Vie Nov 13, 2009 1:01 am por pablom
Me ha gustado el cuento. Concuerdo con Lucas y Dean acerca de la idea de fondo. En especial el tema de lo difícil que resulta decidir si el monje negro existe en la imaginación de Kovrin o en lo que denominamos realidad. Como si necesariamente fuesen dos cosas diferentes (Ver primera cita de Lucas).
Mi aporte tiene que ver con el tema del carácter relativo de la locura y es una cita de “La patología de la normalidad”, de Erich Fromm:
"Se considera que la salud mental es la adaptación a las formas de vida de una sociedad determinada, sin importar para nada si tal sociedad está cuerda o loca. Lo único que importa es si uno se ha adaptado ... Según la idea de la salud mental orientada a la sociedad, el hombre es sano si puede cumplir las funciones que ésta le atribuye, si puede obrar de acuerdo con las necesidades de una sociedad determinada. Pongamos un ejemplo. En el caso de una tribu que viva de atacar a otras, matando y robando, si a uno de sus miembros no le gusta robar y matar, sino que más bien se aterra ante la idea de hacerlo, quizá no sea consciente de que esta repugnancia suya, porque en su sociedad es inimaginable que a uno le disguste lo que le gusta a todo el mundo. De hecho, en toda sociedad es siempre inimaginable que a uno le guste lo que le gusta a la mayoría. Así, si un día van a pelear, él no será consciente de que le repugna matar, pero se pondrá a vomitar. (…) Ese hombre es un enfermo en su sociedad, mientras que en una tribu de pacíficos labradores sería de lo más sano.”
En otras palabras, loco es aquél que no se adapta y por ende perturba el tejido social.
De cualquier manera creo que concordaremos en que las denominadas enfermedades mentales no constituyen en sí mismas algo deseable, ni mucho menos garantizan algún tipo de genialidad; esto último se corresponde más bien con un mito relativamente común, más cercano a lo poético que a otra cosa; me refiero a que conozco personas con desórdenes mentales que no presentan el más mínimo rasgo de genialidad.
Tal como Uds. sugieren, yo preferiría hablar de sensibilidad especial y a partir de allí de sus parientes cercanos, por ejemplo el misticismo y la inspiración artística.
Y también diré que prefiero los locos inclinados a la creación antes que a la destrucción.
Ahora, siendo Chéjov médico (y tuberculoso), me gusta pensar que el cuento contiene un guiño extra del autor en el hecho de que Kovrin sufre precisamente de tisis y que esa enfermedad incluye dentro de sus síntomas cierto tipo de delirios.
Nos vemos, Pablo M.
Mis lecturas:
- Comunidad - Bauman
- El legado de la pérdida - Desai