En 1967 el escritor Alexandr Solzhenitsin intentaba que la revista Noviy Mir publicara su novela "Pabellón de cancerosos" a través de su director Alexandr Trifónovich Tvardovski.
En una reunión previa Tvardovski había dicho, entre otras cosas (entre paréntesis el pensamiento de Solzhenitsyn):
—Bueno, nos acaloramos, los dos dijimos cosas de mas. Pero eso fue, vaya, una conversación; la revista no se lo ha rechazado.
(«Vaya, una conversación», con la que estuvieron a punto de terminar todas nuestras relaciones...)
—Ahora todo el consejo de redacción està de acuerdo en editar Pabellón de càncer entero. Divergencias con el autor tendremos para pàgina y media o dos, no vale la pena ni mencionarlo...
(¿Pàgina y media o dos? Recuerdo que estuvieron tachando capltulos enteros, personajes enteros...
Posteriormente, de una reunión en la revista que trató de nuevo el tema, Solzhenitsin recuerda:
[Tvardovski] Sólo se puso a rogarme que «suprima la paginita de las metàstasis»: por lo visto està era la «pagina y media o dos» a discutir. Él creia recordar (se lo habìa apuntado alguno de la redacción, seguramente Deméntìev antes de marcharse), que hay allí un largo razonamiento sobre que los campos de concentración han cubierto el paìs como metàstasis (¡como si yo, para decir eso, necesitara una pàgina entera!) Es muy difìcil liberar a Alexandr Trifónovich de una primera impresión errònea. Le aseguré que no hay tal pàgina, él no se lo creia. Le enseñé un pàrrafo donde habìa una frase por el estilo, bueno, puedo tacharla, de acuerdo. ¡ No, en alguna parte hay una pàgina ! En éstas, se deslizó por la puerta el pequeno Kondratóvìch y se puso ràpidamente a escarbar por entre las pàginas con la nariz: ¡ debe tenerlo Shulubin, Shulubin ! Recorrì delante de ellos las pàginas en que salìa Shulubin, y aun se las daba a ver a Kondratóvich, como a un amigo, sìn suponer que me fuera a dar un mordisco en la pantorrilla. Pero le brillaron los ojos — ya no eran sus ojos, sino los ojos postizos, cambiados, de la censura, y la narìz tampoco era suya, sino provista de las papilas olfativas de la censura— y firme y alegremente me pegó el bocado:
—¡Ahi! ¡Ahi!
—¿ Dónde?
—Ahi:
¡ En todas partes es el hombre
traidor, tirano o prislonero !
—¿Y eso es lo de las metàstasis?
—Es igual que lo de las metàstasis. ¡ Peor todavia!
No cuento todo esto por Kondratóvich, lo cuento por la revista y por Tvardovski, el destrozado y asustado Tvardovski atendió la advertencia de Kondratóvich:
—¿Resulta que lo que se dijo de la Rusia de Nicolas I se refiere a nosotros...?
—De la Rusia de Nicolàs I no, sino de Inglaterra, que pensaba entregar al decembrista Turguéniev.
Sea por vergùenza de no conocer el motivo de los versos de Pushkin, sea, en general, por haber puesto la mano sobre Pushkin, Alexandr Trifónovich se avino:
—Bueno, quite solamente la frase en que Kostoglótov está de acuerdo.
Eso era su habitual espera aplastada: aparte de lo que digan de la obra entera, aún han de prever de que renglón cortarán una tira,la tira la atarán a un látigo,ycon el látigo les citarán en mitad de la cara.
Para tranquilidad de Alexandr Trifónovich también quité esta frase.
Es muy difícil entender como funcionan los procesos mentales de un censor, en este caso la interpretación texto en que Shulybin cita los versos de Pushkin es terriblemente retorcida, espantosamente irracional.

