Christopher es un chico autista de quince años, al que le encanta el color rojo y odia profundamente el marrón y el amarillo. Es de una lógica aplastante, ya que la lógica es el elemento que intenta primar en su personalidad, y es también de una sencillez que asombra. Es un verdadero genio en materias como matemáticas y física. Las novelas no le gustan porque cuentan mentiras y él no soporta las mentiras. Sin embargo si le gustan las de detectives, porque son acertijos que hay que resolver, y todo tiene una lógica y una solución posible que hay que hallar.
La novela está contada en primera persona, o sea Christopher es el narrador y lo cuenta tal y como lo ve, pues está escribiendo una novela. Esta novela. Tiene suspense, es aleccionadora (impagables sus conclusiones acerca de Dios y de la creencia en él) y es tan especial como su personaje principal, que lo baña todo con su sensibilidad y sus pensamientos. Además añade sus propios dibujos y gráficos, con los que intenta explicar mejor sus razonamientos.
Comienza descubriendo el perro de una vecina muerto en el jardín de la calle. Asesinado, atravesado por una horca grande. No puede evitar dirigirse a él, quitarle la horca y recogerlo en sus brazos. Porque le gustan los animales. Le gustan los perros. Más que las personas, que la mayoría de las veces son amenazas. (Aquí pueden dejar sus quejas todos los contrarios a esa actitud tan poco fraternal).
Me gustan los perros. Uno siempre sabe qué está pensando un perro. Tienen cuatro estados de ánimo. Contento, triste, enfadado y concentrado. Además, los perros son fieles y no dicen mentiras porque no hablan.
La vecina sale, y al verle en el escenario del crimen le culpa. Después de ser detenido por esto y por agredir a un policía, Christopher inicia dos proyectos descomunales: escribir una novela de detectives y ser el protagonista descubriendo quién mató al perro de su vecina. A partir de ahí inicia una aventura espectacular. Tendrá que enfrentarse a grandes retos, sobre todo teniendo en cuenta sus límites. Yo me he hinchado a marcar páginas. Es realmente conmovedor.
Sus virtudes y sus carencias han despertado en mí sentimientos extraños y contradictorios. Me han hecho intuir suciedad y limpieza. La limpieza de la lógica, de las ciencias exactas, del conocimiento, del encanto de lo especial. Y la suciedad de la fobia, ilógica e irracional y vestida sin embargo de todo lo contrario para lograr una excusa perfecta a nuestras limitaciones.
Como ya he dicho me he hinchado a marcar páginas y no me resisto a la tentación de transcribir algunos párrafos que reflejan en parte la curiosa personalidad de Cristopher.
Los números primos son lo que queda después de eliminar todas las pautas. Yo creo que los números primos son como la vida. Son muy lógicos pero no hay manera de averiguar cómo funcionan, ni siquiera aunque te pasaras todo el tiempo pensando en ellos.
Una mentira es cuando dices que ha pasado algo que no ha pasado. Pero siempre es una sola cosa la que pasa en un momento determinado y en un sitio determinado. Y hay un número infinito de cosas que no han pasado en ese momento y en ese sitio. Cuando pienso en algo que no ha pasado, empiezo a pensar en todas las demás cosas que no han pasado.
Por ejemplo, esta mañana para desayunar he tomado cereales Ready Brek y batido de frambuesas caliente. Pero si digo que en realidad he tomado cereales Shreddies y una taza de té , empiezo a pensar en Coco-Pops y limonada y avena y Dr. Pepper y en que no estaba desayunando en Egipto y no había un rinoceronte en la habitación y en que Padre no llevaba un traje de buzo y así sucesivamente, incluso al escribir esto me siento débil y asustado, como me pasa cuando estoy en lo alto de un edificio muy alto y hay miles de casas y coches y personas debajo de mí y mi cabeza está tan llena de todas esas cosas que me da miedo olvidarme de seguir en pie, bien agarrado a la barandilla, y caerme y matarme.
Ésa es otra razón por la que no me gustan las novelas propiamente dichas, porque son mentiras sobre cosas que no han ocurrido y me hacen sentir débil y asustado.
Y por eso todo lo que he escrito en este libro es verdad.
Me lleva mucho tiempo acostumbrarme a la gente que no conozco. Por ejemplo, cuando en el colegio hay un miembro nuevo del equipo de educadores no le hablo durante semanas y semanas. Lo observo hasta saber que no representa un peligro. Entonces le hago preguntas sobre sí mismo, si tiene mascotas, cuál es su color favorito, qué sabe de las misiones espaciales Apolo, y le hago dibujarme un plano de su casa y le pregunto qué coche tiene, para así conocerlo mejor. Entonces ya no me importa si estoy en la misma habitación que esa persona, y ya no tengo que vigilarla constantemente.
Cuando llegué a casa, Padre estaba sentado a la mesa de la cocina y me había preparado la cena. Llevaba una camisa a cuadros. La cena consistía en alubias, bróculi y dos lonchas de jamón y todo estaba dispuesto en el plato de forma que no se tocara. Me dijo:
—¿Dónde has estado?
Y yo le dije que había salido. Eso se llama una mentira piadosa. Una mentira piadosa no es una mentira en absoluto. Es cuando dices la verdad pero no toda la verdad. Eso significa que todo lo que decimos son mentiras piadosas, porque cuando alguien te pregunta, por ejemplo, «¿Qué quieres hacer hoy?», dices «Quiero pintar con el señor Peters», pero no dices «Quiero comerme el almuerzo y quiero ir al baño y quiero irme a casa después del colegio y quiero jugar con Toby y quiero comerme la cena y quiero jugar en el ordenador y quiero irme a la cama». Había dicho una mentira piadosa porque sabía que Padre no quería que hiciera de detective.
El señor Jeavons decía que a mí me gustaban las matemáticas porque son seguras. Decía que me gustaban las matemáticas porque consisten en resolver problemas, y esos problemas son difíciles e interesantes, pero siempre hay una respuesta sencilla al final. Y lo que quería decir era que las matemáticas no son como la vida, porque al final en la vida no hay respuestas sencillas.
Eso es así porque el señor Jeavons no entiende los números.
Saludos



