Es una historia de “gente bien”, sobre la que es imposible saber la verdad, la apariencia lo oculta todo, curiosamente, sin ni siquiera tener que fingir con aspavientos melodramáticos, todo dentro de la más absoluta naturalidad inglesa. Pero dentro de esa apariencia hay toda una tormenta que acaba con suicidios, muertes y locura. Lo peor…, contemplar la destrucción del ser humano por dentro. La insoportable infelicidad. El daño incalculable que se provocan los personajes. El canibalismo feroz que practican solo porque se consideran invadidos o traicionados, a su vez, por el otro. Todo parece inevitable. El sentimiento, la pasión, las ideas, la tradición, consumen hasta devorar el alma humana. Y al final, en los que sobreviven: el cansancio, la rendición. Todo eso en gente que lo tiene todo, y que sin embargo, es incapaz de encajar las piezas de su vida correctamente.
Es un libro serio, además de original. La historia no está contada en modo lineal. Salta en el tiempo constantemente. No importa nada saber el final. Vuelve atrás en el tiempo y encuentras nuevos datos y vuelve a saltar y te queda la curiosidad, el suspense intacto. Creo que Ford debió ser de los pioneros en utilizar ese artificio en la literatura, aunque no hay nada nuevo bajo el sol, seguro que otro habrá antes, siempre hay otro antes. El narrador es uno de los personajes. El más inconsciente de lo que ocurre. Él, durante el tiempo real en que transcurre la historia, solo ve “gente bien”, todo perfecto. Tan así parecía. Sin embargo en esos continuos saltos adelante y atrás y mientras va escribiendo la historia él ya conoce muchos datos y entonces es cuando empieza a atar cabos, cuando todo empieza a casar con precisión y a pesar de eso…, la duda. Me ha parecido muy interesante su punto de vista, como lo cuenta. Esto es malo, o quizás no. Esto parece ser así, a todas luces, pero habría que tener en cuenta que… El punto de vista del narrador también parece cambiar, al ser personaje y al ir adquiriendo datos, y comprensión e incomprensión con ellos. Los juicios de valor sobre las personas, sobre los actos, están difusos, es la eterna duda. Así queda todo para el lector, juzguen ustedes, parece decir. Siento que he leído una muy buena novela.
Un solo trozo, ya pasado el ecuador de la novela:
Llamo a este relato la Historia Más Triste, en lugar de <<La tragedia de Ashburnham>>, precisamente porque fue muy triste, precisamente porque no hubo un flujo que arrastrara las cosas hacia un rápido e inevitable fin. No hay en ella nada de la exaltación que acompaña a la tragedia; no existen némesis ni destino. Había dos personas nobles –porque estoy convencido de que tanto Edward como Leonora eran esencialmente nobles--, había, por tanto, dos personas esencialmente nobles, dejándose llevar sin rumbo por la vida, como brulotes flotando en una laguna y causando calamidades, angustia, desesperación y muerte, mientras ellos mismos se deterioran sin remisión. ¿Y por qué? ¿Con qué fin? ¿Para dar qué lección? Todo es oscuridad.
Saludos

