Me cuesta comentar algo que no sea novela, pero allá voy.
Un libro, por supuesto muy recomendable a todos los amantes de los perros. Para mí está claro, que es la mascota preferida del autor, pero hay más. El gato dispone de un capitulo, además de salir en plan dibujos animados en los restantes. También salen, ocas, grajillos, cuervos, tortugas, monos, lémures, etc. Pero son personajes secundarios. Los lobos, los chacales y los dingos tienen una importancia capital. ¿Os queréis creer que no sabía, con refutación científica, que además de los lobos que pusieron su simiente en algunas razas de perros, las mayoritarias son descendientes de los chacales, y que los dingos, son divididos, según teorías, en perros salvajes o, como cree Lorenz, en perros domésticos convertidos en salvajes? Siempre había oído, véase mi ignorancia, que los perros venían del lobo, y a mí me extrañaba mucho, por diferentes circunstancias. Ahora lo veo todo más claro. El principio del libro, imaginando como ocurrió el encuentro entre perro y hombre, o lo que es lo mismo, cuando el perro se convirtió en perro y dejó de ser chacal, es alucinante. De la manera en que está narrado, le compro todo el material ipso facto.
Luego da muchas pistas, o llámense consejos oportunos, a la hora de encarar nuestra relación con los perros, o incluso a la hora de adquirir uno. Es fascinante y bello. Y me encantó en especial cuando se dedica a fustigar sin misericordia a los criadores de perros, sobre todo a los que se dedican a los concursos y a crear y degenerar razas. Me he sentido reconfortado, pues yo siempre lo vi así, con su defensa a los perros impuros, aquí en España se les llama despectivamente chuchos, frente a los grandes ejemplares de raza, muy poderosos físicamente e incapaces emocional y psicológicamente.
Las numerosas anécdotas, o ejemplos, con sus mascotas, son muy divertidas e instructivas.
Bueno, que me ha gustado mucho, que os lo recomiendo. He aprendido la palabra etólogo, y que este hombre es un premio Nobel. No digo que sea un dato que sirva de mucho, pero adorna. Y pienso conseguir en cuanto pueda su, “Hablaba con las bestias, los peces y los pájaros”.
Y para muestra solo pongo un trocito del prólogo.
Al no establecer distingo fundamental entre el animal y el hombre, Lorenz, moviéndose, al principio, a lo largo de la línea marcada por Darwin, llega, después, a conclusiones a menudo revolucionarias o, cuando menos, sorprendentes respecto al hombre. Con un convencimiento que conmueve y aterra a un mismo tiempo, nos confiesa que se resiste a ver en el hombre de hoy (en nosotros) la imagen definitiva de Dios. Él ha descubierto allá en lontananza, un ser humano, hijo del hombre, limpio de todos esos impulsos groseros (los instintos) que mueven a éste y le emparentan de cerca con el animal, y, de repente, el investigador se convierte en profeta, y el profeta proclama a los cuatro vientos con voz firme su mensaje apocalíptico y esperanzador: “Nosotros somos el eslabón perdido (el missing link), tanto tiempo buscado, entre el animal y el hombre auténticamente humano”.
Saludos


