La novela es argentina y rara, fue publicada en 1969 y sucede principalmente durante la denominada "década infame" (1930 a 1943).
Pocas veces me había costando tanto escribir diez o veinte líneas sobre algo que leí.
Solo diré que:
1.- Me he encariñado mucho con los personajes; son de esos que se extrañan varios días después de acabado el libro.
2.- Bajo la apariencia de un folletín y por ende de algo "liviano" (en teoría), se desarrolla una sólida novela.
3.- Si bien Puig tiene la "delicadeza" de escribir en cursiva el pensamiento que acompaña a lo que se dice durante ciertos diálogos (por ejemplo la excelente "escena" de los higos), la mezcla de sensaciones y palabras me recuerda a lo poco que he leído de Woolf y Joyce.
4.- Me quedo con la sensación de que la novela está llena de guiños a convencionalismos no solo de la Sociedad sino también de la literatura, pero que me llevaría años desentrañar y explicar convenientente.
5.- Una sucesión de cartas, descripciones de fotografías, hojas de agendas, el "informe" resultante de un baile, expedientes policiales, crónicas con horarios precisos, confesiones (de las dos, a la policía y a un cura), es decir de "formas literarias" poco convencionales, nos obliga a armar la novela recién en nuestra mente. Una buena parte son informes aparentemente neutros de lo ocurrido (o pensado, o deseado), pero que en el contexto en el que van apareciendo bien pueden arrancarnos una sonrisa o, casi sin darnos cuenta, sumergirnos en un hondo dramatismo; creo que ese contraste está muy bien logrado.
6.- Algo que también es importante en la novela: el modelo imperante en la época, provieniente de lo que dice la gente, del cine y los radioteatros, en donde las cosas eran blancas o negras y las prescripciones para cada estrato social muy claras:
"Pensó en los consejos de la patrona. Según ésta las sirvientas no debían dejarse acompañar por la calle ni bailar más de una pieza en las romerías populares con muchachos de otra clase social. Debían descartar ante todo a los estudiantes, a los empleados de banco, a los viajantes, a los propietarios de comercio y a los empleados de tienda. Se sabía que la costumbre de ellos era noviar con chicas de familia —«haciéndose los santitos, Raba»—, para después en la oscuridad tratar de seducir a las sirvientas, las más vulnerables a causa de su ignorancia."
Modelo que el tiempo se encarga de desarmar.
7.- En cierta manera creo que el máximo "protagonismo" lo tiene la descripción de toda la hipocresía de la que puede ser capaz el ser humano; también están el rencor, las apariencias, el poder de las habladurías, pero por sobre todas las cosas me llama la atención lo siguiente:
Quizás propio de una época, al protagonista masculino (el "buen mozo" de Juan Carlos) se le perdona absolutamente todo lo que de las mujeres dependa. Cada una de las que lo amado (y que él se encargó de "usar" oportunamente), y sobretodo después de muerto de tuberculosis, no solo lo justifica sino que lo añora como un ser cuasi perfecto.
Por ejemplo, la oración de su madre:
"...escuchame Dios mío querido, que yo te voy a rezar hasta que me muera, y a la Santísima Madre de Dios, Virgen María adorada, que sabe la pena de perder a un hijo joven, y mi hijo no era un santo como el tuyo, Madre de Jesús, pero no era malo, yo siempre le dije que fuera más a misa, que comulgara, y lo peor es que era tan... chiquilín, lo que él quería era divertirse siempre, ir con las chicas, ellas tienen más la culpa que él, Virgen Santa, nosotras dos somos mujeres y no podemos condenar a un muchacho porque sea así, los hombres son así ¿no es la verdad? son las malas mujeres las que tienen la culpa... "
P/D: Y como me he quedado con ganas de más, en principio me gustaría ver la película (1974); estuve viendo algunas escenas en YouTube y la verdad es que además de los buenos actores elegidos para la ocasión, el guión (escrito por el propio Puig) parece ceñirse como pocas veces he visto al libro original.


