día, algún Neardental, algún Cromañón, o quizás algún ascendiente de los dos, se topó con un prodigioso miligramo.

Algo dentro de la hormiguita que nos ocupa no la permite estar satisfecha con ese rodar y rodar. Hay algo que no termina de entender, algo que no la cuadra. Algo rebulle en su interior. Una insatisfacción. Una pregunta que siempre queda en el alero. Seguramente solo es un sentimiento, una intuición. Por eso es perezosa, despistada… Hasta que de repente encuentra algo trascendente, una revelación. Algo, que como el arte, no es útil, es algo más, mucho más.

Por supuesto, por rebelde, soberbia, e individualista (que mayor pecado para una hormiga), es castigada. Aunque para ella es ya imposible retroceder. Es una mística, ha visto y ha levitado, ha sentido formarse las llagas en sus manos, ha encontrado una respuesta que llena sus huecos vitales. Y con su muerte, la trascendencia se hace por fin visible para todos.

Ahora viene lo bueno, cuando todos aspiran al mismo honor. Una vez descubierta la trascendencia, se hace patente que todas quieren trascender. Tal como nos pasa a los humanos. Hay algo tan importante o más que el sustento material, y algo, quizá, que nos explica. Evidentemente para unos seres preparados tan solo para girar con la rueda, eso va significar el fin. Para que la especie sobreviva y tenga éxito en nuestra naturaleza, es necesario olvidar el propio ombligo. Pensar un poquito en los demás es garantía de éxito. Y eso es una afirmación que hago yo por mi cuenta y riesgo. Nosotros tenemos la oportunidad de conciliar la utilidad y el arte; la intuición y la filosofía. Por eso evolucionamos hacia eso que llamamos progreso, de momento no nos hemos despeñado, pero no será por no intentarlo.

Saludos
Última edición por dean el Mar Ene 03, 2012 12:29 pm, editado 4 veces en total
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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor dean » Mar Ene 03, 2012 12:21 pm

Ahora, después de esta idea que yo me hoce en la primera lectura, coincido con Pablo en los golpes que devuelve como un pulido espejo. Y me contradigo. Y es que creo, que tal como dice Pablo, el cuento te deja entre dos frentes igualmente factibles.

Si la naturaleza es sabia, ¿para qué necesita un ser sobradamente preparado en términos de supervivencia, un prodigioso miligramo? ¿Con qué fin desviarle de la tarea sabiamente planeada? ¡Con las energías que se pierden! Un fin podría ser un golpe de mano evolutivo, una prueba, el progreso o la extinción. Y también, según como lo queramos mirar, el prodigioso miligramo podría ser una superchería. Un objeto extraño, una piedra negra simplemente desconocida y por lo tanto muy atractiva por su rareza. En ese caso, esos profetas, chamanes y hasta dioses, que en el mundo han sido, lo único que habrían conseguido es desviar el rumbo sabiamente planificado de nuestra especie. ¿Para bien? ¿Para mal? ¿Para llevarnos a esa locura autodestructiva a la que hace mención Fugaz?

Saludos
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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor pablom » Jue Ene 05, 2012 1:15 am

Dean viene a aclarar varios aspectos.

Me gusta esta línea de pensamiento:
La hormiga como ideal del trabajo y el sacrificio, pero siempre para el grupo. La idea de que el hombre, en algún momento, fue así, pero gracias a algo, a un prodigioso miligramo por ejemplo, se convierte en el hombre tal y como lo conocemos... entre otras cosas, ávido de trascendencia individual.

Y la mejor definición del miligramo:
"Algo, que como el arte, no es útil, es algo más, mucho más."

Por su parte:
"Evidentemente para unos seres preparados tan solo para girar con la rueda, eso va significar el fin."
Justifica claramente el porqué el cuento discurre como discurre, hasta el final.

Y finalmente nuestra “naturaleza humana” se presenta como la conciliación (al menos como la oportunidad de ella) entre la utilidad y el arte.

Pero sobre el final de sus escritos y con la sana intención de “molestar”, Dean plantea:
"Si la naturaleza es sabia, ¿para qué necesita un ser sobradamente preparado en términos de supervivencia, un prodigioso miligramo?"
Lejos de agregar opciones por ahora me quedo con la de la evolución.
Pero hacia qué?
No lo sé...

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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor dean » Jue Ene 05, 2012 11:36 am

Te compro la opción. Naturalmente no todo el que consiga tocar el monolito podrá dar el gran salto hacia adelante (Mao no pudo y mira que lo intentó).
Tienes razón Pablo, este cuento es un enreda.

Saludos
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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor Descalza » Sab Ene 07, 2012 2:56 pm

¡Amigos! Hacía mucho tiempo que no me pasaba esto. El cuento me desordena al punto de no poder arribar a ninguna conclusión certera, eso hace que no pueda elaborar un comentario. Es tan maravilloso y complejo que lo que siempre dice Dean se me ha hecho patente: es inasequible, inaprensible.
Leí a Pablo y me cuadraron perfectamente sus interpretaciones, Fugaz también habla de cuestiones que cruzaron por mi cabeza y Dean me robó todos los pensamientos y los administró de manera excelente.
Coincido con Dean acerca de la interpretación de lo que pueda significar el prodigioso miligramo. Coincido con que la sutileza de la carga y las distracciones de la hormiga pudieran referirse a ese no sé qué que uno busca más allá de uno mismo. Sentí, cuando leí ese primer párrafo, que había en las hormigas una clara descripción de la automatización en la que solemos caer y que nos lleva a trasladar pesadas cargas impuestas desde tiempos lejanos, puras imposiciones sociales y que traen como consecuencia que caigamos rendidos sin nunca haber visto brillar verdaderamente una luz en nuestro interior. Yo también me planteé el tema de las hormigas laboriosas, pero ciegas, con un mandato, con un camino predeterminado, con un destino prefijado a favor de mantener vivo el hormiguero. Hasta ese punto sentía que sin quererlo, por el sólo hecho de su distracción que le había permitido no estar tan ciega como las demás, la hormiga se me había convertido en una heroína: animándose, casi con total inocencia a cargar algo que desentonaba totalmente con las demás cargas, todas verdes, y lo había hecho con naturalidad, con un espíritu iluso, sin especulaciones. Vio allí algo prodigioso y decidió tomarlo sin planteamientos. Fue dándose cuenta que su carga era tan diferente cuando estaba en medio de la fila y va tomando conciencia acerca de lo distinta que resultaba y acá me surge el tema de: igual lo lleva al hormiguero. Porque veamos: podría haberse apartado de él, podría haber guardado, escondido, camuflado su hallazgo, pero jamás se le ocurre semejante cosa, al contrario, va hacia el hormiguero, aún sabiendo que lo que lleva es sinónimo de problemas. Lo lleva porque es lo que ha hecho siempre: caminar hacia el hormiguero, no se le ocurre otra cosa. Sucede entonces lo que suele pasar cuando alguien lleva una carga diferente: genera inmediatamente un caos, una ruptura con la normalidad, y lo raro resuena, sea bueno o malo y si eso resuena entonces quita anonimato y da notoriedad. Creo que a partir de allí, el cuento nos manifiesta la verdadera naturaleza de las “hormigas”, dado que una alcanzó notoriedad llevando un color y un peso diferente, muchas sienten la necesidad imperiosa de lograr lo mismo, sólo que ya no se trata de una acción inocente, sin escrúpulos, pura. Ahora hay una clara intencionalidad que lleva a que siga la acción autómata, que ya no pasa por transportar laboriosamente una carga verde, sino por encontrar cargas de otros colores, aunque la acción sea la misma, cargar con algo y llevarlo al hormiguero, esta vez lo que cambia radicalmente es la intencionalidad que ya no es mantener vivo al conjunto sino ser acreedor de honores y premios en forma de subsidios y descanso.
Lo otro que ocurre es que ante algún tipo de fenómeno siempre salen a la luz los sabios que intentan explicarlo y los administradores que buscan gobernarlo. Nótese que la protagonista del hallazgo ha muerto encerrada y ha gozado de la fama y la admiración después de muerta. Y nadie ha podido comprenderla antes, encerrada como bicho raro en su triste celda, nadie ha comprendido porque nadie ha preguntado.
Disculpen si no soy clara, el cuento me sacude de un lugar a otro.
Se crea una religión, un culto, salen los buscadores de prodigios ¿Falsos profetas? Aparecen los que construyen grandes edificaciones que terminan por tapar al miligramo original, van y vienen los que negocian con la idea de prodigio.
Uf! Muy sugestivo.
Los medios de comunicación también son nombrados por ahí en el cuento.

Yo les sugiero que nos detengamos un poco, siento que si pasamos este cuento de un plumazo nos perderemos de eso intangible que ronda por ahí.

ME ENCANTÓ EL CUENTO.

Saludos

Descalza

PD: jamás me enojaría Pablo, la aclaración era para Fugaz porque me la imaginaba pobre, tratando de leer los cuatro cuentos a la vez. Nadie le había aclarado cómo funcionaba a ese respecto la salita.
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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor dean » Dom Ene 08, 2012 5:43 pm

El comentario de Descalza me pone de nuevo en la órbita de mi primera impresión. Leyéndola me ha venido a la mente la escena de “El expreso de medianoche”, cuando Bill Hayes se pone a girar en la dirección contraria en la cárcel, y eso parece una grave afrenta. ¿Afrenta a qué? A todo, así de simple. Afrenta a la costumbre, a la tradición, aunque nadie pueda dar un razonamiento lógico a esa costumbre. Se ha hecho siempre así, dirán los más pacíficos. Otros sentirán herido su orgullo, entenderán que alguien pretende hacer las cosas mejor, lo que es lo mismo, alguien nos está llamando tontos, y lo que es peor: llevamos toda la vida siendo tontos, o sea somos muy tontos, lo llevamos en los genes, nuestros padres eran tontos, nuestros abuelos eran tontos... En cualquier caso es alguien que con un gesto tan simple como girar al revés está desplegando toda su rebeldía, su insatisfacción, su particular pulso hacia el orden establecido. El gesto, como digo, es tan simple, que parece a todas luces inútil. Pero desestabiliza, no al poder, primeramente desestabiliza a sus compañeros de noria, acostumbrados a la pena no quieren cambios que alteren su triste, pero tranquilo discurrir. Probablemente necesitamos algo de orden, para que todo sea más seguro. Pensemos en esa cárcel cuando el ejemplo cunda y el triste girar en la noria se convierta en un caos, unos girando en la noria a izquierda y otros a derecha. Por eso no son aceptables los prodigiosos miligramos.

Luego está lo de los genios, incomprendidos en su momento. Ser más avanzado, ir unos pasos adelante, significa soledad. Luego, abierta la senda y con la luz desparramándose por el mundo, todo dios quiere ser un maldito genio, y que le hagan santo, y beato, y que cuando muera su cuerpo permanezca incorrupto. Yo creo que los no genios hacemos bastante con saber identificar a los que sí lo son, y hacer lo posible para que estos puedan desarrollar sus ideas.

Y en lo que sigo embobado es en hacer la interpretación del cuento más sencilla. El cuento nace de un poema de Carlos Pellicer. El siguiente:


Sonetos fraternales
(Fragmento)

A Jaime Sabines

I


Hermano Sol, cuando te plazca, vamos

a colocar la tarde cuando quieras.

Tiene la milpa edad para que hicieras

con puñados de luz sonoros tramos.



Si en la última piedra nos sentamos

verás cómo caminan las hileras

y las hormigas de tu luz raseras

moverán prodigiosos miligramos.



Se fue haciendo la tarde con las flores

silvestres. Y unos cuantos resplandores

sacaron de la luz el tiempo oscuro



que acomodó el silencio; con las manos

encendimos la estrella y como hermanos

caminamos detrás de un hondo muro.


Carlos Pellicer

Esta visión me traslada a la niñez y a las muchas veces que he contemplado embobado a las hormigas, infatigables, llevando a cuestas siempre algo, cascaras de pipas era algo muy socorrido y que recuerdo muy bien. Quién sabe si no construían canoas o muebles en su madriguera. El caso es que ya me parece un prodigio llevar tanto peso encima siempre, movidas, quizá, por un deseo cósmico inimaginable. Para la protagonista de nuestro cuento llevar ese peso resulta insoportable y menos mal que encuentra algo más llevadero, pero que la termina consumiendo. Sigo atorado ahí, en ese premio inútil y trascendente, que te consume y si tendrá o no que ver con el deseo cósmico inimaginable.

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Re: El prodigioso miligramo - Juan José Arreola

Notapor pablom » Lun Ene 09, 2012 12:26 am

Descalza... Y yo que pensé que te habías enojado de verdad!!! :lol:
Lo mío, como casi siempre, era solamente para molestar. De hecho es muy cierto eso de que a Fugaz la hemos impulsado a convertirse en toda una autodidacta.

Me gusta eso de:
"Sentí, cuando leí ese primer párrafo, que había en las hormigas una clara descripción de la automatización en la que solemos caer y que nos lleva a trasladar pesadas cargas impuestas desde tiempos lejanos, puras imposiciones sociales y que traen como consecuencia que caigamos rendidos sin nunca haber visto brillar verdaderamente una luz en nuestro interior."

También parece importante el tema de que la primera hormiga encara el tema del miligramo "con naturalidad, con un espíritu iluso, sin especulaciones."
Muy a diferencia de cualquiera de las posteriores, todas asistidas por un espíritu utilitario, por una segunda intención.

Y esto realmente es para tener en cuenta:
"Yo les sugiero que nos detengamos un poco, siento que si pasamos este cuento de un plumazo nos perderemos de eso intangible que ronda por ahí."

Dean, tu analogía con la querida película “El expreso de medianoche” (no leí el libro) está muy bien.
"El gesto, como digo, es tan simple, que parece a todas luces inútil. Pero desestabiliza..."

Y en sintonía con lo que nos pide Descalza de detenernos un rato, adhiero a las palabras de Dean:
"Para la protagonista de nuestro cuento llevar ese peso resulta insoportable y menos mal que encuentra algo más llevadero, pero que la termina consumiendo. Sigo atorado ahí, en ese premio inútil y trascendente, que te consume y si tendrá o no que ver con el deseo cósmico inimaginable."

Encarado así (tampoco veo de que otra forma pueda encarárselo), me refiero a "ese premio inútil y trascendente", el miligramo se parece cada vez más a una especie de revelación mirada por la mayoría (nos incluye) con ojos terrestres...

Para tranquilidad de Fugaz, aclarémosle que nuestras promesas de llegar un poco más allá casi siempre quedan truncas; a lo sumo quedan de eterno deber para la casa...
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