por dean » Jue Jun 30, 2011 5:30 pm
Pues es verdad, Pablo, Coetzee nos zarandea de un punto de vista a otro y sin que nos demos cuenta. Ni siquiera había reparado en ello, de lo fácilmente que me dejo engañar.
Bueno, hay párrafos en los que había coincido con Pablo en subrayar. Ahí me siento acompañado yo.
Primero, sensaciones harto conocidas haciendo mella en Lorie, me gusta como están expresadas.
Tal vez incluso sea el corazón. Por vez primera prueba a qué sabe el hecho de ser un viejo, estar cansado hasta los huesos, no tener esperanzas, carecer de deseos, ser indiferente al futuro. Medio derrumbado sobre una silla de plástico, en medio del pestazo que despiden las plumas de las gallinas y las manzanas medio podridas, entiende que su interés por el mundo se le escapa gota a gota. Tal vez sean precisas semanas, tal vez meses, hasta que se desangre y se quede seco del todo, pero no le cabe duda de que se desangra. Cuando haya terminado será como el despojo de una mosca prendido en una telaraña, quebradizo al tacto, más ligero que una cascarilla de arroz, listo para salir volando con un soplo de aire.
Y casi a continuación:
La sangre de la vida abandona su cuerpo y es reemplazada por la desesperación, una desesperación que es como el gas, inodora, incolora, insípida, caren¬te de nutrientes. Uno la respira y las extremidades se le relajan, todo deja de importar incluso en el momento en que el acero te roce el cuello.
Entonces vuelvo sobre lo que más me ha impactado, que son dos cosas que a mí se me aparecen hilvanadas gracias a la prosa de Coetzee:
La creciente empatía de Lourie y el remarcado contraste entre la vida en el campo, que este viene a describir como un paso atrás, y el progreso, que vendría a representado por él y su mundo urbano e intelectual.
Interesante lo que se pregunta Pablo al respecto de esa sensibilidad que va naciendo en David. Yo, en estos momentos y hasta que me ilumine otra teoría, me encuentro adscrito a la que dice, que nunca en la historia hemos poseído tanta empatía. Aunque aún diste mucho para que el mundo funcione a nuestro gusto, y no me refiero a nada particular, si no a una tendencia generalizada, lo cierto, es que somos mucho menos crueles que hace quince mil años, y nuestra empatía se ha fortalecido mucho. La sensibilidad para con los animales nunca ha sido tan abrumadora. No es para bajar la guardia, pero a mí personalmente me reconforta, me alimenta con un halo de esperanza. Y me parece curioso, porque los urbanitas vemos el campo, (repito por no se cuanta vez: ese paso atrás), como el paraíso al que regresar, pero es en esas invivibles ciudades donde creo yo, nace el poso al que hago referencia, puede que por echar de menos el edén perdido. Con todo lo sofisticado que es Lourie, resulta que me es más fácil entenderlo, que a Lucy o a Petrus. Pero él no es uno de tantos urbanitas que un día reciben la revelación y vuelven sus miradas atrás, al campo, lo suyo ha sido por casualidad, por desgracia, y sin embargo está recibiendo esa revelación, de distinta manera. Lucy y él son cristales diferentes ante los que la luz genera tonalidades también diferentes. El paraíso bucólico, resulta que está teñido de crueldad. Una crueldad, quizá muy natural y bla bla bla, pero es así, todo transcurre naturalmente, sin remordimientos, sin sentimientos de culpa ni nada pesado que arrastrar. Los urbanitas somos más blandos.
A ese respecto, Lucy me dejo pensando con este dialogo.
-No. Sigues interpretándome mal. La culpa y la salvación son abstracciones. Yo no actúo de acuerdo con meras abstracciones. Hasta que no hagas un esfuerzo para entenderlo, no puedo ayudarte.
Así veo yo a los humanos del pasado, nómadas, cazadores recolectores, como a gente extremadamente practica, depredadores que no se paraban demasiado a revolver sentimientos complejos y abstractos. Y ojo, no he bebido ni fumado nada aún.
Y para seguir afirmando mi teoría me apoyo también en Lourie y en el trato al ganado.
Es de suponer que les queda hasta el sábado por la mañana, un par de días. Parece una forma bien triste de consumir los dos últimos días de una vida. Son costumbres del campo: así llama Lucy a esas cosas. Él dispone de otras palabras: indiferencia, crueldad. Si el campo puede emitir su veredicto sobre la ciudad, también la ciudad puede enjuiciar al campo.
Lourie, para apuntalar su sensibilidad teóricamente, no duda en buscar un hueco para el alma en los animales irracionales. Enmendándole la plana al mismísimo Descartes.
En eso tendría que haber pensado Descartes. El alma, suspendida en la siniestra, amarga vejiga, a escondidas.
Soy consciente, sobre todo ahora después de leer a Pablo, de la trampa que pone Coetzee justificando uno y otro punto de vista. Y me encanta, de hecho suelo terminar siempre así mis propios combates y no pocas lecturas. Estoy dispuesto a cambiar de opinión las veces que haga falta, aunque me maree.
No entro en Sudáfrica y el eterno problema de: vosotros nos quitasteis algo y yo ahora me vengo y te quito a ti lo que me dé la gana. Me resulta insufrible…, e injusto.
Y me queda algo, que también me llamó la atención, sobre la supuesta (por las mujeres) incomprensión del hombre ante una violación, y que se puede extender a otras emociones se supone características de la mujer. Aquí ya me da más miedo entrar. Me hubiera gustado conocer las opiniones de alguna de nuestras amigas lectoras. ¿Puede una mujer entender, aunque no lo haya sufrido ella en sus carnes, mejor que un hombre en las mismas circunstancias?
No estabas delante. No sabes qué sucedió. Se queda desconcertado. ¿Dónde no estaba, según Bev Shaw, según Lucy?
Y es que a menudo se nos niega el maná de la sensibilidad, a no ser a algunos hombres extraordinarios y contados con los dedos de una mano. Lo he visto en muchas ocasiones y no estoy seguro de nada al respecto.
Me encantó el final del capítulo 16, que ya transcribe Pablo, aunque creo que yo no había reparado en una conexión tan extraordinaria con Camus y a lo mejor esto echa por tierra mis teorías sobre la empatía. Sucede que me gustaría ser un arqueólogo de las emociones, porque del pasado se aprende mucho.
Saludos
PD: Esta novela está muy, pero que muy bien.
"No puedo hacer frente a mis miedos, me da miedo". (Bob Esponja)
Mis lecturas:
Un artista del mundo flotante - Kazuo Ishiguro