Desgracia - Capítulos 13 - 16

Espacio destinado al debate y análisis de la presente lectura.

Desgracia - Capítulos 13 - 16

Notapor Lucas » Jue Jun 30, 2011 9:56 am

Desgracia - Coetzee
Capítulos 13 - 16
Para ti soy un ateo, para dios soy la leal oposición. (Woddy Allen)

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Lucas
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Entre panorámico y absurdo, pero ante todo, conmovedor

Notapor pablom » Jue Jun 30, 2011 12:15 pm

Trampa

Coetzee aborda un tema, plantea algo sobre el mismo y ahí es donde aparece nuestra costumbre de juzgar. Al rato el autor nos muestra que habría que considerar otro punto de vista, en virtud del cual cambiamos momentáneamente de opinión. Pero ello solamente hasta que Coetzee nos ayuda a damos cuenta de que es muy difícil emitir un juicio sobre cosa alguna.
Así, por ejemplo, Petrus codicia las tierras de Lucy, aún después de lo que le pasó. Pero es que hasta resulta entendible que Petrus piense así; primero porque ya han sido relegados por suficiente tiempo los negros en Sudáfrica y segundo porque Lucy no es una auténtica granjera sino solamente una “entusiasta de la vida en el campo”. Pero Petrus no tiene derecho a decidir por los demás; pero Lucy le debe mucho de lo que ha logrado a Petrus; pero Petrus también le debe a Lucy; y así...

Y genial, una vez más, el panorámico enfoque de Lurie/Coetzee:
“La auténtica verdad, según sospecha, es algo mucho más ... antropológico...” (en lugar de algo simple). Ello en cuanto a la relación entre Petrus y los sucesos de aquel día...


Mundo nuevo, resentimientos viejos

David Lurie está indignado por el silencio que guarda Petrus sobre lo que pasó con ellos, lo que pasó con Lucy. Querría “hacerlo cantar”. Todos querríamos que Petrus “cante”. Si es que sabe algo. Y sinó que al menos se defienda.
Petrus tendrá el “derecho de ir y venir como le plazca” pero Lurie podría hacerlo cantar; debería hacerlo cantar; es muy difícil no pensar así, sobretodo presos de la indignación (ante el ultraje); o presos de la costumbre (ante el derecho que tienen los policías de las series norteamericanas a utilizar cualquier método para lograr una confesión); pero en este nuevo mundo, a veces al menos, ya no son suficientes las sospechas para azotar a un esclavo.
“Viven en un mundo nuevo, él y Lucy y Petrus. Petrus lo sabe, y él lo sabe, y Petrus sabe que él lo sabe.”

Pero el resentimiento no es patrimonio de ningún color; es propio de la raza humana.

Por eso, “Incluso Ettinger, con sus armas y su alambre de espino y sus sistemas de alarma, tiene los días contados. Si a Lucy le queda un mínimo de sentido común, renunciará antes de que caiga sobre ella un destino peor que la muerte.”
Y ello en tanto blanca, en tanto mujer. Y para colmo autosuficiente y homosexual. Un mar de prejuicios. Una guerra de resentimientos.
“Como una mancha, la historia se extiende por toda la provincia. No es la historia de Lucy la que se extiende, sino la de ellos: ellos son sus dueños. Así la han puesto en su sitio, así le han enseñado para qué sirve una mujer.”


Designios

El múltiple fondo de Lucy me tiene descolocado. En principio quedó mucho más afectada de lo que creíamos en los comentarios anteriores; el pulgar en la boca, el no querer ni tocar la carne, el olor a rancio... son realmente imágenes muy fuertes… Pero a su vez parece tener una sola cosa clara; hará lo que sea necesario para permanecer en el lugar que quiere haciendo lo que quiere. De hecho su padre, ve lo siguiente:
"Está ahí, vive ahí porque ama la tierra y esa manera de vivir a la antigua, l’indliche. Si esa forma de vida está condenada, ¿qué le quedará, qué podrá amar?"
Y Lurie, a pesar de todo, también parece tener una sola cosa clara, al menos por ahora: quedarse a acompañarla:
"A pesar de los consejos de Bev, a pesar de las garantías de Petrus, a pesar de la obstinación de Lucy, no está preparado para abandonar a su hija. Es aquí donde vive en la actualidad: en esta época, en este lugar."


¿Sensibilidad, empatía y/o absurdo?

El día después. El comienzo del fin:
“Los acontecimientos del día anterior lo han sacudido hasta lo más profundo de su ser. El temblor, la flojera son únicamente los primeros signos, los más superficiales, de la conmoción. Tiene la sensación de que, en su interior, algún órgano vital ha sufrido una magulladura, un abuso. Tal vez incluso sea el corazón. Por vez primera prueba a qué sabe el hecho de ser un viejo, estar cansado hasta los huesos, no tener esperanzas, carecer de deseos, ser indiferente al futuro.”

Después Lurie se conmueve ante la situación de las ovejas; parece hacer causa común con cualquier ser cercano a la muerte.

Y al final asistimos a uno de los relatos más conmovedores que he visto últimamente (y no precisamente porque me gusten los perros…):

"Había pensado que terminaría por acostumbrarse, pero no es eso lo que sucede. A cuantas más matanzas asiste, mayor es su tembleque."

"Los peores son los que lo olfatean y tratan de lamerle la mano. Nunca le han gustado esos lametones, y su primer impulso es el de alejarse. ¿Por qué fingir que es un camarada, cuando en realidad es un asesino? Sin embargo, se ablanda. Un animal sobre el cual pende la sombra de la muerte, ¿por qué iba a sentir que se aparta como si su tacto fuese una aberración? Por eso les deja lamer su mano si quieren..."

Así, sensibilizado, llega al punto de tomarse el trabajo de llevar por una noche los perros muertos a la granja, de hacer él mismo las labores propias de los empleados de la incineradora...
"En su primer lunes dejó que ellos se ocuparan de la incineración. Por el rigor mortis, los cuerpos estaban tiesos a la mañana siguiente. Las patas se enredaron en las barras del carrito, y cuando este regresó de su corto viaje al horno el perro a menudo también volvía, renegrido y sonriente..."
Y todo para evitarles una supuesta deshonra post-mortem a los perros...

Ahora bien,
"¿Por qué ha asumido ese trabajo? ¿Para aliviar la carga que sobrelleva Bev Shaw? Para eso bastaría con descargar las bolsas y largarse. ¿Por los perros? Los perros están muertos, ¿y qué sabrán en todo caso los perros del honor y el deshonor?
Entonces, será que lo ha asumido por sí mismo. Por la idea que tiene del mundo, un mundo en el que los hombres no emplean palas para golpear cadáveres y darles una forma más conveniente para su posterior procesamiento."


¿Qué idea del mundo tiene entonces David Lurie?
Esto ya se me hace demasiado complejo.
Aunque me hace pensar que yo también a veces me convierto en el Tribunal de Lurie…

Sobre lo que sigue, no puedo no transcribirlo completo:

"Curioso que un hombre tan egoísta como él vaya a ofrecerse al servicio de los perros muertos. Ha de haber otras formas, formas harto más productivas de entregarse al mundo, o a una idea determinada del mundo. Por ejemplo, podría trabajar más horas en la clínica. Podría intentar persuadir a los niños de la incineradora de que no se atiborren de veneno. Incluso pasar más tiempo y dedicar más energía al libreto de Byron podría interpretarse, si no quedara más remedio, como un legítimo servicio a la humanidad."
"Pero hay otras personas que se ocupan de estas cosas: el asunto del bienestar de los animales, el asunto de la rehabilitación social, incluso el asunto de Byron. Él salva el honor de los cadáveres porque no hay nadie tan idiota como para dedicarse a semejante asunto. En eso va convirtiéndose: en un estúpido, un bobo, un obstinado."

Magistral!

Y es que aquí recién es donde, para mi gusto por supuesto, se aclara un poco el panorama respecto de Lurie. Sucede que con su última reflexión se acerca al mejor Camus; nada menos que al hombre absurdo...

Saludos, pm.-
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Re: Desgracia - Capítulos 13 - 16

Notapor dean » Jue Jun 30, 2011 5:30 pm

Pues es verdad, Pablo, Coetzee nos zarandea de un punto de vista a otro y sin que nos demos cuenta. Ni siquiera había reparado en ello, de lo fácilmente que me dejo engañar.

Bueno, hay párrafos en los que había coincido con Pablo en subrayar. Ahí me siento acompañado yo.

Primero, sensaciones harto conocidas haciendo mella en Lorie, me gusta como están expresadas.

Tal vez incluso sea el corazón. Por vez primera prueba a qué sabe el hecho de ser un viejo, estar cansado hasta los huesos, no tener esperanzas, carecer de deseos, ser indiferente al futuro. Medio derrumbado sobre una silla de plástico, en medio del pestazo que despiden las plumas de las gallinas y las manzanas medio podridas, entiende que su interés por el mundo se le escapa gota a gota. Tal vez sean precisas semanas, tal vez meses, hasta que se desangre y se quede seco del todo, pero no le cabe duda de que se desangra. Cuando haya terminado será como el despojo de una mosca prendido en una telaraña, quebradizo al tacto, más ligero que una cascarilla de arroz, listo para salir volando con un soplo de aire.

Y casi a continuación:

La sangre de la vida abandona su cuerpo y es reemplazada por la desesperación, una desesperación que es como el gas, inodora, incolora, insípida, caren¬te de nutrientes. Uno la respira y las extremidades se le relajan, todo deja de importar incluso en el momento en que el acero te roce el cuello.

Entonces vuelvo sobre lo que más me ha impactado, que son dos cosas que a mí se me aparecen hilvanadas gracias a la prosa de Coetzee:

La creciente empatía de Lourie y el remarcado contraste entre la vida en el campo, que este viene a describir como un paso atrás, y el progreso, que vendría a representado por él y su mundo urbano e intelectual.

Interesante lo que se pregunta Pablo al respecto de esa sensibilidad que va naciendo en David. Yo, en estos momentos y hasta que me ilumine otra teoría, me encuentro adscrito a la que dice, que nunca en la historia hemos poseído tanta empatía. Aunque aún diste mucho para que el mundo funcione a nuestro gusto, y no me refiero a nada particular, si no a una tendencia generalizada, lo cierto, es que somos mucho menos crueles que hace quince mil años, y nuestra empatía se ha fortalecido mucho. La sensibilidad para con los animales nunca ha sido tan abrumadora. No es para bajar la guardia, pero a mí personalmente me reconforta, me alimenta con un halo de esperanza. Y me parece curioso, porque los urbanitas vemos el campo, (repito por no se cuanta vez: ese paso atrás), como el paraíso al que regresar, pero es en esas invivibles ciudades donde creo yo, nace el poso al que hago referencia, puede que por echar de menos el edén perdido. Con todo lo sofisticado que es Lourie, resulta que me es más fácil entenderlo, que a Lucy o a Petrus. Pero él no es uno de tantos urbanitas que un día reciben la revelación y vuelven sus miradas atrás, al campo, lo suyo ha sido por casualidad, por desgracia, y sin embargo está recibiendo esa revelación, de distinta manera. Lucy y él son cristales diferentes ante los que la luz genera tonalidades también diferentes. El paraíso bucólico, resulta que está teñido de crueldad. Una crueldad, quizá muy natural y bla bla bla, pero es así, todo transcurre naturalmente, sin remordimientos, sin sentimientos de culpa ni nada pesado que arrastrar. Los urbanitas somos más blandos.

A ese respecto, Lucy me dejo pensando con este dialogo.

-No. Sigues interpretándome mal. La culpa y la salvación son abstracciones. Yo no actúo de acuerdo con meras abstracciones. Hasta que no hagas un esfuerzo para entenderlo, no puedo ayudarte.

Así veo yo a los humanos del pasado, nómadas, cazadores recolectores, como a gente extremadamente practica, depredadores que no se paraban demasiado a revolver sentimientos complejos y abstractos. Y ojo, no he bebido ni fumado nada aún.


Y para seguir afirmando mi teoría me apoyo también en Lourie y en el trato al ganado.

Es de suponer que les queda hasta el sábado por la mañana, un par de días. Parece una forma bien triste de consumir los dos últimos días de una vida. Son costumbres del campo: así llama Lucy a esas cosas. Él dispone de otras palabras: indiferencia, crueldad. Si el campo puede emitir su veredicto sobre la ciudad, también la ciudad puede enjuiciar al campo.

Lourie, para apuntalar su sensibilidad teóricamente, no duda en buscar un hueco para el alma en los animales irracionales. Enmendándole la plana al mismísimo Descartes.

En eso tendría que haber pensado Descartes. El alma, suspendida en la siniestra, amarga vejiga, a escondidas.

Soy consciente, sobre todo ahora después de leer a Pablo, de la trampa que pone Coetzee justificando uno y otro punto de vista. Y me encanta, de hecho suelo terminar siempre así mis propios combates y no pocas lecturas. Estoy dispuesto a cambiar de opinión las veces que haga falta, aunque me maree.

No entro en Sudáfrica y el eterno problema de: vosotros nos quitasteis algo y yo ahora me vengo y te quito a ti lo que me dé la gana. Me resulta insufrible…, e injusto.

Y me queda algo, que también me llamó la atención, sobre la supuesta (por las mujeres) incomprensión del hombre ante una violación, y que se puede extender a otras emociones se supone características de la mujer. Aquí ya me da más miedo entrar. Me hubiera gustado conocer las opiniones de alguna de nuestras amigas lectoras. ¿Puede una mujer entender, aunque no lo haya sufrido ella en sus carnes, mejor que un hombre en las mismas circunstancias?

No estabas delante. No sabes qué sucedió. Se queda desconcertado. ¿Dónde no estaba, según Bev Shaw, según Lucy?

Y es que a menudo se nos niega el maná de la sensibilidad, a no ser a algunos hombres extraordinarios y contados con los dedos de una mano. Lo he visto en muchas ocasiones y no estoy seguro de nada al respecto.

Me encantó el final del capítulo 16, que ya transcribe Pablo, aunque creo que yo no había reparado en una conexión tan extraordinaria con Camus y a lo mejor esto echa por tierra mis teorías sobre la empatía. Sucede que me gustaría ser un arqueólogo de las emociones, porque del pasado se aprende mucho.

Saludos

PD: Esta novela está muy, pero que muy bien.
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Re: Desgracia - Capítulos 13 - 16

Notapor pablom » Vie Jul 01, 2011 8:12 pm

Hola Dean.

No tengo dudas de que la empatía es la característica más marcada de David Lurie en esta parte del libro; sucede que al tema del hombre absurdo yo ya lo venía olfateando y ahora es como que lo vi más claramente; ahora bien, en realidad pienso que este tipo tan complejo que es Lurie, con una personalidad tan rica (no encuentro otra palabra), es capaz de albergar ambas cuestiones a la vez. O mejor aún, si miramos al Sísifo de Camus como a mí me gusta mirarlo, encontramos que el hombre absurdo no es un ser apático; es alguien que hasta puede ser bueno, por capricho, pero bueno al fin; es un ser que, después de aceptar el absurdo del mundo, es capaz de realizar nobles acciones, vivir gratos momentos; de hecho cada vez que releo “El mito...” le encuentro distintas connotaciones; es, por ejemplo, el libro que sembró en mí la semilla de un Kafka más esperanzador de lo que cree la mayoría.


Por lo demás, me gustaron mucho tus observaciones acerca de:

La revelación
“Pero él no es uno de tantos urbanitas que un día reciben la revelación y vuelven sus miradas atrás, al campo, lo suyo ha sido por casualidad, por desgracia, y sin embargo está recibiendo esa revelación, de distinta manera.”

Los grises del campo
“El paraíso bucólico, resulta que está teñido de crueldad.”

La naturalidad y simplicidad con la que la gente de campo se toma las cosas; las mismas que a nosotros (los urbanitas) nos parecerían terribles...


Y no sabés Dean (aunque creo que a esta altura, sí, ya lo sabés) lo fácil de convencer que resulto yo también; Spinoza, Deleuze, Satrte, Marx, con diferencia de días (y no de épocas de mi vida, que quede claro), y cada uno a su manera, me han convencido oportunamente.
Realmente me encantó tu frase “Estoy dispuesto a cambiar de opinión las veces que haga falta, aunque me maree.”


Finalmente quiero destacar este excelente planteo. Lamento que muy probablemente quedará sin respuesta:
“Me hubiera gustado conocer las opiniones de alguna de nuestras amigas lectoras. ¿Puede una mujer entender, aunque no lo haya sufrido ella en sus carnes, mejor que un hombre en las mismas circunstancias?”
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Re: Desgracia - Capítulos 13 - 16

Notapor dean » Sab Jul 02, 2011 6:37 am

Me gusta tu mirada del Sísifo de Camus.

encontramos que el hombre absurdo no es un ser apático; es alguien que hasta puede ser bueno, por capricho, pero bueno al fin; es un ser que, después de aceptar el absurdo del mundo, es capaz de realizar nobles acciones, vivir gratos momentos;


Arriesgándome a parecer presuntuoso, no solo me gusta esa mirada, sino que hasta me siento identificado. En mi descargo (por lo de la presunción) diré que pienso lo mismo de un gran número de personas.

Saludos
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