por Lucas » Jue Ago 11, 2011 11:06 pm
Me gusta lo que promete la novela con el primer capítulo. Se destaca, tal como menciona Jenofonte, que es una profunda crítica hacia el régimen que imperaba en Rusia por esos tiempos. Es indudable, ya que el autor menciona la palabra proletario unas cinco veces (a no ser que sea otro de los trucos del traductor). Por eso creo que va a ser difícil no tener en cuenta la alegoría.
Lo interesante es que es una crítica original. Bulgakov se despacha a través de la mirada de un perro de nombre Bola. Se combina la vida de Bola con la situación de la época y surge una crítica no sólo al régimen sino también al hombre en general y el trato a los animales.
Ya sobre el texto en particular, me gusta la relación que hace Bola entre los olores y los lugares, o los momentos del día.
A mediodía tuve derecho a mi ración de agua hirviendo; ahora es casi de noche, deben ser las cuatro de la tarde, a juzgar por el olor a cebolla que viene del cuartel de bomberos de la Prechistienka.
Además me causó bastante gracia cuando se menciona el ensañamiento hacia los perros de barrenderos y porteros. La definición que hace Bola de estos últimos (Descuartizadores con librea de botones dorados), es muy graciosa.
En un principio me llamó poderosamente la atención la insistencia del autor respecto al tema de la alimentación. Entre el kacha, el salchichon y demás. Haciendo referencia a que ni Bola siendo un perro, comería ese tipo de comida. Luego leo el comentario de Dean y comprendo por donde va Bulgakov con el tema. Poder de observación bastante pobre el mio.
Según veo, la mención tan destacada de Filip Filipovich es otro palo para el régimen comunista. Las diferencias en la sociedad seguían existiendo y bien marcadas. Al menos así lo entiendo en la diferenciación entre ciudadanos y camaradas que hace Bola. Es para destacar la forma en que el perro se percata de que Filip es un "ciudadano".
¿Creen que lo reconozco por el abrigo? Absurdo. Hoy en día muchos proletarios usan abrigo. Por supuesto, el cuello no es igual, pero de lejos uno se puede equivocar. Mientras que si se confía en los ojos, ya sea de cerca o de lejos, resulta imposible equivocarse. Los ojos son lo más importante que existe: algo así como un barómetro. Descubren al que tiene el corazón endurecido, que por cualquier insignificancia es capaz de plantarle a uno la punta de su zapato en las costillas, y al que le teme a todo el mundo: a esta clase de lacayos, resulta un verdadero placer morderles la pantorrilla... ¿Tienes miedo? Toma, agarra esto. Ya que tienes miedo, te lo mereces... Grrr-grrr... ¡Uauu! ¡Uauu!
Y luego la relación entre el miedo, el hambre y la posición en el partido.
Se aproxima. Se ve que come hasta hartarse, que no roba ni pega puntapiés, y también que no teme a nadie; y si no tiene miedo, es porque jamás tiene hambre. Este señor es un trabajador intelectual; usa barba en punta bien recortada y bigote entrecano y abundante como el de un altivo caballero francés, pero a través de la tempestad se desprende de él un olor desagradable. Un olor de hospital. Y de cigarro.
Esto nuevamente me lleva al comentario de Dean y a mi anterior cuestionamiento.
Para terminar, esto que menciona nuestro amigo canino sobre el amante de la dactilógrafa y sus despilfarros monetarios me parece bastante bien.
Llegó mi hora: soy Presidente y todo cuanto puedo robar es para mujeres, langosta y buen vino. Pasé bastante hambre cuando era joven; ahora me llegó el turno... Y la vida del más allá no existe.
Veremos como sigue la historia de Bola en la segunda parte.
Saludos...
Para ti soy un ateo, para dios soy la leal oposición. (Woddy Allen)
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