por dean » Mié Ago 18, 2010 4:27 pm
Es una grata sorpresa tener de nuevo entre nosotros, a la flamante profesora Descalza.
El libro no puede empezar mejor, Por todo lo alto. ¡Qué bueno el poema de Borges!
Paso con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar.
Esto abre las ganas de leer.
Pensando en India y en lo que menciona Descalza en el comienzo de su comentario, y teniendo en cuenta, además, mi otra lectura de Kapuscinski, donde este país posee su especial apartado, me parece que India debe ser todo un universo. Infinidad de dioses, de castas (pues están se subdividen hasta el infinito), de lenguas, de territorios, de etnias. Según Kapuscinski las diferentes lenguas forman identidades muy marcadas, uno es bengalí, porque su lengua materna es el bengalí, y son capaces de guerrear por defender su lengua, él mismo presencia una en plena calle. En la novela que tratamos se explica un poco de pasada, el momento político en el que se encuentra ese lugar del mundo: Kalimpong. Parece un punto conflictivo, por ser un lugar lleno de diferentes identidades y ser un cruce de caminos. Hay muchas tribus asentadas allí, algunas, como los Lepcha, originarios nativos, y muchas otras emigradas. Anteriormente fue ambicionada por Sikkim (actual estado indio) y Bután, quedando bajo la órbita de este país hasta la llegada de los ingleses y su guerra con Bután. Y ha sido un lugar importante, como acceso de comunicación entre India y Tíbet. Actualmente forma parte del estado indio de Bengala Occidental.
Los nepalíes, que emigraron allí en tiempos del dominio británico, se han convertido en mayoría, de ahí sus reivindicaciones (de fuera vendrán que de casa te echarán), pero ya digo que existen muchos otros grupos étnicos. Hay también tibetanos que huyeron de la ocupación china, por lo que a pesar de ser una zona de mayoría hinduista, la importancia del budismo es relevante.
Uno de sus mayores recursos es la educación. Al parecer dispone de una interesante oferta, tanto que atrae a muchos estudiantes de los países vecinos.
Pero voy al grano. Hasta el momento Sai es una desconocida para mí, están mejor dibujados, el juez y el cocinero, sobre todo este, sobre el que descargan con fuerza los focos. Me apoyo en las sensaciones de Descalza sobre la relación padre e hijo. Como dice Descalza, el cocinero ha puesto todas sus esperanzas, la resolución de sus propias frustraciones, en manos de su hijo. El padre vive para el éxito del hijo, que es su propio éxito.
Se agacharon para recoger sus pertenencias, él con cuidado de meter las páginas de las cartas en los sobres correspondientes. Un día se las devolvería a Biju para que su hijo tuviera un testimonio de su viaje y experimentara un sentimiento de orgullo y éxito.
Y está orgulloso del rumbo que este ha tomado, ignorante, o quizá no tanto, de la dura lucha que su hijo debe soportar.
«Trabaja para los americanos», había informado el cocinero a todo el mundo en el mercado.
Y es que para el cocinero, ese primer mundo soñado debe ser toda una utopía. Algo muy común. El nativo solo conoce el oropel del hombre blanco. De esta manera se hace justicia, y la ignorancia entre los dos mundos es mutua.
Al cocinero le resultó extraño que la India llevara ventaja a la hora de hacerse de día, una curiosa contraposición que no parecía reflejarse en ninguna otra circunstancia que implicara a los dos países.
Sobre esa ignorancia pienso, que probablemente India sea el país más enigmático del mundo, sobre todo para el gran cazador blanco. He leído que por pereza, y me lo creo. Ese universo que menciono al principio, ese tejido de múltiples colores, rebosante de espiritualidad, nos resulta demasiado intrincado y no queremos perder el tiempo que necesitaríamos en intentar comprenderlo. Claro que no nos hace falta, siendo como creemos ser, el ombligo del mundo.
Muy buena la parte en la que se indican las banderas de los restaurantes. Arriba, de alto copete y del primer mundo, según moda y estilo, y debajo, en las entrañas: mexicano, indio, colombiano o tunecino.
Hay dos elementos extraños, que realzan las luces y las sombras de los personajes. Los guerrilleros y la policía. Sobre los primeros se me ocurre, que es igual a lo que percibo en otras partes del mundo. Gente que con el arma en la mano, por muy jóvenes o inexpertos que sean, se convierten en poderosos. Tienen la vida y la muerte en sus manos y lo saben, así que sus complejos entran en escena, en ocasiones desatando el horror. Les pone infligir miedo, a pesar o quizá por eso, de ser cobardes. De no ser nada importante al fin y al cabo, y eso es lo peor. Lo de la policía es dramático, y también bastante parecido a lo que ocurre en otras partes del mundo, porque no difiere mucho de la actitud de los jóvenes rebeldes. El uniforme les da el poder sobre las miserias humanas. Se regodean de la decrepitud del juez, de su actual insignificancia. Tratan de pisotear el orgullo, de descubrir las miserias del cocinero sin compasión. Ahí se sienten importantes y desatan sus complejos.
—¿Cómo se atreven a comportarse así contigo? —dijo Sai, haciendo un esfuerzo por superar la distancia mientras inspeccionaban el desbarajuste dejado por la policía en la choza.
—¿Qué clase de investigación sería, si no? —razonó él.
En sus respectivos intentos de consolar la dignidad de cocinero de dos maneras distintas, no habían hecho más que poner de relieve su ruina.
Yo no tuve la oportunidad de dar latín en el cole, así que me queda una duda. ¿Qué quiere decir esta frase?
Pisci tisci episculum basculum
Saludos
"No puedo hacer frente a mis miedos, me da miedo". (Bob Esponja)
Mis lecturas:
Confesiones de una máscara - Yukio Mishima