El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Espacio destinado al debate y análisis de la presente lectura.

El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Notapor Lucas » Mar Ago 31, 2010 11:46 pm

El legado de la pérdida - Kiran Desai

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Capítulos 22-28
Para ti soy un ateo, para dios soy la leal oposición. (Woddy Allen)

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Nunca es tarde para viejos odios

Notapor pablom » Jue Sep 16, 2010 4:36 pm

Biju
Encuentra en el café Gandhi a un extraño híbrido indio-americano con el que rápidamente se siente identificado.
Considerando la jerarquía enunciada por su "ídolo" en América, Said Said, "Primero musulmán, después Zanzíbar, luego americano", advierte que el camino de Harish-Harry bien puede ser el que él andaba buscando.
El híbrido comienza respetando, por encima de cualquier otro principio, el de sus ancestros; para simplificar: la vaca sagrada (si es con donación, mejor); después desempeña sus actividades en un lugar "indio cien por cien" y recién allí comienza la búsqueda de la prosperidad mediante recetas capitalistas (que ahora parece también surgieron en la India...)
El problema con este inestable ente era que "intentaba ser leal a tantas cosas que no alcanzaba a saber cuál de sus personalidades era la auténtica, si es que alguna lo era."
Lo cierto es que en un momento, un poco al estilo Ferdydurke, el híbrido se desastibiliza gracias a una hija que "se pasa de americana", lo cual libera el odio contenido de Harish a USA.

Nota: Los indios fuera de la India (desis) lejos estaban de querer dar "la espalda a la cultura más espléndida que ha visto el mundo..." Nuevo e interesante punto de vista. Para Biju y para nosotros.


Gyan
Incluye en su "cortejo" a Sai el cuento de sus ancestros y su lucha para la Corona británica.
Pero, exaltación gorkha de por medio, Gyan termina concentrando en Sai la falta de reconocimiento que tanto ingleses como indios han tenido para con los nepalíes y hasta le echa en cara que por gente como ella, que vive gustosamente copiando a los occidentales, están como están.
A ese odio desproporcionado Sai contesta apelando (intencionalmente o no) a Gandhi (y el secularismo), al parecer, cuestión clave para lograr un poco de paz en la India.


Jemu
Volvió de Inglaterra con objetos que causarían temor reverencial pero, tal era la "ignorancia" de su familia, sólo provocaban risas. Impregnado de lo inglés, Jemu despreció el coqueteo de su esposa, despreció a su esposa por completo, a la mujer india, a lo indio todo...
"El corazón le latía bajo sus dos pechos empolvados de rosa y blanco con aroma a lavanda, bajo la borla de su marido recién regresado de Inglaterra.
No le gustaba la cara de su esposa; recurrió a su odio y encontró belleza, pero la rechazó. En otros tiempos había sido algo tan atrayente como aterrador que había provocado que el corazón se le volviese agua, pero ahora parecía no hacer al caso. Una muchacha india nunca podía ser tan hermosa como una inglesa."

Y a su vez pareció concentrar todo ese odio a lo indio en la persona de su esposa.
"A finales de año, el pavor que se tenían el uno al otro era tan intenso como si hubieran accedido a una amargura sin límite que los llevara más allá de los parámetros de lo que cualquier individuo normal es capaz de sentir. Pertenecían a esa emoción más que a sí mismos, experimentaban la ira con intensidad suficiente para naciones enteras unidas en el odio."
Luego, la respuesta de la familia de Jemu en general, y la de Nimi en particular, siempre en términos de aversión hacia lo inglés, parece venir bajo la forma de la burla y el espanto.


Yo no quería seguir pero...
Es que esta frase es tan oportuna:
"Estados Unidos era un país joven construido sobre los mejores principios, ¿y cómo era posible que tuviera tantas facturas pendientes?"
¿Alguna relación con el pensamiento de Odessa, por demás representativo del capitalismo?
"Los negocios eran los negocios. Si había que repartir tanto la mantequilla, más le valía a uno olvidarse de untar el pan. El más apto gana y se lleva la mantequilla."
La supuesta ley de vida y la negación del concepto de compensación, hasta llegar a la perversa broma del hombre de Neandertal...

Y este Achootam, que me expresa tan bien:
"Pero al menos este país es mejor que Inglaterra —añadió—. Al menos aquí hay un poco de hipocresía. Están convencidos de que son buena gente y te dan un respiro."

Y por último una interesantísima variante de la compensación, a la vez que otro ejemplo de "nunca es tarde"; también de boca de Achootan:
"«Tu padre vino a mi país y se llevó mi pan, y ahora he venido a tu país para recuperar mi pan.»"

Nota: Sea como sea, lo de la población de enanos dementes en Kalimpong entiendo que alude a que en USA hasta las ratas comen mejor que ciertos indios.
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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Notapor dean » Mié Sep 22, 2010 5:50 pm

Me he sentido realmente incomodo al leer estos capítulos, que como ha hecho Pablo, se podrían dividir en tres partes, en tres historias: Biju, Gyan y el juez. Con las tres historias me he sentido incomodo, con la ultima, con la del juez, he sentido repugnancia.

Hay un problema de identidad en las tres historias. Por diferentes motivos, Biju, Gyan y Nimi convierten sus espíritus en bunkers. (En el caso de Nimi me parece lo más normal). Y en Harish-Harry y en Jemu duerme en las profundidades el odio hacia aquello que los ha transformado. Es muy serio todo esto.

Sobre las recetas capitalistas, ahora al parecer surgidas en la India, solo se me ocurre que el concepto de mercado lleva muchos años inventado. El mercado más primitivo, cuando aún no había nadie que lo fiscalizara: compro, vendo, cambio, se parece sospechosamente a la vanguardia del capitalismo: el liberalismo, concepto, que junto al calificativo de salvaje, pone de los nervios a todo el mundo.

Y esto, y Biju y sus compañeros de fatigas, y el juez, y Harish-Harry, me dejan con la sensación que vivimos en civilizaciones fracasadas. Probablemente nacieron ya fracasadas, a lo mejor debe ser así. No pongo a un yanqui o a un español por encima de un hindú, ni siquiera, como he aprendido de Lévi-Strauss, por encima de un bororo o de un nambiquara. Supongo que en diferentes momentos hemos tomado soluciones diferentes, para los mismos problemas o simplemente hemos tenido problemas distintos, eso es todo. Lo cierto es que el transcurrir de la historia ha terminado por poner unas civilizaciones por encima de las otras. El éxito me parece una palabra llena de trampas, pero así lo medimos. ¿Que mueve a estos hombres, a estos Biju, a naufragar en el sueño americano? Su porción de éxito: piscinas, pantalones vaqueros… La frase de Achootan: «Tu padre vino a mi país y se llevó mi pan, y ahora he venido a tu país para recuperar mi pan.» Encierra una gran falacia. No ya porque no fueran los yanquis los que hipotéticamente se llevaron su pan, en todo caso fueron los ingleses, sino porque lo que mueve no puede ser ese deseo de venganza, y si así es en su caso, pobre hombre. En realidad uno va a por pan donde lo hay, otra cosa es que las grandes civilizaciones y me refiero a todas, no solo a la occidental, no se hayan conformado con un pan. También ocurre eso en la emigración, no en todos los casos se busca ese pan, se busca además, la piscina, los pantalones vaqueros, el súper coche, buenos colegios para sus hijos…, el éxito en suma, y el aspirar a llevarse la mantequilla, total, hay muy poco que perder. Esto parece más fácil en Estados Unidos que en ningún otro sitio, allí se valora el esfuerzo y las buenas ideas, por eso tanta gente quiere ir allí, quieren su trozo de cielo aquí en la tierra, y si pueden, llevarse la mantequilla. Pero tomar contacto con otra cultura implica un intercambio. Ir a casa ajena implica un reconocimiento a las costumbres de la casa y por lo tanto algo hay que dejar en la puerta, que no tiene porque ser todo ni tiene que ser negativo, también puede ser enriquecedor. Si eso le parece imposible a Biju, lo mejor que puede hacer es volver a su tierra. En el caso del vitalista Said Said, el segundo enunciado de su terna: después Zanzíbar, se irá diluyendo para terminar desapareciendo en las siguientes generaciones, entonces, el luego americano, adelantara un puesto; el primero musulmán es harina de otro costal, eso es demasiado fuerte, aunque no sé si su devaneo con diferentes mujeres y las bodas falsas, entran dentro de su liturgia, a lo mejor por ser hombre le está permitido ciertos privilegios.


Gyan me incomoda porque es más mierda sobre la misma mierda de siempre. Un discurso efervescente le transforma. Aquello que alguna vez ha pasado fugazmente por nuestra cabeza, o que no hemos sabido cristalizar, se materializa por medio de palabras hábiles, y por el poder embriagante del abrazo de la masa sudorosa y asfixiante. Algo tan poderoso como el amor pasa a mejor vida (esperemos que dure poco la borrachera), porque ha nacido un sentido de justicia y de identidad, que convierte al otro en un enemigo irreconciliable al que hay que exterminar. No soy nadie y nada sé para decir quién tiene razón. Desconozco, porque en India hay cantidad de pueblos, cuantas veces se han comido entre ellos, pero hasta donde yo sé, los musulmanes instalaron allí su puño de hierro, los mogoles, los mongoles blancos, los ingleses, etc. Y estos nepalíes que ahora son mayoría, ¿no fueron una invasión silenciosa, que además llegó allí gracias al pan que les ofrecieron los ingleses, ese otro gran enemigo? ¿Qué tienen que decir los pacíficos lepchas, hasta donde se sabe, los más antiguos originarios de esa zona? Claro que la mayoría es la mayoría, ¿pero por qué ese empeño en nacionalizarse y descomponerse en fragmentos, marcarse a fuego y distanciarse? Y una pregunta que se me ocurre: ¿puede un lepcha ir a Nepal y reclamar su pan?

Sobre Nimi, me quedo sin palabras. Simplemente Jemu ha pasado a ser otra cosa, ya lo habíamos leído y comentado, “ni chicha ni limoná”. Ofrece una buena imagen del fracaso del contacto entre civilizaciones fracasadas. Que Nimi se encierre en su concha me ha parecido lo más natural, y puede ejemplificar lo que ha ocurrido con diferentes culturas en muchas ocasiones. Cuando una otredad es tan agresiva la reacción del agredido será el reforzamiento de su diferencia. Jemu tendría derecho a ser distinto, incluso a ser “ni chicha ni limoná” si entendiera el derecho del todo el mundo a ser distinto. En fin, me quedo con esto del comentario de Pablo, que resulta muy ilustrativo del comienzo de un infierno.

Volvió de Inglaterra con objetos que causarían temor reverencial pero, tal era la "ignorancia" de su familia, sólo provocaban risas. Impregnado de lo inglés, Jemu despreció el coqueteo de su esposa, despreció a su esposa por completo, a la mujer india, a lo indio todo...


No quiero convertirme en defensor de USA. Ni sé cómo hemos llegado a este debate, siendo Inglaterra el estado que conmovió los cimientos de la India, bueno, está claro que por Biju. Hay montones de cosas que no me gustan de USA, como me pasaría con otros países si los conociera, cómo me pasa con España, con la que sí que no me da miedo ser crítico, lo que ocurre es que a USA la conocemos más todos o al menos así lo creemos. Pero si Estados Unidos no existiese habría que inventarlo. ¿A quién íbamos a echar la culpa de todo si no?

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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Notapor pablom » Jue Sep 23, 2010 12:18 am

Comparto con Dean el sentimiento de repugnancia ante esta parte de la historia del juez. Es más, acabo de releerla y me he quedado con una sensación de opresión...

De su comentario me han gustado mucho:

- el enfoque simple pero amplio de que: "...en diferentes momentos hemos tomado soluciones diferentes, para los mismos problemas o simplemente hemos tenido problemas distintos, eso es todo."
y
- la teoría de qué es lo que lleva a más de uno a probar suerte en USA (algo más que conseguir el pan...)

Luego veo como me he quedado corto con mis apreciaciones sobre Gyan (hablé de un odio desproporcionado). Dean ha sido mucho más categórico y creo que está en lo cierto:
"Gyan me incomoda porque es más mierda sobre la misma mierda de siempre. Un discurso efervescente le transforma. Aquello que alguna vez ha pasado fugazmente por nuestra cabeza, o que no hemos sabido cristalizar, se materializa por medio de palabras hábiles, y por el poder embriagante del abrazo de la masa sudorosa y asfixiante. Algo tan poderoso como el amor pasa a mejor vida (esperemos que dure poco la borrachera), porque ha nacido un sentido de justicia y de identidad, que convierte al otro en un enemigo irreconciliable al que hay que exterminar."

Con respecto a USA me quedo con la idea, madurada en el grupo anterior de capítulos, que quizás sería más justo repartir nuestro descontento por una buena parte de Occidente en lugar de concentrarlo en un solo país.
Igual, tampoco me olvido de aquel tema del "alumno aventajado". De hecho en cualquier momento se viene mi estudio sobre la revista Selecciones...
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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Notapor Descalza » Lun Sep 27, 2010 9:10 pm

¡Cuantas pérdidas se nos van graficando a través de estos capítulos!
Yo creo que el legado que deja la pérdida es básicamente el odio (Palabra destacada por Pablo). Al menos lo es en la vida de estos personajes. Los gobiernan las pérdidas y éstas a su vez los sumergen en el odio.
A mí también me ha resultado chocante esta parte, como a vos Dean. Me ha dejado un mal sabor de boca tanta desgracia provocada por las ambiciones truncadas, los sueños convertidos en pesadilla, la esperanza tranformada en una completa frustración. Entre la pérdida y el odio está el resentimiento constante. Fea manera de vivir.
Ese odio volcado a los demás que representan lo aborrecido y que ponen en evidencia la incapacidad de aceptarse a sí mismos tal cual son. Porque: ¿a quien golpea el juez sino al hindú que lleva dentro?, ¿de quién huye Biju sino del hindú que lleva adentro? aún cuando pretenda encontrarlo en ciertas costumbres al parecer intactas en un país extranjero e indiferente a su raza y nada menos que en otros que de tanto huir de lo que escencialmente eran ya no se sabe qué son.
¿De qué huyen las hermanas manteniendo intactas sus costumbres inglesas?, ¿De qué huye Gyan? de sus propia y bochornosa realidad.
Me quedan intactos Sai y el cocinero. Ellos viven como el gato de Loli y Noni, intentado disfrutar de los pequeños placeres que encierra su propia y auténtica realidad. Sí, ya sé, que el cocinero sueña con que su hijo deje de ser, pero al menos él quejándose y todo espera en la puerta la llegada de Sai.
El juez desde luego es el que más me desagrada y lamentablemente pienso que mucho se le parece Gyan: el juez odió a su mujer por ser hindú, Gyan volcará su odio en Sai por ser una BOBA que celebra las navidades y, como bien decís Dean: porque ha nacido un sentido de justicia y de identidad, que convierte al otro en un enemigo irreconciliable al que hay que exterminar. Me temo que se tornarán bastante similares. Espero equivocarme.

Por lo demás los comentarios de ambos tocan algunos puntos que había remarcado al leer y espero poder dilucidarlos un poco más antes de referirme a ellos.

Me queda esa sensación de que al parecer en la India que nos muestra esta obra todos son extranjeros, extraños en su propio país y fuera de él.

Saludos

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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Notapor dean » Mar Sep 28, 2010 5:52 pm

Ese odio volcado a los demás que representan lo aborrecido y que ponen en evidencia la incapacidad de aceptarse a sí mismos tal cual son. Porque: ¿a quien golpea el juez sino al hindú que lleva dentro?, ¿de quién huye Biju sino del hindú que lleva adentro? aún cuando pretenda encontrarlo en ciertas costumbres al parecer intactas en un país extranjero e indiferente a su raza y nada menos que en otros que de tanto huir de lo que escencialmente eran ya no se sabe qué son.

¿De qué huyen las hermanas manteniendo intactas sus costumbres inglesas?, ¿De qué huye Gyan? de sus propia y bochornosa realidad.


Es un detalle importante, este en el que haces hincapié. Es un punto interesante en el que pararse. Huir de su propia identidad, odiar con todas su fuerzas esa misma identidad. ¿Por qué? Es raro. Así a bote pronto, se me ocurre que algo tiene que ver el contacto con el mundo exterior, el conocimiento de otras posibilidades, de distintas maneras de ver la vida y para colmo ese contacto es con sociedades que parecen más avanzadas, por lo menos son más poderosas. Hay ahí un desequilibrio. Al juez le seduce el estilo británico, en ese momento nace la vergüenza y eso es solo el inicio. Pienso que ante ese contacto las reacciones son diferentes, en esta novela asistimos a varias de esas reacciones. También sigo pensando (gracias a Lévi-Strauss) en civilizaciones fracasadas. Yo diría: humanidad fracasada, aunque puede que no esté todo perdido, pero esa sensación de saber que no se ha logrado el objetivo, que así no, que así no, es aniquiladora. Ahí llegan las dudas, ¿qué camino tomar si este por lo visto no es el bueno? Es una zozobra total. Así andamos perdidos, buscando una raíz que nos sustente. Una certeza. Según me parece el poder de esa zozobra aumenta con el conocimiento de otras culturas, otras religiones, otras maneras de ver y caminar por la vida. Despojarse de parte de su identidad y seguir padeciendo el mismo vértigo causa lo que causa. Al juez le hicieron sentirse ridículo, cuando, quizás él, esperaba todo lo contrario (algo de eso dice Pablo), ¡qué desilusión! ¡Cuánta frustración! Hay algo de inadaptación en el contacto con la otredad, por ejemplo en el caso de Biju, sobre todo al topar con la distinta complejidad de las distintos modelos sociales, pero también puede ser que perciba que esa otredad no le va a aportar el grial mágico que buscamos los humanos y entonces se acuerda de su identidad atávica y en ella intenta refugiarse. Total si aquello no le satisface mejor quedarse con lo puesto, para lo que esta, además, convenientemente entrenado.
Tienes razón, Descalza. Sai y el cocinero parecen haberlo entendido mejor o seguramente ni se lo han planteado. No han sufrido ese vértigo, ellos viven ese tema de una manera natural. Sai porque ha nacido ya inmersa en ese mundo mitad y mitad y ha sido entrenada en ese cambio. El cocinero ni se ha dado cuenta de que exista un más allá, puede que ni un más acá. Su vida sigue siendo igual, con la excepción de la embajada ante los alienígenas a la que es enviado su hijo. Su única ambición es Biju y las cartas de este son suficiente gozo.

El juez desde luego es el que más me desagrada y lamentablemente pienso que mucho se le parece Gyan


Es curioso, creo que el juez pensó lo mismo, se reconoció en él y eso provocó un nuevo cataclismo en su interior. “… al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.” Pero para el juez ya es tarde, las sendas ya están andadas y apenas queda camino por recorrer, así que cuando vuelve la vista atrás solo ve frustración. Veremos qué pasa con Gyan. De momento ese mundo cambiante en el que Sai se encuentra tan perfectamente adaptada, le molesta. Es una buena excusa para desahogar su angustia.

Me queda esa sensación de que al parecer en la India que nos muestra esta obra todos son extranjeros, extraños en su propio país y fuera de él.


Me has recordado a Camus, me he ido a lo fácil, ya lo sé. Temo que sea una sensación muy internacional, no sé como de actual. Vuelvo al tema del fracaso. ¿A dónde quiere llegar el ser humano? ¿Cuál es su meta? A mí me parece que este es un mundo lleno de inadaptados. Lleno de insatisfacción. Durante siglos la filosofía y, sobre todo la religión, nos han dado la respuesta. Ahora el choque de civilizaciones es brutal y amenaza con reventar nuestros más sólidos pilares. A ver como salimos de esa.

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Re: El legado de la pérdida - Capítulos 22-28

Notapor pablom » Lun Oct 04, 2010 12:59 pm

Descalza:
Es una buena hipótesis la del odio como el legado que deja la pérdida. Personalmente prefiero pensar en que la pérdida es la única manera que tenemos de valorar algo. Pero debe ser porque hoy estoy un poco pesimista.
Lo cierto es que la frase "Los gobiernan las pérdidas y éstas a su vez los sumergen en el odio" es indiscutible en relación con el presente libro.
Finalmente, una muy acertada observación: "Me queda esa sensación de que al parecer en la India que nos muestra esta obra todos son extranjeros, extraños en su propio país y fuera de él."
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